En México, miles de personas enfrentan barreras para acceder a productos financieros formales. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF 2024), apenas 37% de la población cuenta con un crédito formal, una cifra que deja a una mayoría fuera del sistema. Muchas de esas personas tienen el compromiso de cumplir con sus pagos cada mes, pero no tienen forma de demostrarlo con los criterios tradicionales.
El problema se vuelve un círculo difícil de romper, pues sin acceso a financiamiento es complicado construir un historial crediticio y, sin historial, las puertas del crédito permanecen cerradas. Es justo en ese punto donde Francisco de Hoyos, Director General de Mexicash, ubica el centro del debate.
“Durante años, el historial crediticio ha sido uno de los principales criterios para acceder al financiamiento, pero hay personas que cumplen con sus compromisos y simplemente no cuentan con suficiente información registrada para ser evaluadas mediante esquemas tradicionales. La inclusión financiera también implica generar oportunidades para que más personas construyan ese historial de manera responsable y transparente”, señala el directivo.
A finales de 2025, el Consejo Nacional de Inclusión Financiera presentó la Política Nacional de Inclusión Financiera 2025-2030, una estrategia que busca impulsar el ahorro formal y reducir la dependencia de los esquemas informales. De Hoyos considera que esas políticas necesitan aliados en el sector privado dispuestos a actuar con responsabilidad, y ahí ve un papel claro para los diferentes tipos de fintechs.
La tecnología como puente
A través de procesos digitales y modelos de evaluación complementarios, las empresas de tecnología financiera pueden mirar a la persona desde otros ángulos y abrir alternativas para quienes el esquema tradicional pasaba por alto. Para De Hoyos, sin embargo, incrementar la aceptación no puede confundirse con relajar los criterios.
“Ampliar el acceso al crédito no significa empujar a nadie a endeudarse más de lo que puede asumir. Significa diseñar productos comprensibles, evaluar con seriedad y acompañar a cada usuario con información clara. La tecnología nos sirve para incluir mejor, no para incluir a cualquier costo”, afirma.
Mexicash opera mediante una plataforma completamente digital, con soluciones de créditos escalables que van desde los $1,000 hasta los $50,000 pesos, aprobaciones automáticas 24/7, transferencia en 5 minutos, esquemas de pago quincenales y plazos flexibles. El proceso incorpora distintos criterios de evaluación para facilitar el acceso de forma ágil, priorizando la claridad sobre costos, condiciones y compromisos de pago.

Sin transparencia no hay inclusión
La confianza se ha convertido en uno de los elementos más sensibles del ecosistema financiero digital. Alrededor de uno de cada diez usuarios ha reportado algún problema con productos del sector, un dato que, para De Hoyos, marca una tarea pendiente para toda la industria.
“El acceso financiero debe ir acompañado de información clara. Cuando las personas conocen desde el inicio las condiciones de un producto, los plazos, los costos y sus responsabilidades, pueden tomar mejores decisiones y construir una relación más saludable con los servicios financieros”, agrega.
Esa claridad, sin tarifas ocultas, con términos explícitos y datos protegidos es, según el directivo, la frontera que separa una inclusión real de una que solo lo parece. No se construye confianza ofreciendo crédito en la letra grande y escondiendo las condiciones en la letra pequeña.
El potencial detrás de cada solicitud
A medida que el ecosistema fintech madura en México, el desafío será seguir ampliando el acceso a herramientas formales sin sacrificar la transparencia, la seguridad ni la confianza de quienes las usan. De Hoyos resume así el cambio de mirada que, a su juicio, debería guiar al sector.
“Detrás de cada solicitud no hay un riesgo a evitar, sino una persona con una necesidad legítima y con el potencial de construir su propio historial. Acompañar ese proceso, con reglas claras y respeto, es devolverle al crédito su sentido original, ser una herramienta para avanzar”.