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    ¿Soy solo yo o se avecina una tormenta? Si eres una de los 39 millones personas que viven con migrañas, es muy probable que un dolor de cabeza intenso comience cuando el clima cambia.

    No estás solo. Estudios revelan que entre el 30 y el 50% de las personas con migrañas identifican algún tipo de cambio climático como desencadenante, lo que lo convierte en la causa más común de migraña.

    Sin embargo, también es uno de los más desconcertantes al ser parte de algunas personas que son más sensibles al clima

    Como neurólogo y especialista en cefaleas que ejerce en Colorado, un lugar con frecuentes cambios climáticos, mis pacientes a menudo me dicen que el clima es uno de los principales desencadenantes de sus migrañas. Esto puede interrumpir el trabajo, la escuela y los planes sociales, y generar una sensación de impotencia.

    Los médicos aún no comprenden del todo por qué algunos cerebros son más sensibles a los cambios ambientales.

    Lo que sí sabemos es que las personas con migrañas tienen sistemas nerviosos especialmente sensibles y que ciertos cambios ambientales, como los cambios en la presión atmosférica, la temperatura, la humedad y la calidad del aire, pueden activar vías en el cerebro que provocan dolor.

    Principales maneras en que el clima puede desencadenar migrañas

    Los desencadenantes meteorológicos pueden variar de una persona a otra, pero existen algunos culpables comunes de la migraña:

    Los cambios en la presión barométrica, o cambios en la presión atmosférica, se encuentran entre los desencadenantes más citados, pues cuando se aproxima un sistema tormentoso, la presión atmosférica disminuye. Algunos científicos creen que este cambio puede afectar la presión dentro de la cabeza o la forma en que los vasos sanguíneos del cerebro se dilatan y contraen.

    Una teoría sostiene que los cambios en la presión barométrica pueden causar un pequeño desequilibrio en la presión entre el interior del cráneo y el ambiente exterior. Esto podría estimular directamente los nervios sensibles al dolor en la cabeza, desencadenando la inflamación y el inicio de una migraña.

    Otros señalan la inflamación, la forma en que el cerebro procesa la información sensorial y los cambios en los niveles de serotonina, que desempeñan un papel clave en la activación de la migraña.

    Las temperaturas extremas, con días muy calurosos o muy fríos, o los cambios repentinos de temperatura, pueden alterar el equilibrio interno del cuerpo. La humedad alta o los cambios bruscos en los niveles de humedad pueden tener un efecto similar.

    Los contaminantes del aire, como el ozono y el dióxido de nitrógeno, pueden causar inflamación en los nervios que intervienen en las migrañas.

    La luz solar intensa también puede ser especialmente molesta, probablemente debido a una mayor sensibilidad a la luz y a un sistema de procesamiento visual hiperactivo en el cerebro.

    Los rayos y los vientos fuertes también pueden estar relacionados con los ataques de migraña en ciertas personas.

    En resumen, los cambios climáticos pueden actuar como factores estresantes en un cerebro que ya está programado para ser más sensible. Los desencadenantes y las respuestas exactas varían de una persona a otra, pero las investigaciones sugieren que la interacción entre el clima y nuestra biología desempeña un papel importante en un subgrupo de pacientes con migrañas.

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    Medidas que puede tomar para reducir el dolor

    No puede cambiar el clima, pero puede ser proactivo. Aquí tienes algunos consejos para que tu rutina contra la migraña sea resistente al clima:

    Registra tus migrañas y consulta el pronóstico: Usa un diario o una aplicación para migrañas para registrar cuándo ocurren los ataques y las condiciones climáticas. Pueden surgir patrones, como ataques un día antes de la lluvia o durante cambios de temperatura, que te permitirán ajustar tu horario o plan de medicación.

    Desarrolla hábitos saludables de alimentación, sueño y ejercicio: La deshidratación, la falta de sueño y saltarse comidas pueden agravar los efectos de los factores climáticos, por lo que mantener tu cuerpo en equilibrio ayuda a reducir la vulnerabilidad. El ejercicio regular y una dieta saludable también pueden ayudar.

    Crea un entorno propicio para la migraña: En los días con sol intenso o alta humedad, quédate en casa. Las gafas de sol, los antifaces o incluso las gafas con filtro de luz azul pueden ser útiles. Algunas personas descubren que ciertos tapones para los oídos pueden reducir los cambios de presión en el oído medio.

    Prueba la meditación, las técnicas de atención plena o la biorretroalimentación, que enseñan a las personas a moderar sus respuestas fisiológicas, como las musculares y la respiración. Estas estrategias pueden ayudar a que su sistema nervioso se vuelva menos reactivo con el tiempo, lo cual puede ser especialmente útil al lidiar con desencadenantes incontrolables como el clima.

    Considere un tratamiento previo: Si sabe que una tormenta podría desencadenar sus migrañas, puede tener a mano medicamentos de rescate o incluso automedicarse de forma preventiva durante fenómenos meteorológicos.

    Considere un tratamiento preventivo: Si el clima le provoca migrañas frecuentes, consulte con su profesional de la salud sobre tratamientos preventivos (medicamentos, suplementos o dispositivos de neuromodulación) que pueden usarse regularmente para reducir la incidencia de las migrañas.

    El panorama general

    Es importante recordar que, si bien el clima puede ser un desencadenante, rara vez es el único. La migraña suele ser el resultado de una combinación perfecta de factores: susceptibilidad genética, hormonas, estrés, sueño, alimentación y, sí, el clima.

    Por eso, identificar tus desencadenantes personales y elaborar un plan, si es necesario, con el apoyo de un profesional médico, puede marcar una gran diferencia en el manejo de las migrañas.

    La migraña relacionada con el clima puede ser uno de los desencadenantes más frustrantes, ya que parece estar completamente fuera de tu control. Sin embargo, con conocimiento, seguimiento y las estrategias de tratamiento adecuadas, puedes recuperar la sensación de control.

    *Danielle Wilhour es Profesora adjunta de Neurología en el Campus Médico Anschutz de la Universidad de Colorado.

    Este texto fue publicado originalmente en The Conversation

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