Enlaces rápidos

    Lo vi de primera mano después de que mi gata Murphy muriera a principios de este año. Le habían diagnosticado cáncer apenas unas semanas antes.

    Era una pequeña gata atigrada gris con patas delicadas que, incluso durante la quimioterapia, subía a su percha favorita de la cómoda, el “Monte Murphy”, con firme determinación.

    Al día siguiente de su muerte, un colega dijo encogiéndose de hombros: “Es parte de la vida”.

    Esa frase se me quedó grabada, no porque estuviera equivocada, sino por la rapidez con la que desestimaba algo real.

    Murphy no era solo una gata. Era mi hija mayor, por vínculo, si no por sangre. Mi sombra.

    ¿Por qué el duelo por una mascota no cuenta?

    Más de dos tercios de los hogares estadounidenses tienen mascotas. Los estadounidenses tienden a tratarlas como familia, con pasteles de cumpleaños, camas compartidas y nombres en tarjetas navideñas.

    Pero cuando alguien las llora como familia, el guion cultural se invierte. El duelo se minimiza. El apoyo se vuelve incómodo. Y cuando nadie reconoce tu pérdida, empiezas a sentir que ni siquiera se suponía que debías amarlos tanto desde el principio.

    He visto este tipo de duelo de cerca, tanto en mi investigación como en mi propia vida. Soy psicólogo y estudio el apego, la pérdida y el vínculo entre humanos y animales.

    Y he visto de primera mano cómo a menudo el duelo tras la pérdida de una mascota se ignora, se trata como menos válido, menos serio o menos digno de apoyo que la pérdida humana. Tras la muerte de una mascota, la gente suele decir lo incorrecto: normalmente intentan ayudar, pero a menudo hacen lo contrario.

    Cuando la pérdida se minimiza o se desestima

    Los psicólogos describen este tipo de pérdida no reconocida como duelo marginado: una forma de duelo que no es plenamente reconocida por las normas sociales ni las instituciones. Ocurre tras abortos espontáneos, rupturas amorosas, pérdida de empleo y, especialmente, tras la muerte de un querido compañero animal.

    El dolor es real para quien está de duelo, pero lo que falta es el apoyo social para lamentar esa pérdida.

    Incluso a las personas bienintencionadas les cuesta responder de forma comprensiva. Y cuando el duelo se ignora, no solo duele, sino que nos hace cuestionar si siquiera se nos permite sentirlo.

    Aquí tienes tres de las respuestas más comunes y qué hacer en su lugar:

    ‘Solo una mascota’

    Esta es una de las respuestas más reflexivas tras una pérdida como esta. Suena inofensiva. Pero en el fondo, se esconde la creencia cultural de que llorar a un animal es excesivo, incluso poco profesional.

    Esta creencia se refleja en todo, desde las políticas de permisos laborales hasta las conversaciones cotidianas. Incluso en personas que intentan ser amables.

    Pero el duelo por una mascota no se trata de la especie, sino del vínculo. Y para muchos, ese vínculo es irremplazable.

    Las mascotas a menudo se convierten en figuras de apego; forman parte integral de nuestras rutinas, nuestra vida emocional y nuestra identidad. Investigaciones recientes demuestran que la calidad del vínculo entre humanos y mascotas es fundamental, no solo para el bienestar, sino también para el duelo cuando esa conexión termina.

    Lo que se pierde no es “solo un animal”. Es la presencia constante que te saludaba cada mañana. Aquel que se sentaba a tu lado durante los plazos, los pequeños triunfos y las noches tranquilas. Un compañero que hacía que el mundo se sintiera un poco menos solo.

    Pero cuando el mundo trata ese amor como si no importara, la pérdida puede ser aún más dolorosa.

    Puede que no venga con un reconocimiento formal ni tiempo libre, pero sigue siendo importante. Y el amor no es menos real solo porque vino con pelo.

    Si alguien a quien quieres pierde una mascota, reconoce el vínculo. Incluso un simple “Lo siento mucho” puede brindar un verdadero consuelo.

