De acuerdo con la FAO, México se encuentra actualmente entre los diez principales productores de ostión del mundo. No obstante, el futuro de esta industria nacional, que produce más de 28 mil toneladas anuales, enfrenta un desafío creciente, ya que los efectos del cambio climático y la degradación de los ecosistemas costeros amenazan las condiciones para su desarrollo.
Frente a ese escenario, han surgido iniciativas que demuestran que la producción de ostiones puede convertirse en una innovadora herramienta de restauración ambiental y generación de empleo formal en las comunidades costeras.
Ese es el caso de Bendito Mar Seafarm, cooperativa fundada en 2018 en el municipio de Comondú, en Baja California Sur, que ha logrado desarrollar un modelo de cultivo de ostión ambientalmente responsable que contribuye a mejorar la calidad del agua del océano, captura carbono y fortalece la biodiversidad marina, al mismo tiempo que genera empleos formales para las comunidades costeras.
El caso fue reconocido con el Premio de Pesca y Acuacultura Sustentables 2026, otorgado por el Gobierno de México durante la conmemoración del 25 aniversario de la Comisión Nacional de Pesca y Acuacultura (Conapesca), celebrada en Mazatlán, Sinaloa; en reconocimiento a una contribución que combina productividad, conservación ambiental y desarrollo comunitario.

“Mi padre, biólogo marino, dedicó su vida al cultivo de pepino de mar, abulón y algas marinas en Isla Natividad, en una época en la que los compradores chinos controlaban los precios de gran parte del mercado. Recuerdo que el pago no era malo, pero sí insuficiente. Bendito Mar nació con la convicción de demostrar que es posible construir una industria pesquera más justa para quienes viven del mar y más responsable con los ecosistemas de los que depende”, afirma Alan Espinoza Gorozave, cofundador de Bendito Mar Seafarm.
La historia de la cooperativa está estrechamente ligada a la transformación de la propia ostricultura mexicana. Aunque el consumo de ostión nativo existe en México desde tiempos prehispánicos, la producción comercial moderna comenzó a consolidarse en la década de 1970 con la introducción del ostión japonés a la península de Baja California. Desde entonces, el sector experimentó un crecimiento sostenido, pero también enfrentó las consecuencias de la degradación ambiental de lagunas, bahías y esteros.
“Al principio fue un reto convencer a los compañeros pescadores de dejar la captura de especies silvestres y migrar a un modelo de ostricultura que ofrece formalidad laboral, seguridad social y prestaciones. Hoy, los resultados demuestran que la producción regenerativa genera beneficios ambientales y económicos al mismo tiempo: el estero es un ecosistema sano y nuestros ostiones son apreciados por su calidad en los mercados más exigentes de México y el extranjero”, señala Espinoza.
Además de requerir muy pocos insumos para su producción, los ostiones ofrecen beneficios ambientales poco comunes en la producción de alimentos.
“Los ostiones de cultivo regenerativo son uno de los alimentos más sostenibles del planeta. Se alimentan de forma natural filtrando fitoplancton gracias al movimiento de las mareas, por lo que no necesitan insumos externos ni generan emisiones directas. Su producción no requiere tierra agrícola, fertilizantes ni agua dulce, contribuye a la captura y almacenamiento de carbono, mejora la calidad del agua y crea condiciones favorables para la biodiversidad marina. A ello se suma su valor nutricional, gracias a que los ostiones son ricos en zinc, omega-3, vitamina B12 y otros nutrientes”, explica Alberto Arienzo, director de Sostenibilidad de Bendito Mar Seafarm.

Los resultados alcanzados ya pueden medirse. En 2025, los cultivos de ostión japonés y almeja catarina de Bendito Mar capturaron el equivalente a 77 toneladas de CO₂, una cantidad superior a las emisiones generadas por toda la operación de la empresa durante ese mismo año; lo que quiere decir que su modelo de negocios tiene un impacto climático positivo al capturar más carbono del que emite.
En febrero de este año, el proyecto se convirtió también en una de las primeras cooperativas mexicanas que obtienen la certificación internacional Empresa B; un reconocimiento que acredita el cumplimiento de estándares de desempeño ASG tras evaluar su relación con sus trabajadores, el medio ambiente y la forma en que toma decisiones de negocios.
La experiencia de Bendito Mar muestra que la acuacultura nacional puede evolucionar hacia modelos capaces de producir alimentos de alto valor, restaurar los ecosistemas de los que depende su propia actividad y fortalecer la economía de las comunidades costeras.
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