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    El esqueleto de una enorme ballena azul realizado en resina, “Dark Wave”, pende del techo, en lo que pareciera ser una enorme caja de cristal. De pronto, Gabriel Orozco aparece por una de las puertas de este espacio, vestido de manera casual, con unos jeans azules y una casaca en color negro. Y los reflectores se posan sobre él.

    Está ahí para inaugurar la exposición “Politécnico Nacional”. La misma significa su regreso a los museos en México, tras una larga y doliente ausencia de casi dos décadas, desde que, en 2006, se mostrara una retrospectiva de su trabajo en el Palacio de Bellas Artes, en la capital del país. La nueva muestra es quizá la más completa que se haya hecho sobre su propuesta plástica, al incluir alrededor de 300 objetos. Tal vez por esa razón, lo vemos emocionarse durante el encuentro que tuvo con distintos medios de comunicación.

    A pregunta expresa de Forbes Life, pronto sabremos que esta emoción contenida (la cual, por momentos, lo lleva a hacer largas pausas para poder recuperar la articulación de las palabras) no viene únicamente de contar con una muestra que abarca todos los pisos de exhibición en el Museo Jumex. “No sólo es una cosa de regresar a mi país, porque yo siempre he estado aquí”, comenta.

    artista plástico museo Jumex
    Foto: Paco Gramontti

    Para él, esto tiene un significado más grande, el cual está íntimamente relacionado con la capacidad intrínseca de impulsar al país como una auténtica potencia cultural, pues asegura que hace algunas décadas, incluso, se llegó a afirmar que aquí, simple y sencillamente, no había arte contemporáneo. “Hasta los [años] 90, la gente todavía percibía que México era Frida Kahlo y ya”.

    Sin embargo, para Orozco es evidente que el esfuerzo colectivo y lo realizado de manera individual por distintos artistas en la escena nacional ha rendido jugosos frutos. “Este museo”, dice, refiriéndose al Jumex, “está hecho para eso. Y no existiría si no fuera por lo que somos ahora”, hilvana con voz entrecortada.

    “Hasta los (años) 90, la gente todavía no concebía que México podía ser una potencia cultura en el arte contemporáneo”

    Gabriel Orozco, arte contemporáneo

    El connotado artista conceptual, en cuya obra se advierten objetos y materiales de la vida cotidiana, ha sido ampliamente reconocido con magnas muestras, lo mismo en el Museo de Arte Moderno (MoMA) en Nueva York, que en el Centro Pompidou de París o el Tate Modern en Londres. “Casi por accidente, también viví en Tokio yestuve trabajando mucho en Asia y, de repente, regresé a coordinar y diseñar el proyecto de Chapultepec, que fueron seis años de mucho trabajo”, resalta.

    ¡Descubre más! Gabriel Orozco revisita su obra para incitar un viaje de cuestionamientos

    Gabriel Orozco
    Foto: Paco Gramontti

    Se refiere al proyecto “Naturaleza y Cultura”, a través del cual este enorme bosque urbano en la Ciudad de México tiene por objeto erigirse como un gran campus cultural y ambiental. El plan maestro incluye obras emblemáticas concebidas por él mismo, como la Calzada Flotante o la Cineteca Nacional en la Cuarta Sección de Chapultepec.

    MIGRANTE CULTURAL

    Fue en la década de los 90 cuando el genio creativo del artista nacido en Xalapa, Veracruz, (1962) se expandió internacionalmente. Por aquellos tiempos, logró realizar su primera exposición individual en el MoMa. Sólo tres años después, durante la Bienal de Venecia 1993, presentó lo que a la postre se convertiría en una de sus obras más icónicas: una caja de zapatos vacía.

    Respecto de ella, Gabriel Orozco no duda en afirmar que ésta ha evolucionado “como lo que es”. Se ha defendido muy bien. “En un momento dado, se habla utópicamente de que el arte se defiende solo. Cuando tienes una pieza que genera tantos comentarios diversos [la caja vacía], pero sigue ahí… Y si la vuelvo a poner en una exposición, otra vez origina el mismo revuelo… bueno, es algo que me da gusto ver”, afirma, convencido de que existen obras plásticas que, con el tiempo, pueden perder algo de su potencial expresivo, en tanto que otras retoman cierta exposición al ser revisadas nuevamente.

