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    La abrumadora derrota del ultranacionalista Viktor Orbán tras 16 años en el poder en Hungría, fue recibida por los líderes de la extrema derecha con mensajes de reconocimiento, decepción y advertencias de que su salida del poder será perjudicial para los húngaros.

    Durante las semanas previas a las elecciones, la plana mayor de la extrema derecha mundial pasó por Budapest o expresó en la distancia su apoyo a Orbán, y recomendó a los húngaros que votaran por él.

    Los primeros ministros de República Checa, Andrej Babis; y de Eslovaquia, Robert Fico, le respaldaron antes de las elecciones, afianzando el vínculo de un triángulo de países de la Unión Europea (UE) dirigidos por coaliciones de populistas, eurocríticos y nacionalistas.

    También el presidente de Argentina, Javier Milei, le mostró apoyo, al igual que la dirigente ultra francesa Marine Le Pen; el italiano Matteo Salvini; el neerlandés Geert Wilders, el español Santiago Abascal, y Eduardo Bolsonaro, hijo del encarcelado expresidente de Brasil Jair Bolsonaro.

    Especialmente llamativos fueron los esfuerzos de la Administración Trump.

    El secretario de Estado, Marco Rubio, se reunió con Orbán en febrero y la semana pasada lo hizo el vicepresidente JD Vance.

    Dos días antes de los comicios, Donald Trump Jr., el hijo mayor del presidente estadounidense, afirmó que el primer ministro es el único líder europeo con línea directa con su padre.

    Todos esos apoyos no sirvieron para que Orbán haya perdido estrepitosamente. Su partido Fidesz logró 55 de los 199 escaños, 81 menos que hace cuatro años.

    El partido Tisza, dirigido por el conservador Peter Magyar, ganó con una supermayoría de 138 diputados.

    Más contexto: Cómo el escándalo de abuso sexual infantil en Hungría contribuyó a la caída de Orbán

    ‘El único con pelotas’, Wilders sobre Orbán

    La reacción menos deportiva a la derrota de Orbán fue la de Wilders, que en un mensaje en X declaró que “Orbán era el único líder con pelotas en la UE” y opinó que Budapest es un oasis de seguridad comparada con Amsterdam, Paris o Bruselas, y calificó la derrota como un día triste.

    Le Pen, por su parte, dijo que la “satisfacción expresada por la UE” por la victoria de Magyar debería preocupar a los húngaros” sobre si se mantendrá la libertad y la soberanía que Orbán lleva años defendiendo ante lo que considera una extralimitación de Bruselas “en sus competencias en detrimento del poder de los pueblos”.

    La primera ministra Meloni empezó su mensaje felicitando a Magyar, ante de dar las gracias a su “amigo” Orbán por “años de colaboración”.

    Su socio en el Gobierno italiano, Matteo Salvini, señaló que habrá que ver si el nuevo Gobierno “logra hacer al menos una parte de lo que hizo Orbán”, y vinculó su derrota electoral a que la UE bloqueaba fondos (por sus incumplimientos de las normas comunitarias) y por no dejar entrar inmigrantes.

    Santiago Abascal, presidente del partido ultraderechista español Vox, que recibió financiación de un banco controlado en parte por el Gobierno húngaro, llegó a decir que la derrota de Orbán pone en peligro a Europa y que Hungría era la única nación “a salvo de la invasión islámica”.

    De hecho, el grupo ultraderechista de Patriotas en el Parlamento Europeo, fundado por Orbán, acusó a la Comisión Europea de “interferir” en las elecciones en favor de Magyar.

    Los partidos de Le Pen, Salvini, Abascal y Wilders son miembros de este grupo.

    Más protocolarias fueron las reacciones de los primeros ministros de Eslovaquia y República Checa, y del Gobierno argentino, que destacó la buena colaboración con Orbán pero centró sus mensajes en la voluntad de trabajar con el nuevo Ejecutivo.

    Con información de EFE

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