Por Mario N. Zavala Ojeda*
Algunas personas no solo desafían el presente, sino que intentan diseñar el futuro a su medida. Elon Musk es una de ellas. Fundador de Tesla, SpaceX, Neuralink y dueño de X (antes Twitter), ha revolucionado industrias. Pero más allá de su genio innovador, su forma de ejercer el poder plantea una pregunta esencial: ¿qué tipo de humanidad florece bajo su liderazgo?
Poder sin pausa
Musk no dirige desde la distancia, lidera con intensidad extenuante. Está en el núcleo, siempre. Define estrategias al instante, supervisa decisiones técnicas personalmente, toma el control y exige resultados a toda velocidad. En Tesla y SpaceX, exempleados hablan de jornadas interminables, presión constante, culturas de miedo, y la productividad como única medida de valor (Business Insider, 2021). Al comprar Twitter, despidió miles de empleados, reescribió las reglas sin consultar a nadie, impuso una conversación pública diferente, y convirtió su estilo personal en política digital. Su manejo del poder: rápido, vertical, sin disenso.
Política y ruptura
En 2024 Musk respaldó la candidatura presidencial de Donald Trump con todo lo que pudo, y se incorporó a su círculo inmediato. Influyó en debates sobre tecnología y libertad de expresión y emprendió iniciativas muy agresivas para adelgazar la burocracia y bajar la deuda pública (The New York Times, 2023; Axios, 2024).
Pero a principios de junio de 2025, diferencias en visión y poder personal acabaron por romper la relación al punto de lanzar acusaciones personales sumamente delicadas. ¿Fue estrategia o convicción? Tal vez buscaba poder político para proteger sus intereses, o para moldear el país y el mundo según su entender. Pero dicho quiebre evidenció algo más: cuando el poder se basa solo en conveniencia, tarde o temprano se destroza.
Otros líderes, otros dilemas
Satya Nadella (Microsoft) y Paul Polman (Unilever) son ejemplos de líderes que han impulsado culturas de empatía, propósito y sostenibilidad. Sin embargo, también enfrentaron contradicciones: Nadella fue criticado por despidos masivos durante récords de ingresos; Polman por operar en países con serias violaciones ambientales o laborales. ¿Deslegitima eso sus mensajes? ¿O humaniza su liderazgo, obligándolos a reflexionar y corregir?
En contraste, la aparente congruencia de Musk —incisiva, directa, inquebrantable— puede parecer más cómoda de seguir. Pero quizás, justo por eso, debiera inquietar. Un liderazgo que nunca duda, ¿realmente escucha y es confiable? ¿No deberíamos sospechar cuando todo parece fluir demasiado bien desde una sola voluntad?
Luces, sombras y estilos
Musk inspira. Ha demostrado que los límites se rompen, que soñar es construir. Pero también deja marcas de desgaste y obediencia ciega. En sus equipos, muchos se sienten reemplazables, y fuera de ellos, muchos lo ven como un reflejo de lo que puede salir mal cuando el poder se concentra sin freno. Su estilo parece más Transaccional—logros a cambio de presión— que Transformacional, el que libera y eleva a las personas; ¿cuál crees que necesitamos aquí y ahora?
¿Y tú?
Elon Musk ha cambiado el mundo, sin duda. Pero su manera de hacerlo nos obliga a mirar dentro de nosotros mismos. ¿Quisieras mandar como él? ¿O estar bajo su mando? ¿Eso te haría mejor, más libre, más humano? Quizá la verdadera revolución no esté en Marte, sino en cómo decidimos liderar… o dejarnos liderar.
Fuentes: Isaacson (2023), *Business Insider*, *The Verge* (2022), *The New York Times* (2023), *Axios* (2024), *Bloomberg* (2023), *The Guardian* (2020), Guardini (1951).
Sobre el autor:
*Mario N. Zavala Ojeda es profesor de Factor Humano del IPADE.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
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