México recibió un récord de 64,745 millones de dólares en remesas durante 2024, según datos del Banco de México — la cifra más alta en la historia del país, distribuida en 13.7 millones de operaciones con un monto promedio de 393 dólares. Estados Unidos concentró el 96.6 por ciento de esos flujos, con casi la mitad proveniente de California y Texas. Más del 99 por ciento de las transferencias llegaron por vía electrónica.
Sin embargo, ese récord podría haber marcado un punto de inflexión. Durante los primeros nueve meses de 2025, las remesas cayeron 5.5 por ciento interanual, acumulando seis meses consecutivos de contracción. BBVA Research proyectó que el año cerraría cerca de 61,000 millones de dólares — un descenso de aproximadamente seis por ciento respecto del máximo.
Para México, donde las remesas representan una fuente fundamental de ingreso familiar y de divisas, el cambio pone de relieve una pregunta más amplia que aplica en toda América Latina: ¿qué tan bien sirve la infraestructura de pagos transfronterizos de la región a las empresas y personas que dependen de ella?
El problema de costos no se ha resuelto
El G20 estableció metas en 2020 para hacer los pagos transfronterizos más rápidos, baratos y transparentes, con fecha límite en 2027. El informe de avance 2025 del Consejo de Estabilidad Financiera concluyó que es improbable que esas metas se cumplan en su totalidad. Solo alrededor de un tercio de los pagos transfronterizos minoristas se acreditan en menos de una hora a nivel global, y el costo promedio de las transferencias de persona a persona se ubica en 2.5 por ciento — muy por encima de la meta de uno por ciento para pagos minoristas.
Los márgenes cambiarios representan más de la mitad del costo total de las transferencias transfronterizas minoristas, según el Consejo de Estabilidad Financiera. Para las empresas que operan en corredores latinoamericanos, donde la volatilidad cambiaria agrega otra capa de complejidad, estos costos no son teóricos. Afectan la fijación de precios, el flujo de caja y la capacidad de competir en mercados con márgenes de por sí ajustados.
Los datos más recientes del Banco Mundial muestran que las remesas globales alcanzaron 905,000 millones de dólares en 2024, con un crecimiento de 4.6 por ciento interanual. América Latina y el Caribe registraron un aumento de casi 11 por ciento en el primer trimestre de 2025 — aunque esa cifra excluye a México, que arrastró el promedio regional a la baja.
La infraestructura de pagos en México: avanzada pero desigual
La columna vertebral de pagos domésticos de México es una de las más sólidas de la región. SPEI, el sistema de transferencias interbancarias del banco central, procesó 5,400 millones de operaciones en 2024, equivalentes a aproximadamente 219 billones de pesos en transferencias de usuario final — más de seis veces el PIB del país. El sistema opera a través de 84 participantes directos y liquida prácticamente en tiempo real.
Pero la infraestructura que soporta la actividad transfronteriza no ha avanzado al mismo ritmo que el sistema doméstico. CoDi, la iniciativa de pagos digitales construida sobre SPEI, ha tenido dificultades de adopción, registrando apenas 307,000 transferencias en 2024, una caída de 18 por ciento interanual. Los flujos de pagos transfronterizos siguen dependiendo en gran medida de relaciones de banca corresponsal que implican costos más altos y menor transparencia que los rieles domésticos.
El sector fintech mexicano, que superó las 800 empresas en 2024 según el Finnovista Fintech Radar, se enfoca cada vez más en esa brecha. Entre las fintechs de pagos y remesas, el 45 por ciento procesó más de 30 millones de dólares en volumen durante 2024, con proyecciones que sugieren que esa proporción llegará al 76 por ciento para 2027. La ley fintech del país recibió su más reciente reforma a finales de 2025, con disposiciones secundarias de la CNBV vigentes desde enero de 2026.
Una oportunidad regional con barreras estructurales
La escala de la oportunidad en toda América Latina es considerable. El informe de Mastercard 2025 sobre pagos transfronterizos de pymes proyectó que los volúmenes transfronterizos de pequeñas y medianas empresas en la región se duplicarán de 700,000 millones de dólares en 2024 a 1.4 billones para 2030, con la participación fintech pasando de 25 a 37 por ciento.
El Banco Interamericano de Desarrollo proyecta que 2025 será el decimosexto año consecutivo de crecimiento de remesas para la región en su conjunto. Pero la infraestructura que transporta esos flujos sigue fragmentada. Diferentes regímenes regulatorios, múltiples monedas, interoperabilidad limitada entre sistemas de pago domésticos y estándares de transparencia inconsistentes continúan generando fricción para las empresas que comercian o pagan a través de fronteras.
Para las compañías que gestionan proveedores, nóminas o pagos de marketplace en múltiples mercados latinoamericanos, estos no son temas abstractos de política pública. Son costos operativos que afectan la velocidad de liquidación, la conciliación y la gestión de tesorería de manera cotidiana.
Inversión en infraestructura como respuesta
La respuesta de los proveedores de pagos ha sido construir redes que conecten sistemas de liquidación local en diferentes jurisdicciones, permitiendo que las transacciones transfronterizas se procesen a través de rieles domésticos donde sea posible. Este enfoque busca reducir la dependencia de canales de banca corresponsal tradicionales para pagos rutinarios, manteniendo el cumplimiento regulatorio en cada mercado.
Breinrock es un ejemplo de empresa de pagos que opera en este espacio, con infraestructura que soporta transacciones en moneda local en varios centros financieros. A medida que los volúmenes de pagos transfronterizos continúen creciendo en América Latina, la brecha entre lo que los sistemas domésticos pueden entregar y lo que la infraestructura transfronteriza ofrece en la actualidad probablemente seguirá siendo un foco central del sector fintech regional.
*”La información publicada se expone a título personal y no representa la opinión de Forbes México”.
