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    Casi una semana después de que inundaciones repentinas provocaran la muerte de al menos 120 personas en Texas, EU, sus autoridades enfrentan un aumento en las críticas y cuestionamientos sobre su gestión de la emergencia y la eficacia del sistema de alertas.

    Hay una razón por la que se llama Flash Flood Alley, la región montañosa de Texas, que es especialmente propensa a inundaciones torrenciales.

    Las inundaciones son comunes en el Hill Country, y a medida que el clima se calienta, la probabilidad de lluvias extremas aumenta. Con el incremento de la temperatura del aire, éste puede retener más humedad, lo que significa que, cuando finalmente llueve, la cantidad de agua es mayor.

    Esta región ha sufrido algunas de las inundaciones más mortales del país. La más reciente comenzó con lluvias inesperadamente intensas: más de 30 cm de agua cayeron en menos de una hora antes del amanecer del viernes pasado.

    En solo cinco horas, según datos del medidor de inundaciones, la altura del río Guadalupe pasó de aproximadamente de 30 centímetros a 10.4 metros, es decir, la altura de un edificio de tres pisos.

    El agua se desbordó de las riberas del río. Ramas de árboles y otros escombros grandes descendieron violentamente por el empinado lecho. Para cuando el nivel del agua bajó ese mismo día, al menos 119 personas habían muerto —muchas de ellas niños— y más de 180 seguen desaparecidas.

    La cadena de factores

    Existen varios factores que hacen al condado de Hill particularmente vulnerable a las inundaciones.

    Gran parte del terreno está cubierto de piedra caliza, lo que impide que el agua se filtre en el suelo. Además, las delgadas capas de tierra de la región pueden saturarse fácilmente —como ocurrió ahora—, dificultando que el terreno absorba el exceso de agua.

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    Casi todas las secciones del río Guadalupe se han inundado en algún momento, con un total de nueve inundaciones registradas en los últimos 20 años. En octubre de 1998, se produjo una inundación de magnitud similar en cuestión de horas, afectando zonas que nunca antes se habían inundado.

    “Fue la inundación que muchos creían que nunca ocurriría”, señala una guía de seguridad emitida en 1999 por la Autoridad del Río Guadalupe-Blanco y FEMA. Antes de esa fecha, la autoridad había registrado inundaciones importantes en 1936, 1952, 1972, 1973, 1978, 1987, 1991 y 1997.

    La mayoría de las víctimas de la tragedia de la semana pasada se encontraban en la ciudad ribereña de Kerrville y sus alrededores, donde el río Guadalupe se desbordó e inundó la zona en cuestión de horas.

    “Este es el valle fluvial más peligroso de Estados Unidos”, declaró el viernes ante la prensa el juez del condado de Kerr, Rob Kelly.

    Como parte de un análisis rápido de las condiciones durante la inundación, un equipo de científicos europeos descubrió que Hill Country ha recibido hasta un 7% más de precipitaciones en promedio durante el periodo 1987–2023, en comparación con el promedio de 1950–1986.

    “Eventos de este tipo ya no son excepcionales en un mundo en calentamiento”, afirmó Davide Faranda, del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), al publicar el informe.

    El cambio climático predispone a inundaciones más frecuentes e intensas. La crecida repentina que arrasó el campamento Mystic durante la noche, cuando la población era más vulnerable, demuestra el costo letal de subestimar este fenómeno.

    Con información de Reuters

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