Chihuahua en otoño

El México que no conoces, un otoño de ensueño en Chihuahua

Un viaje de otoño a Chihuahua donde arqueología, alfarería y paisajes multicolor se entrelazan en un escenario inolvidable.

El otoño en el hemisferio norte nos invita a la introspección. Es una época del año en la que los rayos del sol no son tan directos y el clima en el desierto se torna más amable; empieza la época de cosecha y los días se acortan para ofrecer un escenario único y explorado por pocos, sobre todo por aquellos que gozan la naturaleza y sus hermosos contrastes.

En vísperas de esta temporada, especialmente en un año en que el verano nos ha traído abundantes lluvias, la región arqueológica de la cultura Paquimé ubicada al noroeste de Chihuahua, ofrece una fabulosa paleta de colores que van desde los amarillos hasta los rojos intensos, junto a los arroyos afluentes al rio Casas Grandes. 

Es recomendable un recorrido por las zonas donde los antiguos pobladores de Chihuahua, utilizaron cavidades para construir sus viviendas, “cave dwelings”. Los distintos tipos de árboles, en preparación para perder su follaje, colorean el paisaje de una zona que concentra el mayor patrimonio arqueológico del norte de México y que en menos de un mes, la magia del otoño desplegará todo su esplendor y envolverá el escenario en paisajes de fábula.

Paquimé, sitio arqueológico protegido por UNESCO reconocido como Patrimonio de la Humanidad; está en el corazón del Pueblo Mágico de Casas Grandes. Forma parte de la ruta arqueológica en donde también se ubica la Cueva de la Olla, que, de acuerdo a información publicada por el INAH, es el sitio arqueológico más antiguo de Mesoamérica, ubicada precisamente en los alrededores del Valle de las Cuevas, por donde se pinta el paisaje de otoño con colores maravillosos.

A Casas Grandes y Paquimé se llega por carretera desde Ciudad Juárez, la mejor frontera de México. Un viaje de aproximadamente 2 horas y media, y desde Chihuahua Capital, se viaja por los llanos y la zona de ranchos ganaderos, hacia el norte para Ojo Laguna para tomar la desviación hacia Casas Grandes-Paquimé. 

Al llegar al sitio, es recomendable recorrer primero el Museo de las Culturas del Norte para que, por medio de la excelente museografía, se tenga el contexto de lo que se va a apreciar al recorrer la zona.  En el museo se encuentran tanto la maqueta que recrea la ciudad en su época de mayor esplendor, como muestras de cerámica, actividad en la que eran grandes maestros. Apreciaban enormemente las coloridas plumas de guacamayas, que habían logrado reproducir, en habitaciones donde recreaban el clima cálido y húmedo del trópico. 

En 1565 el Gobernador y Capitán General de la Nueva Vizcaya Don Francisco de Ibarra, al reseñar la antigua ciudad que se encontró durante su recorrido colonizador, expresó que Paquimé, por su trazo, parecía haber sido urbanizada por romanos. 

A solo media hora de Casas Grandes se encuentra Mata Ortiz, un pueblo de alfareros, único en el norte de México. Aquí la tradición la reinició hace 65 años Juan Quezada Celado QEPD, un joven a quien le llamó la atención la alfarería que se había fabricado en la antigua ciudad de Paquimé. 

Por casi dos siglos no hubo nadie que intentara retomar el oficio, Quezada fue tan generoso que compartió sus descubrimientos con todo el que quiso aprender, a grado tal que, 300 familias del pueblo viven actualmente de crear piezas únicas, decoradas con exquisitos diseños con un nicho de mercado de alta gama para los mercados internacionales. La creatividad de los artistas de tercera generación ya está logrando galardones y primeros lugares en los concursos nacionales de alfarería.

Siguiendo en la búsqueda de los paisajes otoñales, el camino nos llevará a la zona  del Valle de las Cuevas, motivo principal de este viaje de otoño, aunque también recomendamos conocer Colonia Juárez y Colonia Dublán, pueblos fundados por mormones quienes emigraron a este rincón de México, por ofrecer México total libertad de culto a todos sus habitantes. En los campos mormones, el otoño también viste de colores los campos y las huertas. 

Siguiendo por la zona de transición hacia la Sierra Madre, rumbo al Willis, encontraremos el Valle de las Cuevas, una zona de cuevas con casas en acantilados (cave dwelings) que albergan milenarias construcciones de tierra, custodiadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Resaltamos en especial una de las cuevas que no solo contiene restos de viviendas, sino también un gigantesco granero en forma de olla, por el cual el sitio recibe el nombre de Cueva de la Olla. 

