El silencio de Bad Bunny también es un espectáculo y, al mismo tiempo, un baile inolvidable. Y es que el público concentrado en el Estadio GNP de la Ciudad de México se apropia del espacio sonoro que rodea el último concierto de Benito Antonio Martínez Ocasio y, a través de un grito, o cantando el Himno Nacional Mexicano, un chiflido o un aplauso, danza con el cantautor puertorriqueño en su último concierto en la capital del país.
Una mujer que viste una playera blanca, lentes negros, con los espejos tatuados con el nombre del artista, sobre la gorra de beisbol en su cabeza, toma una estampita de “San Benito” entre sus manos y parece que se encomienda, en silencio, a los milagros musicales del conejo malo, quien salta al escenario con su traje claro: saco cruzado, corbata y unas gafas entintadas que ocultan la mirada del cantante. La banda Chuwi inicia con la evocación de su natal Puerto Rico y los 14 grados centígrados en el termómetro quedan atrás frente al calor de los ritmos del archipiélago caribeño. Son las 21 horas en el centro del país.
El público grita y la cámara de cartón cercana a sus corazones pinta de colores cada rincón de este estadio en la gira “DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour”, la cual cierra esta noche las 8 fechas previstas para México.
Canciones como LA MuDANZA, Callaita, PIToRRO DE COCO, WELTiTA, TURiSTA, abren el concierto e inauguran la fiesta de los cuerpos que danzan en el escenario, pero también en el centro del estadio en la Alcaldía Iztacalco. Pero la apertura del evento encuentra su aplauso más entrañable cuando BAiLE INOLVIDABLE es interpretada y las voces del público amplifican la euforia a través de sus voces y del baile espontáneo entre parejas.
“Mientras uno está vivo, uno debe amar lo más que pueda”, le canta una mujer al hombre a su lado y éste le responde al ritmo de la canción: “Pensaba que contigo iba a envejecer, en otra vida, en otro mundo podrá ser, en esta solo queda irme un día y ver pa’l cielo a ver si te veo caer”.
El baile inolvidable de Bad Bunny parece inmortalizar la noche y los 66,000 asistentes, de acuerdo con datos de OCESA, se entregan sin condición, mientras los fuegos artificiales se reflejan en sus pupilas que ahora danzan al ritmo de la luz. Un total de 528,000 personas han consumado el reencuentro con el conejo malo en tierras mexicanas durante esta gira.
Y, de pronto, el tema NUEVAYoL llega al oído de los asistentes. “Si te quieres divertir, con encanto y con primor (¿pero qué es esto?). Solo tienes que vivir (¿y este frío?). Un verano en Nueva York (un ratito nada más)”, dice la canción que un joven de poco más de 20 años canta bajo un sombrero de paja.
“La noche apenas comienza”, advierte Benito, mientras las personas comienzan a moverse en el estadio, porque saben que ha llegado la hora cambiar de escenario y encender “la casita”.

‘México, enséñame tu energía‘
“Estar aquí es un sueño ”, dice Bad Bunny frente a la multitud que no deja de celebrar sus palabras en cada rincón del lugar.
“La casita”, un escenario inspirado en la arquitectura tradicional de Puerto Rico, con un piso y ventanas, abre sus puertas y el cantante se asoma entre sus invitados para celebrar el pasado a través del reggaeton. Benito aparece con un pants blanco de la marca Adidas, gorra naranja y sus lentes oscuros de espejos rectangulares.
“México enséñame tu energía”, le grita el cantautor ganador en tres ocasiones de los Premios Grammy.
A las 21:43 horas, Bad Bunny elige a un invitado entre el publico de las gradas cercanas para subir al escenario secundario. Y la gente comienza a corear un grito que se vuelve uniforme: “¡Sí se puede! ¡Sí se puede! ¡Sí se puede!” Y, de nuevo, el silencio.
El joven sube a la casita y pide que el conejo malo le firme el lábaro patrio y el cantante accede. Acto seguido, el fanático se encamina al micrófono para enloquecer, de nueva cuenta, a los presentes con un exclamación: “¡Acho, PR es otra cosa!”
