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    El reciente informe Taxing Wages 2026 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) colocó a México como el cuarto país con la menor carga impositiva sobre los salarios entre los 38 miembros del organismo: 21.7% frente a un promedio de 35.1%. A primera vista parece una buena noticia, pero el dato tiene matices que vale la pena revisar. 

    Van tres preguntas para entenderlo mejor.

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    ¿Qué es y por qué pagamos ISR?

    El Impuesto Sobre la Renta (ISR) es un impuesto directo que se aplica sobre los ingresos de personas. Su base está en el artículo 31.°, fracción IV de la Constitución, que establece la obligación de contribuir al gasto público de manera proporcional y equitativa. En el caso del trabajador asalariado, opera mediante retención mensual a cargo del patrón conforme a la tarifa del artículo 96 de la Ley del ISR, con un ajuste anual y, en niveles bajos de ingreso, un subsidio al empleo.

    El ISR es el principal instrumento de redistribución del Estado. Financia salud, educación, infraestructura, seguridad y pensiones. Sin ISR no hay servicios públicos universales ni siquiera precarios.

    ¿Qué implica estar en 21.7% frente a Bélgica (52.5%) o Colombia (0%)?

    Aquí es donde está lo interesante. La cifra de la OCDE mide la cuña fiscal, es decir, el ISR más las cuotas de seguridad social del trabajador y del patrón, como porcentaje del costo laboral total. No mide toda la carga fiscal que enfrenta una familia, ni la calidad de los servicios que recibe a cambio.

    Con su 52.5%, Bélgica paga cobertura universal de salud sin filas interminables, pensiones equivalentes entre 60% y 70% del último salario, educación pública competitiva hasta el nivel universitario y una transferencia mensual por cada hijo. Con el 21.7% mexicano financiamos un Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) con desabasto frecuente, una pensión que para la mayoría de quienes cotizan bajo el régimen Administradora de Fondos para el Retiro (Afore) va a rondar entre 30% y 40% del último salario, y servicios públicos que millones de familias terminan duplicando por su cuenta en colegiaturas, seguros médicos y transporte propio.

    Colombia con 0% no es un paraíso fiscal, es un espejismo estadístico. El salario promedio colombiano cae por debajo del umbral exento del impuesto de renta personal. La OCDE mide a un trabajador que, por la estructura salarial de ese país, simplemente no entra al impuesto. Los colombianos de ingresos altos sí pagan, y bastante.

    En la vida cotidiana del trabajador mexicano hay un elemento adicional: el ISR no es el único impuesto que paga. Sobre su salario neto recae el Impuesto al Valor Agregado (IVA) al consumir, Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) al cargar gasolina, predial y tenencia. La carga fiscal real efectiva sobre un asalariado de ingreso medio se acerca más al 28% o 30% de su ingreso bruto que al 21.7% que reporta la OCDE.

    ¿Y el impacto por tipo de hogar?

    El informe reporta que la carga fiscal aumentó en 2025 para siete de los ocho tipos de hogares analizados, siendo los hogares de un sólo papá o mamá con dos hijos los más golpeados: su carga subió medio punto porcentual en promedio entre los países de la OCDE. En México, en cambio, da casi lo mismo qué tipo de hogar seas, y aunque parezca raro, eso no es una virtud sino una falla del sistema.

    La Ley del ISR mexicana no toma en cuenta cuánta gente depende de ti cuando te retienen del sueldo. Una mamá soltera con dos hijos y un soltero sin nadie a su cargo, si ganan lo mismo, pagan prácticamente lo mismo de ISR. En Francia, esa misma mamá pagaría alrededor de 40% menos gracias al quotient familial, una fórmula que reparte el ingreso entre los miembros del hogar antes de calcular el impuesto. En Alemania tendría derecho a un Kinderfreibetrag, una deducción fija por cada hijo. Aquí, en cambio, al sistema le da igual si vives sólo o tienes una familia entera dependiendo de tu sueldo.

    Que México tenga una de las tasas más bajas de la OCDE no es necesariamente un logro fiscal. Es la fotografía de un sistema que recauda poco, recauda de pocos (apenas 22 millones de asalariados formales de una población económicamente activa cercana a 60 millones), y entrega aún menos a cambio. La pregunta relevante no es si pagamos mucho o poco ISR, sino qué recibimos por cada peso que sí pagamos.

    *L.C.C. y G.E. Santiago Vélez Suberbie es integrante de la Comisión Técnica de Investigación Fiscal del Colegio de Contadores Públicos de México (CCPM).

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