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    Por Mario Zavala Ojeda*

    En todas las actividades de la vida de la empresa, el ejercicio del liderazgo juega el papel de mayor influencia sobre la consecución de sus fines, con un impacto ineludible sobre quienes pertenecen a dicha organización. Ahora bien, la realidad nos presenta continuamente maneras tanto inspiradoras como trituradoras de manifestar el mando de personas. Algunas pueden ser claramente nocivas -especialmente cuando se presentan bajo la apariencia de un mando severo y con rigor, ya que existe la creencia de que el ejercicio de la dirección requiere eliminar cualquier conducta considerada como débil y temerosa- provocando disfuncionalidades y anomalías que desgastan a clientes, proveedores, accionistas y, por supuesto, a quienes construyen la cultura organizacional.

    Conviene reconocer los atributos propios de distintas expresiones de mando que resultan tóxicas, así como situaciones concretas de comportamientos destructivos, e identificar iniciativas que transformen un contexto laboral dañino en uno saludable y productivo.

    ¿Qué es un liderazgo tóxico?Es aquel cuya conducta y estilo de gestión generan un ambiente de trabajo hostil, insatisfacción laboral y , tarde o temprano, una baja productividad. Las características más comunes incluyen:

    1. Micromanagement: Controlar cada detalle del quehacer de la gente, lo que puede sofocar la creatividad y bloquear la iniciativa.

    2. Carencia de empatía: No mostrar comprensión o interés por las necesidades y sentimientos de las personas.

    3. Manipulación y favoritismo: Darle uso a la información para obtener ventajas personales; o manifestar preferencias hacia ciertos colaboradores, lo que puede generar desconfianza y resentimiento entre los integrantes de la organización.

    4. Evade responsabilidades: Evita hacerse cargo de errores o problemas, culpando a los demás o a factores externos.

    5. Comunicación negativa: Utilizar el miedo, las amenazas o la humillación en lugar de usar reforzamiento positivo.

    6. Resistencia al cambio personal: Rechazo a desarrollar comportamientos alternativos, a repensar supuestos básicos, a verse a través de la mirada de otros o de ponerse en sus zapatos, a desaprender malos hábitos y a aprender a madurar.

    Ahora bien, existen diversas manifestaciones de un liderazgo tóxico, como son:

    1. El Narcisista: Tiene una necesidad insaciable de ser admirado y justificado, incluso a expensas de su equipo de trabajo. Tiende a tomar el crédito por el trabajo de otros, le irritan las críticas así sean constructivas y está obsesionado con el brillo personal muy por encima del desarrollo de la organización.

    2. El Autoritario: Caracterizado por una toma de decisiones unilateral y que exige una obediencia ciega. Descartan el consejo o la perspectiva de otros, prefiriendo imponer su voluntad y control sobre todos los aspectos del trabajo.

    3. El Pasivo-Agresivo: rehúye la confrontación directa pero exhibe comportamientos, tácticas indirectos para sacar a flote su descontento o para mantener el control de la situación, como puede ser guardarse información, dar instrucciones ambiguas, “herir” y “curar” al colaborador, o incluso desacreditar a la gente a sus espaldas.

    Estos estilos de liderazgo tóxico tienen consecuencias, entre ellas destacaría la rotación de personal, la baja productividad, una cultura organizacional deteriorada y constantes conflictos Internos. ¿Cómo hacerle frente a un liderazgo tóxico? Algunas maneras son:

    1. Promoviendo una comunicación abierta y constructiva donde los colaboradores expresen sus preocupaciones y sugerencias sin temor a represalias y con una disposición de escucha activa y respetuosa.

    2. Formando continuamente a los líderes para el desarrollo de competencias de liderazgo transformativo (ej.: inteligencia emocional, empatía y comunicación efectiva) y procura dar ejemplo de tales comportamientos, incluyendo mostrarse transparente, responsable y comprometido con el bienestar de su gente.

    3. Estableciendo y ejerciendo políticas claras de conducta y ética para manejar el comportamiento tóxico y los mecanismos para denunciarlo de manera segura.

    4. Involucrando a los mandos de la organización, para jugar un papel activo en la identificación de conductas tóxicas y en la implementación de intervenciones oportunas. Es responsabilidad de todo jefe monitorear el clima de la empresa y realizar encuestas de satisfacción regularmente.

    El liderazgo tóxico es un problema serio que puede presentarse en cualquier organización. Identificar y extirpar las conductas tóxicas es indispensable para desarrollar y mantener ambientes de trabajo saludables, productivos y resilientes que favorezcan la dignificación de la persona en la construcción de un bien común.

    Contacto:

    * Mario Zavala Ojeda es profesor del área de Factor Humano de IPADE Business School.

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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