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A los 43 años, Alejandro Manzo dejó una trayectoria de más de veinte años en empresas corporativas para fundar MITH (Make IT Happen), una firma mexicana especializada en centros de datos y conectividad. La empresa crece bajo una idea simple: decirle al cliente “cómo sí se puede” y respaldarlo con ejecución.
En un entorno donde una interrupción operativa de minutos puede traducirse en pérdidas económicas, afectaciones reputacionales o incumplimientos regulatorios, MITH se diseñó para sostener altos niveles de disponibilidad digital. Lo hace mediante esquemas de conectividad con redundancia y acceso a centros de datos de primer nivel, con un modelo que busca resolver uno de los principales puntos de fricción del sector: la escala.
La compañía compra capacidad en volumen y la asigna según las necesidades de cada cliente. Esto le permite ofrecer condiciones más favorables y una coordinación más simple que contratar cada componente por separado, en un mercado que suele privilegiar a los grandes compradores.
Manzo es ingeniero en sistemas electrónicos por el Tecnológico de Monterrey. Comenzó a trabajar antes de graduarse, en funciones operativas: soporte, atención a emergencias, movimiento de equipos y administración de sistemas críticos. Esa experiencia marcó su visión. La infraestructura se contrata por confianza y se sostiene por capacidad de respuesta.
Con el tiempo, su carrera evolucionó hacia posiciones de mayor alcance. Se certificó como Project Management Professional y se integró a KIO Networks, donde permaneció 16 años en un recorrido que lo llevó de la ejecución a la gestión y, posteriormente, a un rol ejecutivo comercial. En ese trayecto entendió que, en la etapa posventa, el cliente no solo compra capacidad técnica, sino continuidad y claridad.
Ese aprendizaje cobró mayor relevancia cuando el mercado comenzó a reorganizarse alrededor de los grandes volúmenes de consumo derivados de la nube. Mientras los proveedores ajustaban sus modelos para atender a hiperescaladores, un segmento intermedio empezó a recibir menos atención: empresas con arquitecturas híbridas, requerimientos de continuidad y demandas de energía moderadas, pero con necesidades críticas.
“Un cliente tradicional puede empezar con 5 kilovatios; un hiperescalador puede pedir más de 1,000 kW. La diferencia no es solo técnica, es estratégica. Cuando llegan compras de ese tamaño, el resto del mercado corre el riesgo de quedarse fuera del foco”, explica Manzo.
Con ese contexto, y respaldado por su trayectoria, decidió emprender.
Desde 2023, MITH opera en dos líneas principales. La primera es conectividad con esquemas redundantes orientados a asegurar continuidad operativa. La segunda abarca servicios vinculados a centros de datos: desde la selección de proveedores hasta la contratación y gestión de capacidad, ajustados a cada caso.
La empresa concentra el riesgo contractual y la relación con proveedores, con el objetivo de reducir fricción y acelerar la atención en situaciones sensibles al tiempo. En lugar de imponer una sola alternativa, las recomendaciones se construyen a partir de lo que el negocio prioriza: ubicación, certificaciones, presupuesto, cercanía operativa o niveles de redundancia.
“Es como rentar un edificio completo y luego subarrendarlo en partes. Eso permite negociar como un cliente grande, trasladar mejores precios y responder más rápido”, señala Manzo.
Este modelo se refleja también en la operación diaria. MITH estructuró sus procesos para atender incidentes de forma inmediata, dar seguimiento continuo y mantener comunicación constante durante la resolución. En infraestructura crítica, la velocidad y la claridad son parte del servicio.
El sector financiero ha sido uno de los espacios donde esta propuesta se ha puesto a prueba. Para las empresas que buscan integrarse al Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI), los estándares de seguridad, arquitectura y continuidad son elevados. Frente a esquemas fragmentados, MITH desarrolló “SPEI in a Box”, una solución que integra infraestructura certificada, conectividad, redundancias y soporte operativo bajo lineamientos regulatorios.
Al centralizar coordinación e infraestructura, el modelo busca reducir tiempos, evitar reprocesos y disminuir riesgos. Esta capacidad de ejecución ha influido en el posicionamiento de la empresa dentro del ecosistema financiero y en su siguiente etapa.
En la hoja de ruta de MITH, el crecimiento es una prioridad, pero con control. La empresa se prepara para fortalecer procesos, equipo y operaciones antes de acelerar. La intención es evitar un error común: vender más rápido de lo que se puede operar.
La apuesta es escalar sin perder consistencia, sostener estándares de servicio y mantener la cercanía con el cliente que hoy distingue a la firma.
MITH entiende la infraestructura como una responsabilidad operativa. El valor, más que prometerse, se construye todos los días.