    Para el creador veracruzano, no todas las pinturas o esculturas acceden a ese momento de ser consideradas obras de arte. Desde su mirada incisiva, el arte no es una disciplina dividida en especificidades de técnica, sino en actitudes y momentos afortunados, en donde algo se ha hecho bien. Es ahí cuando consigue conectar con los “espectadores” (una palabra que, asegura, no le gusta utilizar) a un grado de poesía, de belleza, política o de comprensión de la realidad.

    artista plástico Museo Jumex
    Foto: Paco Gramontti

    Incluso, la percepción de lo que es y no es arte puede ir cambiando con el paso del tiempo. Por ello, obras que en su momento pudieron ser consideradas como tal, al volverlas a revisar podrían no pasar la prueba de los años.

    Al ser cuestionado por Forbes Life sobre el papel que juega la interacción en una propuesta artística, Orozco se apresura a responder que ésta a veces es física, otras mental o emocional, “pero lo que debe generar una obra de arte es esa interacción; por supuesto, puede ser política o filosófica. La física es, en cierta manera, secundaria.”

    Desde su punto de vista, artes como la música son un ejemplo extraordinario de cómo se genera una respuesta física, química e, incluso, molecular en la gente. “Con la escultura, la pintura y los objetos es distinto. Entonces, creo que toda exposición es interactiva, aunque no se trata de que todo deba ser físicamente interactivo; es un proceso que va más allá”.

    FISURA ENTRE CONSTELACIONES

    Ésa es la idea primigenia que quiere transmitir “Gabriel Orozco: Politécnico Nacional”, muestra que estará en el Museo Jumex hasta los primeros días de agosto de 2025.

    Artista plástico
    Foto: Paco Gramontti

    Más que una retrospectiva, se trata de una ambiciosa exhibición que pretende revisar la obra del artista a través de pequeños dibujos, fotografías y obras de mayor escala que invitan a un viaje introspectivo. Curada por la historiadora de arte británica Briony Fer, la muestra incluye piezas canónicas, como “La caja de zapatos” (1993), “Árbol simétrico” (2006), “La DS Cornaline” (2013) y “Cuatro bicicletas: Siempre hay una dirección” (1994), entre muchas más, colocadas con la intención de realizar una travesía que no sea cronológica, sino que responda a la interrogante del artista sobre la fisura entre su obra y el mundo, cuestionando, así, dónde acaba una y empieza la otra.

    Para el creador mexicano, las “constelaciones” no sólo se refieren a sistemas planetarios, también se extienden a agrupaciones de objetos materiales en el tiempo y el espacio. Por ello, esta muestra se divide en: aire, tierra y agua, a través de las distintas galerías del Museo. Ahí también está presente una nueva versión de su “Mesa de ping-pong con estanque”, como ejemplificación de su interés por la escultura en la esfera pública.

    “En el arte siempre tiene que haber interacción, sea física, mental o emocional”

    Gabriel Orozco

    Orozco lo tiene claro: Quienes finalizan una obra son las personas. “Eso que llaman ‘público’, que, en realidad, son los individuos conectados con determinados objetos, lenguajes, dibujos y cosas que están tratando de comunicarles ideas de sentimientos, naturaleza, geometría o aspectos filosóficos.”

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    artista plástico
    Foto: Paco Gramontti

    Son ellos quienes activan esas obras y las llevan a su realización en el pensamiento. De este modo, un artista consigue conectar emocionalmente con los otros, como lo hace el mismo Gabriel Orozco. Él dice no estar seguro de volver a ver una exposición de tal envergadura sobre su trabajo en los siguientes 30 años. “A lo mejor la próxima vez que suceda ya no voy a estar aquí. Entonces, hay que disfrutarlo”, asiente con la firme convicción y la emoción contenida, consciente de que su labor artística ha contribuido a consolidar a México como un referente clave en el arte contemporáneo.

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