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    Mente maestra, película que estrenó en México en el Festival Internacional de Cine de Morelia antes de su paso en salas y de su llegada a la plataforma de streaming Mubi, es una historia cargada de ironía y humor negro que retoma el cine de género, en este caso el de los atracos, para subvertirlo de forma inesperada. Y es que la cineasta estadounidense Kelly Reichardt, con una nutrida y muy bien calificada filmografía en el cine independiente, ha hecho lo propio con el western, el thriller y las road movies en sus películas anteriores.

    En esta ocasión ubica su historia, que ella dirigió y escribió, en 1970, en un pequeño poblado de Nueva Inglaterra, donde el carpintero James Blaine Mooney (Josh O’Connor) reúne a un pequeño equipo para robar la galería local en la que se exhiben obras de Arthur Dove (considerado el primer pintor abstracto estadounidense).

    Aunque la inspiración de Kelly fue el famoso robo de pinturas de Gauguin ocurrido en 1972 en el Worcester Art Museum de Massachusetts, en el que Florian Monday mandó a un par de ladronzuelos a ejecutarlo, lo que en primera instancia atrajo su atención fue un artículo publicado por la Telegram & Gazette en 2022, durante el quincuagésimo aniversario de tal robo, que mostraba las fotografías de cuatro chicas de instituto que estaban en la galería durante el robo.

    “Eso me resultó muy intrigante y me sirvió como punto de partida –dice la cineasta en un encuentro virtual con medios internacionales ocurrido en el marco de la edición 56 del BFI London Film Festival–.  Al principio, pasé mucho tiempo escribiendo sobre estas cuatro chicas, pero luego el personaje de James tomó el control y se convirtió en una especie de seguimiento de un evento individual”.

    Contrario a sus personajes marginales, el de James “podría estar en el centro de la sociedad. Es decir, tiene todos los lujos de una familia de clase media. Es un hombre blanco, guapo, alto, tiene habilidad para la carpintería, pero no está contento allí. Y creo que tal vez ni siquiera sabe lo que quiere. Pero creo que se está rebelando contra su privilegio pero, al mismo tiempo, es bastante dependiente de su privilegio y está dispuesto a recurrir a él cuando sea necesario. Pero creo que puede ir por la vida con una sensación general de que las cosas saldrán bien para él, y creo que eso es diferente a los otros personajes con los que he trabajado en las otras películas”.

    Probablemente eso hace que el personaje parezca como si esperara que las cosas se solucionasen bajo su propio cauce. Y que la película se ubique precisamente en 1970 es porque, dice la cineasta, “es el final de los sesenta, todavía no son los setenta. Así que quería ambientarla en esta época turbia donde, ya sabes, los ideales de los sesenta no han funcionado realmente. Y entonces lo que viene a continuación, supongo, es la pregunta de qué sigue”.

    El personaje de JB, dice la cineasta, no se esfuerza mucho y más bien se encuentra rebasado por sus circunstancias. “Creo que mucha gente, probablemente como mis propios padres, se sorprendieron al tener hijos a una edad tan temprana. Y eso es lo que pasó. Como mi padre me dijo una vez: ‘Realmente no podíamos permitirnos tenerte’. Y yo seguía pensando en eso cuando pensaba en Mooney, en el estrés de ser joven y no saber quién eres ni qué quieres hacer, y de repente tienes una familia. Y él, siendo el hombre, simplemente explota. Él quiere perseguir otras cosas… y creo que la libertad de una persona, diré esto, puede ser costosa para quienes la rodean. Así que, cuando él busca su libertad personal, su libertad es la carga de otra persona”.

    Cine de género e independencia

    Kelly Reichardt, quien ha participado con sus filmes en las competencias oficiales de los festivales de Cannes, Berlín y Venecia, no intentó pensar demasiado en las convenciones del subgénero de atraco. “No pensé en qué se basa o en qué huellas tengo delante, y solo traté de concentrarme en este personaje, en este pueblo y en contar esta historia”. Consideró que el robo de Florian Monday, de pinturas de Gauguin y Rembrandt, era demasiado grande para su película.

    “Disfruté mucho escribiéndola. A medida que se me ocurría, me metí un poco en los detalles porque, en una película de género, ya sabes, el primer acto va a ser: todos los chicos salen de la cárcel, se reúnen y van a cometer un atraco más, solo uno más. Y es casi al final del segundo acto cuando ocurre el atraco. Pero lo puse al principio de la película, lo que me dejó con cierta incertidumbre sobre cómo se desarrollaría el resto. Pero con el tiempo, encontró su camino. Y eso también le sucede al personaje. Tiene un plan y lo sigue. Y luego tiene que improvisar la siguiente etapa de su vida porque ya no hay una hoja de ruta. Es un proceso de prueba y error, y algunos personajes me resultaron fáciles de encontrar, mientras que la estructura fue mucho más desafiante. Pero, bueno, en parte fue simplemente sobrescribir y luego extraer cosas. Es un proceso muy largo. Es difícil resumir cómo va todo, porque todo es un poco impredecible”.