En otoño, en estos amplios valles, irrigados por los afluentes del rio Piedras Verdes, los arces, álamos y robles, dan la nota de color.  Sus hojas empezarán a cambiar el verde por rojos, amarillos y magentas. La vista es sencillamente espectacular, el paisaje cambia muy rápidamente, por lo que hay que estar atentos en cuanto inicie este milagro de la naturaleza. 

Casas Grandes, Paquimé, Mata Ortiz, y la Cueva de la Olla, son una visita imperdible en Chihuahua, el México que no conoces.

Foto: Cortesía Ah, Chihuahua.
Foto: Cortesía Ah, Chihuahua.

Paquimé

La antigua ciudad de Paquimé fungió como el más importante centro de trueque entre las tribus de los pueblos originarios habitantes del norte del continente, hoy Estados Unidos de Norteamérica y Mesoamérica.  

Las etapas tempranas de Paquimé datan del año 600 de nuestra era, con viviendas semisubterráneas, mientras que, en su florecimiento, (1250-1450), llegó a tener edificios de hasta 7 pisos, un sistema de agua corriente dentro de las viviendas y una asombrosa urbanización.  

Paisaje de otoño en Paquimé / Foto: Cortesía Ah, Chihuahua.
Paisaje de otoño en Paquimé / Foto: Cortesía Ah, Chihuahua.

Las Casas Acantilado

Ubicadas a poco más de 70 kilómetros de Casas Grandes que se cubren en poco más de una hora, al pie de la sierra madre, existe esta zona con incontables abrigos rocosos, los nativos construyeron sus viviendas dentro de las cavidades, que sirvieron de protección. 

Para darse una idea de la antigüedad de la presencia humana en este rincón del continente, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, encontró evidencia de ocupación humana en la Cueva de la Olla desde hace 5,500 años, que lo convierte en el sitio más antiguo de Mesoamérica.  

Foto: Cortesía Ah, Chihuahua.
Foto: Cortesía Ah, Chihuahua.

Mata Ortiz, Pueblo de alfareros

A solo media hora de Casas Grandes nos encontraremos con un pequeño pueblo de alfareros, por siglos se dejó de elaborar en esta parte de México alfarería, hasta que Juan Quezada Celado, en sus constantes recorridos por los cerros se encontraba con restos de ollas decoradas y le nació la inspiración de los antiguos para trabajar el barro. El inició a prueba y error a elaborar sin ningún tipo de herramienta, ollas muy feas (según él mismo expresaba), y lo que al principio fue un pasatiempo, en menos de medio siglo se convirtió en arte, le brindó prestigio a nivel nacional e internacional, obtuvo incluso el Premio Nacional de Ciencias y Artes y dejó una huella imborrable en su pueblo al que ubicó en el mapa artístico de la alfarería fina.  

Su viaje a Mata Ortiz le asombrará al presenciar el nivel de exquisitez que han logrado los alumnos de Don Juan (1940-2022) en la fabricación de piezas de extraordinaria belleza, reinterpretando los diseños y la noble profesión del alfarero. 

Cada pieza es única, no hay producción en serie, a diferencia de la cerámica que se produce en el sur de México, ésta es elaborada totalmente a mano, el barro proviene de los cerros cercanos, la pintura es de origen vegetal o mineral y se utilizan cabellos de niños para elaborar los pinceles con los que trazan las finas líneas del diseño. La cerámica que se fabricó en Paquimé por siglos tuvo fines utilitarios mientras que las piezas que se elaboran en Mata Ortiz tienen solamente fines decorativos.  

Maestro alfarero / Foto: Cortesía Ah, Chihuahua.
Maestro alfarero / Foto: Cortesía Ah, Chihuahua.

Viajar por estos pueblos viejos en otoño, le permitirán descubrir la paz y el orgullo de los locales por llevar en sus hombros, el reto de continuar honrando la memoria de los antiguos pobladores con su arte. 

En tiempos muy recientes se inició la siembra de vid y ya está dando sus frutos, los viñedos organizan sus vendimias y ofrecen hospedaje, experiencias de cenas-maridaje y degustaciones previa reservación. Los visitantes son altamente valorados, el pueblo mágico ofrece servicios de hospedaje con atención personalizada en pequeños hoteles boutique como el Hotel Las Guacamayas, La Casa de los Vientos, la Posada de Amparo, el Hotel Pueblo del Soul, y la Casa del Nopal; para experiencias en cata de vinos en viñedos está el Victoria, el Turbina y el Casa Elica. 

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