El mayor efecto si todos encendieran las luces al mismo tiempo sería un aumento en la demanda de electricidad, ya que la mayoría de las personas en el mundo la utiliza para hacer funcionar sus luces.
La electricidad es una forma de energía que se genera utilizando diversos combustibles. Las centrales eléctricas son instalaciones que producen electricidad a partir de fuentes como el carbón, el gas natural, el uranio, el agua, el viento y la luz solar. Luego, esta energía se introduce en una red de transmisión y distribución denominada red eléctrica, que la suministra a hogares y empresas.
Para mantener la estabilidad del sistema, la electricidad debe suministrarse según la demanda. Cuando alguien enciende una luz, consume energía de la red, y un generador debe aportar de inmediato la misma cantidad de energía. Si el sistema se desequilibra, incluso por unos segundos, puede producirse un apagón.
Los operadores del sistema utilizan sensores y computadoras sofisticadas para monitorear la demanda eléctrica y ajustar la producción según sea necesario. La demanda total de energía, conocida como carga, varía considerablemente de una hora a otra y de una estación a otra.
Para entenderlo, piense en cuánta electricidad consume su hogar durante el día en comparación con la medianoche, o durante una ola de calor en verano frente a un día fresco de otoño.
Satisfacer un aumento de demanda
Si todos encendieran las luces al mismo tiempo en todo el mundo, se generaría una enorme y repentina demanda de electricidad. Las centrales eléctricas tendrían que aumentar rápidamente su generación para evitar un colapso del sistema, pero cada tipo de central responde de forma distinta a los cambios en la demanda.
Las centrales de carbón y nucleares pueden generar grandes cantidades de electricidad en casi cualquier momento, pero si están fuera de servicio por mantenimiento o fallas, su reinicio puede tardar muchas horas. Además, responden lentamente a los cambios en la carga.
Las centrales que queman gas natural pueden adaptarse más rápidamente, por lo que suelen utilizarse para cubrir picos de demanda, como las tardes calurosas de verano.
Las fuentes renovables como la solar, eólica e hidroeléctrica generan menos contaminación, pero no son tan fáciles de controlar, ya que dependen de condiciones variables como el sol o el viento.
Los operadores de la red utilizan baterías de gran capacidad para regular el flujo de energía, pero actualmente no es posible almacenar suficiente electricidad en ellas como para abastecer a una ciudad entera: serían demasiado caras y se agotarían rápidamente.
En cambio, algunas centrales hidroeléctricas bombean agua a lagos durante los periodos de baja demanda y la liberan posteriormente para generar electricidad, haciéndola pasar por turbinas.
¿Colapso total?, poco probable
Afortunadamente, si todos encendieran sus luces al mismo tiempo, dos factores podrían evitar un colapso total. Primero, no existe una única red eléctrica mundial. La mayoría de los países cuentan con sus propias redes o con varias redes regionales.
Las redes vecinas, como las de Estados Unidos y Canadá, suelen estar interconectadas, lo que permite compartir electricidad entre países. Sin embargo, estas conexiones pueden desconectarse rápidamente, por lo que es poco probable que todas las redes colapsen simultáneamente.
En segundo lugar, en los últimos 20 años las bombillas LED han sustituido muchas lámparas antiguas. Los LED funcionan de manera diferente a las bombillas tradicionales y producen más luz por unidad de electricidad, consumiendo menos energía de la red.
Según el Departamento de Energía de EU, el uso de bombillas LED le ahorra al hogar promedio unos 225 dólares al año. En 2020, casi la mitad de los hogares estadounidenses usaban LED para la mayoría o la totalidad de sus necesidades de iluminación.
Más luz, menos estrellas
Además de alimentar las luces, también es importante pensar en adónde va toda esa luz. Un aumento repentino de la iluminación generaría un notable incremento del resplandor del cielo, esa neblina luminosa que cubre pueblos y ciudades por la noche.
El resplandor del cielo se produce cuando la luz se refleja en la neblina y en partículas de polvo en el aire, generando un brillo difuso que opaca el cielo nocturno. La luz es difícil de controlar: por ejemplo, puede reflejarse en superficies como ventanas o pavimentos.
Con frecuencia, la iluminación nocturna es excesiva. Piense en edificios de oficinas vacíos con las luces encendidas las 24 horas, o en farolas que iluminan hacia arriba en lugar de hacia abajo, en calles y banquetas que sí requieren iluminación. Incluso los sistemas bien diseñados pueden contribuir al problema, haciendo que las ciudades sean visibles desde el espacio… y las estrellas invisibles desde la Tierra.
Esta contaminación lumínica puede afectar la salud humana al alterar los ciclos naturales de sueño y vigilia. También puede desorientar a insectos, aves, tortugas marinas y otros animales silvestres.
Si todos encendieran las luces al mismo tiempo, habría un ligero aumento en el consumo de energía, pero una gran cantidad de brillo en el cielo… y ninguna estrella visible. No sería una vista muy atractiva.
*Harold Wallace es Curador de las Colecciones de Electricidad del Museo Nacional de Historia Estadounidense del Instituto Smithsoniano.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation
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