    –¿Cree que hay más oportunidades para hacer cine independiente en la actualidad?

    –No lo sé. Ahora tengo más oportunidades que en los noventa, donde no había ninguna. O era una época imposible para que una mujer hiciera películas en Estados Unidos. Durante mucho tiempo, obviamente, la escena cinematográfica fue de chicos. Pero creo que, de esa manera, hacer cine es un poco más democrático porque ahora todo el mundo tiene una cámara. Pero aun así, el cine narrativo sigue siendo caro. Siempre hago cada película pensando, ya sabes, que tengo un trabajo de profesora. Y hago películas cuando no estoy enseñando. Y nunca dejaría mi trabajo de profesora porque cada vez que haces cine simplemente no puedes creer que lo hayas logrado. Y tienes la sensación de que quizás sea la última película que hagas, y te sientes muy afortunado, y es increíble que todas estas personas con las que colaboras hayan podido vivir esta experiencia juntos. Y ahora Mubi financió esta película y me dejó editarla sin molestarme en absoluto. Y en un mundo de franquicias cinematográficas, cuánto tiempo se mantendrá abierta esa ventana ha sido la pregunta de toda mi vida como cineasta. Siempre parece el fin del cine independiente. Y de alguna manera, no lo sé. Toco madera. He tenido una buena racha de poder hacer estas cosas. Ya sabes, hice una película sobre un tipo que roba leche (el antiwestern First Cow, de 2017) o alguien con una cerámica rota o un pájaro herido (estupenda Showing Up de 2022) y parece increíble que haya sucedido. Así que, ya sabes, mantengo mi trabajo de profesora. Me gusta mucho dar clases en Bard College (universidad liberal de artes al norte de Nueva York), pero no lo haría todo a la vez. Pero estamos deseando hacer más cine independiente.

    Música y motivaciones

    –La música es estupenda. ¿Qué le pediste a Rob Mazurek (artista multidisciplinario, compositor y “abstractivista”) para la banda sonora?

    –La verdad es que fue una experiencia muy agradable, porque estaba demasiado ocupado. Usé algunas de sus composiciones de Chicago Underground (dúo de jazz avant-garde que fundó con el percusionista Chad Taylor), una antigua banda suya. Usé algunas de sus canciones como música para dar el tempo, y no encajaban del todo con mi película, ya sabes, con mis escenas, pero la actitud y la onda eran las adecuadas. Así que conocí a Rob, y empezó a componer para la película. Fue un proceso largo. Por primera vez trabajé con un editor musical y aprendí muchísimo. Y Rob fue muy generoso. Y realmente añadimos una nueva capa a la edición que yo no había visto antes, ya sabes, si no eres editor musical y estás intentando cortar free jazz, es… demasiado… Estaba destrozando a Chicago Underground. Así que fue agradable cuando empezó a resurgir mientras él componía para la película. Me sentí muy afortunada de que todo eso sucediera.

    –El título en sí es, obviamente, bastante irónico. Pero más allá de lo obvio, ¿cómo esperas que lo tomen los espectadores?

    –Supongo que me gustaría dejarlo un poco ambiguo y que cada uno sienta lo que sienta al respecto sin, ya sabes, definirlo para nadie. Creo que hay diferentes maneras de interpretarlo. Si le preguntas a Josh O’Connor, él todavía se cree el cerebro, y es una gran idea.

    –¿Qué te motiva a seguir contando historias?

    –Bueno, mi vida real, para ser sincera, es muy aburrida. Así que, cuando hago una película, reúno a un grupo de mis personas favoritas para intentar trabajar en algo y descubrir algo. Además, al trabajar con John Raymond, el guionista con el que trabajo a menudo, no es simplemente desenfocarme. No quiero centrarme solo en las noticias del día. Quiero involucrarme, quiero despertar y tener algo en lo que trabajar que me dé una perspectiva diferente para ver el mundo. Me gustaría que todo el proceso, desde la escritura y las diferentes etapas de realización y edición de una película, siempre estés montando algo, desmontándolo, volviéndolo a montar, remodelándolo, montándolo y desmontándolo. Creo que me hace mejor profesor, no mejor que alguien más, sino mejor de lo que sería si no estuviera haciendo películas. Y porque creo que de igual manera enseñar ayuda a mi cine porque, ya sabes, estás constantemente deconstruyendo películas con tus estudiantes y hablando de por qué las cosas funcionan y qué no funciona. Y entonces, quiero decir, es una respuesta un poco floja, pero quiero despertar y tener algo que hacer y algo en qué pensar. Y supongo que lo es y luego cuando estás en la sala de edición y ves que tus primeras ideas funcionan, y a veces no, entonces eso también es una gran recompensa. Todo es un poco egoísta.

    *Javier Pérez hace reportaje, crónica y entrevista, así como crítica de cine y cobertura de temas culturales. Dirige ForoFoco. Nadie quiere acompañarlo al cine: no para de comer palomitas ni de hablar de otra cosa.

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