La salud del suelo, la ciencia aplicada y la colaboración entre productores, empresas y centros de investigación comienzan a redefinir la forma en que se construye una cadena agroalimentaria más resiliente.
Grupo Bimbo, líder global en panificación con operaciones en 39 países, ha decidido colocar esa transformación en el centro de su estrategia agrícola. Al cierre de 2025, la compañía reportó más de 500 mil hectáreas de cultivo bajo prácticas de agricultura regenerativa, un crecimiento cercano al 73% respecto a las más de 290 mil hectáreas registradas un año antes. El objetivo forma parte de un compromiso de largo plazo: que para 2050 el 100% de sus ingredientes clave, entre ellos trigo y maíz, provengan de tierras cultivadas bajo prácticas de agricultura regenerativa.
La estrategia se desarrolla sobre tres pilares: mejorar la salud del suelo, fortalecer la biodiversidad y los ecosistemas, y acompañar a las comunidades productoras en su transición hacia prácticas agrícolas más resilientes. Para avanzar en esa dirección, la compañía trabaja junto con agricultores, proveedores, molineros y centros especializados como el CIMMYT, una organización internacional que impulsa la ciencia para una agricultura más sostenible a nivel global.
La colaboración responde a una transformación más amplia dentro del sector agroalimentario. Durante décadas, la productividad agrícola estuvo asociada principalmente al rendimiento por hectárea. Hoy, esa conversación incorpora nuevas variables. La degradación de los suelos, la presión sobre los recursos naturales y un clima cada vez más impredecible han colocado a la agricultura frente al reto de producir alimentos con sistemas capaces de sostenerse en el largo plazo.
En ese contexto, la innovación ha dejado de limitarse al desarrollo de semillas, maquinaria o insumos. Su alcance comienza en el conocimiento que llega al campo y en la capacidad de traducir la investigación científica en prácticas que fortalezcan la productividad, reduzcan riesgos y acompañen la evolución de toda la cadena de valor.

“La salud del suelo hoy es un tema estratégico porque determina nuestra capacidad de producir alimentos en un contexto climático cada vez más extremo”, explica Jelle Van Loon, representante regional de CIMMYT para América Latina y director asociado del Programa de Sistemas Agroalimentarios Sostenibles. “Cuando un suelo mantiene su equilibrio biológico puede almacenar más agua, aprovechar mejor los nutrientes y ayudar a que los cultivos resistan condiciones climáticas cada vez más variables”.
La importancia de este enfoque responde también a una realidad preocupante. En América Latina, alrededor del 27% de la superficie presenta algún grado de degradación, mientras que cerca del 16% está directamente asociado con actividades humanas, de acuerdo con informes regionales de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). En este sentido, la pérdida gradual de materia orgánica, biodiversidad y capacidad para retener agua reduce la productividad agrícola y vuelve más vulnerables a cultivos estratégicos como el maíz y el trigo.
Para Van Loon, regenerar el suelo significa fortalecer la capacidad del sistema agroalimentario para responder a un entorno cada vez más desafiante.
“Cuando hablamos de regenerar los suelos pensamos en sistemas que producen mejor, utilizan de manera más eficiente el agua, capturan carbono y permiten que los agricultores enfrenten con mayor éxito un clima cada vez más incierto. La salud del suelo es, en ese sentido, la salud de todo el sistema agroalimentario”.

Ciencia que llega al campo mexicano
Uno de los principales retos de la agricultura regenerativa consiste en trasladar el conocimiento científico a las condiciones reales de producción. Ese proceso requiere adaptar tecnologías, acompañar a los productores y medir resultados de manera constante para validar qué prácticas generan beneficios en cada región.
“Nuestro trabajo es convertir el conocimiento científico en soluciones que funcionen en las condiciones reales del campo. Acompañamos a los productores para identificar qué prácticas, tecnologías y decisiones son más adecuadas para cada sistema productivo, porque no existe una receta única para todos”, señala Van Loon.
Desde la perspectiva del organismo, la colaboración con empresas permite acelerar esa transición al crear incentivos que fortalecen tanto la productividad como la permanencia de los productores dentro de cadenas de suministro de largo plazo.
“Las empresas tienen metas claras de sustentabilidad, pero alcanzarlas implica acompañar técnicamente a quienes producen sus materias primas. La adopción de nuevas prácticas requiere tiempo, capacitación y evidencia de que generan mejores resultados tanto para el productor como para toda la cadena”.
La alianza entre Grupo Bimbo y CIMMYT ya refleja algunos resultados en México. De acuerdo con el organismo, el trabajo desarrollado con productores de trigo y maíz ha contribuido a mejorar rendimientos, elevar la calidad del grano y fortalecer la competitividad de quienes participan en estos programas, generando beneficios que alcanzan tanto al productor como al resto de la cadena de abastecimiento.
Más allá del impacto en una temporada agrícola, el objetivo consiste en construir un modelo capaz de responder a los desafíos que enfrentará la producción de alimentos durante las próximas décadas. Para Grupo Bimbo, esa visión forma parte de una estrategia integral que busca fortalecer el origen de sus ingredientes mediante innovación, colaboración y prácticas regenerativas que contribuyan a la resiliencia de toda la cadena de valor.
Para Van Loon, ese desafío rebasa a cualquier organización y requiere una visión compartida entre todos los actores involucrados.
“La salud del suelo debe convertirse en una prioridad para gobiernos, empresas y consumidores. La calidad de nuestros alimentos comienza mucho antes de llegar al supermercado; empieza con un suelo sano. Protegerlo significa preservar nuestra capacidad de producir alimentos para las próximas generaciones”.