    Te interesa: La creciente adopción de mascotas en Latinoamérica, desafío para la tenencia responsable

    ‘Sé cómo te sientes’

    “Sé cómo te sientes” suena empático, pero discretamente desvía la atención del doliente hacia quien habla. Se precipita con tu historia antes de que la suya siquiera tenga la oportunidad de expresarse.

    Ese instinto viene de una buena fuente. Queremos conectar, tranquilizar, hacerle saber a alguien que no está solo, pero cuando se trata del duelo, ese impulso a menudo resulta contraproducente. El duelo no necesita ser correspondido, sino que necesita ser honrado y darle tiempo, cuidado y espacio para que se desarrolle, ya sea la pérdida de una persona o de una mascota.

    En lugar de responder con tu propia historia, prueba palabras más sencillas y contundentes:

    • “Eso suena muy duro”.
    • “Lo siento mucho”.
    • “Estoy aquí si quieres hablar”.

    No necesitas comprender el dolor de alguien para hacerle espacio. Lo que ayuda no es la comparación, sino la presencia.

    Permíteles nombrar la pérdida. Permíteles recordar. Deja que digan lo que les duele.

    A veces, simplemente permanecer presente, sin prisas, sin resolver problemas ni desviar la atención, es lo más significativo que puedes hacer.

    ‘Siempre puedes tener otra mascota’

    Es el tipo de frase que la gente dice por reflejo cuando no sabe qué más decir: un torpe intento de tranquilizar.

    En el fondo, hay un deseo de calmar, de arreglar, de que la tristeza desaparezca. Pero ese instinto puede pasar por alto lo esencial: la pérdida no es práctica, es personal. Y el duelo no es un problema que se pueda resolver.

    Este tipo de comentario suele parecer más de atención al cliente que de consuelo. Trata la relación como algo reemplazable, como si el amor fuera algo que se puede cambiar, como un teléfono roto.

    Pero cada mascota es única, no solo por su aspecto o su voz, sino por cómo se mueve en tu vida. La forma en que te esperan en la puerta y te observan al salir. Los pequeños rituales que desconocías que eran rituales hasta que dejaron de existir. Construyes una vida alrededor de ellos sin darte cuenta, hasta que ya no forman parte de ella.

    No le dirías a alguien que “simplemente tenga otro hijo” o “busque una nueva pareja”. Y, sin embargo, la gente dice lo mismo todo el tiempo después de la pérdida de una mascota.

    Apresurarse a reemplazar la relación en lugar de honrar lo perdido pasa por alto lo que hizo ese vínculo irremplazable. El amor no es intercambiable, ni tampoco lo son quienes perdemos.

    Así que ofrece un cuidado que perdure. El duelo no sigue un cronograma. Un recordatorio semanas o meses después, ya sea con un emoji de corazón, un recuerdo compartido o un amable recordatorio de que no están solos, puede recordarle a alguien que su dolor es visible y que su amor aún importa.

    Cuando la gente no dice nada

    A menudo, la gente no sabe qué decir después de la muerte de una mascota, así que no dice nada. Pero el silencio no solo entierra el duelo, sino que lo aísla. Le dice al doliente que su amor fue excesivo, que su tristeza fue inoportuna y que su pérdida no merecía reconocimiento.

    Y el duelo que se siente invisible puede ser el más difícil de sobrellevar.

    Así que, si un ser querido pierde una mascota, no cambies de tema. No lo apresures a salir de su tristeza. No le ofrezcas soluciones.

    En cambio, aquí tienes otras maneras de ofrecer apoyo con delicadeza y sentido:

    • Di el nombre de su mascota.
    • Pregúntale qué es lo que más extraña.
    • Dile que lo sientes.
    • Déjalo llorar.
    • Que no llore.
    • Que recuerde.

    Porque cuando alguien pierde una mascota, no está “solo” de luto por un animal. Está de luto por una relación, un ritmo y una presencia que hicieron que el mundo se sintiera más amable. Lo que más necesita es alguien dispuesto a tratar esa pérdida como si fuera importante.

    *Brian N. Chin es profesor adjunto de Psicología en Trinity College.

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation

    ¿Usas más Facebook?, déjanos un like para estar informado