El milagro de San Benito ha ocurrido. Una mujer de no más de 30 años salta de la silla de ruedas en la que estaba postrada, para bailar las canciones del artista y expira sus pecados al ritmo del perreo del conejo malo, mientras tres amigas le invitan a regresar a su asiento. “Ya siéntate, por favor”, le dicen.
Y el milagro de Benito también es económico. Se estima que los 8 conciertos del cantante trajeron una derrama económica aproximada de un total 3,228 millones de pesos (mdp), de los cuales 2,262 mdp por la venta de boletos y 550.3 mdp por consumo de alimentos y bebidas, y 416 mdp por ocupación hotelera, de acuerdo con datos de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México.
“¡México perrea!, grita Benito desde el techo de la casita, dirigiéndose a las gradas más altas, las cuales son custodiadas por el lema publicitario de GNP: “Vivir es increíble”.
VeLDÁ, Tití me preguntó, Neverita, Si veo a tu mamá, VOY A LLeVARTE PA PR, Me porto bonito, No me conoce, Bichiyal, Yo perreo sola, son parte de las canciones que se hacen presentes entre los amantes del perreo.
“¿Dónde están las mujeres?”, se pregunta Bad Bunny, y las mujeres levantan la mano para hacerse presente y gritar al unísono, a pesar de que muchas de ellas vayan acompañadas esta noche. Las verdades de esta velada solo pueden entenderse al ritmo de los cuerpos.

‘México está bien cabrón‘
El conejo malo se recuesta sobre el techo de la casa y la gente se estremece con sus movimientos. “¡Maldita sea: yo lo vi!”, grita una joven de no más de 20 años.
A las 22:10 horas llega la canción inédita de cada concierto. Esta noche suena Soy el diablo y el fuego sale de los postes que custodian gradas, mientras emerge una figura que emociona al público. Es Natanael Cano, el llamado rey de los corridos tumbados, quien hoy alza la voz en medio de las prohibiciones para interpretar, en público, corridos que hacen supuestas apologías al crimen organizado. En la noche de “San Benito” puede pasar cualquier cosa.
Un hombre baila con la playera de la selección mexicana y, en lugar de un número de jugador, una frase que encaja con el momento: “México está bien cabrón”.
Otro milagro está por suceder.
Y tan solo 26 minutos después el encuentro más inesperado ocurre. Al ritmo de La Canción, sube al escenario el colombiano J Balvin, vestido con una chamarra diseñada por Kiko Báez, con la leyenda “México”, los colores patrios y una imagen de la Virgen de Guadalupe.
“Pensaba que te había olvida’o, eh. Pero pusieron la canción, eh, eh, eh… Que cantamos bien borrachos, que bailamos bien borrachos, nos besamos bien borrachos los dos”, dice la letra de la canción que los dos exponentes del reggaeton pronuncian entre acordes musicales.
Los gritos del público se elevan entre la neblina artificial que cubre a las gradas y el grito de “¡Otra!” se vuelve en una suplica para que los dos cantantes prolonguen su participación conjunta por cuatros canciones.
“La gente no sabe, pero nosotros tuvimos una conversación hace varias semanas, pero estábamos esperando el momento perfecto para compartir tarima y qué bueno que fue aquí en México. ¡Colombia, México, Puerto Rico!”, dice Bad Bunny.
Los conciertos en México marcan el cierre del año para el artista puertorriqueño y un camino que lo llevara, al final de la gira, a visitar más de 18 países en cuatro continentes y más de 2.6 millones de boletos vendidos. Además, el exponente se encuentra en la antesala de participar en el medio tiempo del próximo Super Bowl.
Son las 23:15 horas. Esta noche no solo el sonido de la música y el Caribe son un espectáculo, sino también el silencio en donde habita Bad Bunny y en donde se tiran fotos, mientras las figuras humanas marcan el ritmo de este instante. “Valora cada minuto que la vida te regala, aprende a vivir el ahora, no gastes energía pensando en lo que pudo haber sido […] lo que sí podemos hacer es aprovechar el ahora. Mientras uno esté vivo debe amar lo más que pueda”, dice Benito Antonio Martínez Ocasio, antes de sellar su baile inolvidable con México.
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