Imagina esto: estás en la consulta del médico con dolor de garganta. La enfermera te pregunta: “¿Alguna alergia?” Y sin dudarlo respondes: “A la penicilina”. Es algo que llevas diciendo desde hace años, quizá desde pequeño, tal vez porque te lo dijeron tus padres. La enfermera asiente, toma nota y continúa.
Pero aquí está el detalle: es muy probable que no seas alérgico a la penicilina. Entre el 10% y el 20% de los estadounidenses afirman tener alergia a este antibiótico, pero menos del 1% realmente la padece.
La profesora clínica asociada de farmacia especializada en enfermedades infecciosas, Elizabeth W. Covington, te explica el estudio sobre las alergias a los antibióticos y medicamentos, incluidos los métodos para determinar si una persona es verdaderamente alérgica a la penicilina.
Por mis investigaciones, sé que una etiqueta incorrecta de alergia puede impedir recibir el tratamiento más adecuado y seguro para una infección. También puede aumentar el riesgo de desarrollar resistencia a los antimicrobianos, es decir, cuando un antibiótico deja de ser eficaz contra las bacterias.
¿La buena noticia? En los últimos años se ha vuelto mucho más fácil determinar la verdad. Cada vez más profesionales de la salud reconocen que muchas etiquetas de alergia a la penicilina son incorrectas, y existen métodos seguros y sencillos para verificar si realmente se padece esta alergia.
Un salvavidas constante
La penicilina, el primer antibiótico, fue descubierta en 1928 por Alexander Fleming, quien la extrajo de un moho llamado Penicillium. Su uso se popularizó en la década de 1940 para tratar infecciones.
La penicilina y otros antibióticos relacionados, como la amoxicilina o la amoxicilina con clavulanato (conocida comercialmente como Augmentin), se recetan con frecuencia para infecciones comunes: de oído, garganta, vías urinarias, pulmonía o infecciones dentales.
Los antibióticos de penicilina son de espectro reducido, lo que significa que atacan tipos específicos de bacterias. En cambio, las personas diagnosticadas como alérgicas suelen recibir antibióticos de amplio espectro, que eliminan también bacterias beneficiosas, facilitando la proliferación de bacterias resistentes.
Este uso excesivo acelera el desarrollo de la resistencia a los antibióticos. Además, estos tratamientos pueden ser menos eficaces y más costosos.
¿Por qué se da este desajuste?
La supuesta alergia a la penicilina suele diagnosticarse en la infancia, cuando aparece una erupción cutánea después de tomar un antibiótico. Sin embargo, muchas infecciones infantiles causan erupciones, y estas se atribuyen erróneamente al medicamento cuando en realidad podrían deberse a la enfermedad misma.
Otros efectos secundarios comunes como náuseas, diarrea o dolor de cabeza no son necesariamente signos de alergia. Estas reacciones suelen desaparecer solas o controlarse fácilmente. Un médico o farmacéutico puede aconsejar cómo manejarlas.
También es común asumir que la alergia es hereditaria, pero no lo es: tener un pariente alérgico no implica que uno también lo sea.
Además, en aproximadamente el 80% de los casos, una verdadera alergia a la penicilina desaparece después de 10 años. Así que, incluso si alguna vez fuiste alérgico, es posible que ya no lo seas.
Ver: Identifican nueva fuente de antibióticos naturales dentro de las proteínas del cuerpo humano
La importancia de saber si eres alérgico a la penicilina y como comprobarlo
Creer que eres alérgico a la penicilina cuando no lo eres puede tener consecuencias negativas. Podrías recibir tratamientos menos adecuados, más agresivos o con mayores efectos secundarios. También aumenta el riesgo de infecciones postoperatorias y de pasar más tiempo hospitalizado. Y tus facturas médicas podrían ser más altas debido al uso de medicamentos más costosos.
La penicilina y sus derivados suelen ser la mejor opción para tratar muchas infecciones. Saber si realmente eres alérgico puede abrir la puerta a tratamientos más seguros, eficaces y económicos.
Empieza por hablar con un profesional de la salud, como un médico o farmacéutico. Los síntomas de alergia varían: desde una erupción leve hasta hinchazón facial y dificultad respiratoria. El personal médico puede hacerte preguntas clave sobre la reacción: qué ocurrió, cuánto tiempo después del medicamento surgió, si necesitaste tratamiento, o si has tomado medicamentos similares desde entonces.
Muchas veces, esta entrevista clínica basta para descartar la alergia. Pero en algunos casos se recomiendan pruebas adicionales.
Una opción es la prueba cutánea, que consiste en pequeñas punciones con componentes relacionados con la penicilina para detectar una alergia real. Si no se observa reacción, el siguiente paso suele ser administrar una pequeña dosis de amoxicilina bajo supervisión médica.
Un estudio publicado en 2023 mostró que, en muchos casos, incluso puede omitirse la prueba cutánea y pasar directamente a la dosis de prueba, siempre con vigilancia médica durante unos 30 minutos.
Con las preguntas adecuadas, pruebas diagnósticas y orientación profesional, muchas personas pueden confirmar que no son alérgicas a la penicilina y volver a utilizar este antibiótico de forma segura para tratar infecciones comunes.
*Elizabeth W. Covington es Profesora Clínica Asociada de Farmacia en la Universidad de Auburn.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation
¿Usas más Facebook?, déjanos un like para estar informado






