Hace apenas una década, un ingeniero español decidió que el campo no podía seguir al margen de la revolución tecnológica. “El mundo ya ha cambiado, y sectores como la agricultura van a marcar la diferencia posicionando o reposicionando a países enteros”, afirma Ignacio Schmölling, presidente y fundador de Grupo Bolschare, convencido de que la innovación será la palanca que defina el futuro de la economía agroalimentaria.
Desde su sede en España y Portugal, el grupo ha escalado hasta convertirse en un holding multidisciplinario con presencia en los sectores agrícola, energético y biomédico, y un enfoque corporativo que sitúa los criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) en el centro del modelo de negocio.
La historia de Bolschare comenzó en el entorno rural, atendiendo a pequeños agricultores con el propósito de hacer la producción más eficiente y respetuosa con el medio ambiente. La apuesta por la tecnología disruptiva le condujo al grupo empresarial a crear Arima, una herramienta predictiva y personalizada capaz de monitorear fincas en tiempo real, registrar datos meteorológicos y de suelo, planificar cultivos y programar actividades productivas según los objetivos del terreno. Este nivel de medición ha redefinido el concepto de gestión agrícola al permitir certificar y monetizar la sostenibilidad.
“Buscamos convertir sectores clave como la agricultura, la energía o la medicina en motores de cambio, logrando que rentabilidad y responsabilidad vayan de la mano para generar un impacto positivo en la sociedad, que inspire y proteja a las personas”, explica Schmölling.
La tecnología desarrollada por el grupo no se limita a optimizar la productividad: ha sido certificada por AENOR como la primera en el mercado europeo y latinoamericano capaz de determinar el impacto completo, directo e indirecto, de las emisiones de CO₂. Esa validación le ha abierto las puertas a colaboraciones con gobiernos y fondos de inversión interesados en aplicar su plataforma sobre más de 22 millones de hectáreas, posicionando a Bolschare como un referente en la medición y monetización de los activos sostenibles.

La fórmula: datos, certificación y monetización
Este modelo de gestión de precisión también ha inspirado la diversificación de la compañía hacia otras áreas estratégicas. En energía, Bolschare desarrolla proyectos de autoconsumo, plantas fotovoltaicas y de biometano, contribuyendo a la reducción de emisiones y a la consolidación de una economía circular. En el sector biomédico, el grupo impulsa proyectos de medicina personalizada y programas de inserción sociolaboral para personas con discapacidad, además de iniciativas que promueven el alto rendimiento deportivo.
La sinergia entre estos tres ejes —campo, energía y salud— responde a una filosofía de gestión integral que se apoya en cuatro pilares: la administración de activos para grandes grupos y fondos de inversión; la comercialización alimentaria a través de Gi&Go; la investigación aplicada del BLab Research Center, y finalmente, un compromiso social orientado a la inclusión productiva.
En el plano internacional, Bolschare se ha convertido en una de las voces más escuchadas de la agricultura inteligente. En diciembre de 2024, Schmölling presentó Arima en el World Agri-Tech Innovation Summit de Dubái, posicionando al grupo como pionero en la digitalización del campo a escala global. Desde entonces, su visión se ha ampliado hacia América Latina, una región que considera clave en la transición del sector agroindustrial hacia la sostenibilidad medible.
El propio Schmölling acaba de encabezar una misión comercial en México, donde Bolschare evalúa oportunidades de inversión con el foco puesto en Yucatán. “Estamos analizando opciones para expandir nuestra propuesta de valor en América Latina a través de países como México”, señala el empresario, quien ve en el país un entorno propicio para escalar su modelo de gestión tecnológica y sostenible.
El ejecutivo enfatiza que la meta no es solo conquistar nuevos mercados, sino reposicionar la agricultura como un motor de desarrollo nacional. “Nos hemos marcado como prioridad ser el referente internacional en el desarrollo responsable de los sectores agrícola, energético y médico”, comenta. En su visión, el futuro del agronegocio depende de la capacidad de los países para integrar tecnología, transparencia y propósito.
Ingeniero de formación, Schmölling comenzó su trayectoria profesional gestionando obras de infraestructura para la principal constructora de España y para la administración pública. Esa experiencia técnica se trasladó a la filosofía de su empresa: control, precisión y sostenibilidad como fundamentos de rentabilidad. Lo que empezó como un proyecto familiar se ha convertido en un grupo que opera en los cinco continentes, con una estructura capaz de atender tanto a fondos de inversión globales como a gobiernos interesados en elevar sus estándares de gestión agrícola.
La proyección de Bolschare se sostiene en un principio simple, pero contundente: solo lo que se mide se puede mejorar, y solo lo que se certifica se puede monetizar. Bajo esa lógica, el grupo ha logrado articular un modelo de crecimiento que combina propósito y rentabilidad, y que ofrece a los inversionistas una narrativa clara en tiempos donde los criterios ESG son ya requisito y no diferenciador.
“El mundo exige hoy soluciones que integren tecnología y sostenibilidad. Nosotros creemos que el campo puede ser el motor de esa transformación”, concluye Schmölling. Con esa convicción, Bolschare prepara su desembarco en México, buscando llevar al terreno latinoamericano una revolución que ya está redefiniendo el valor económico —y medioambiental— del campo ibérico.