Por Ana Peña, directora de comunicación para las Américas en Intel
Imagina que al llegar a la oficina por la mañana, tu computadora ya te tiene todo listo: ya revisó tu calendario, resumió los puntos clave de la última junta del día anterior, te recuerda que tienes una reunión con números difíciles, detectó que tienes 6 videollamadas seguidas y te sugiere reagendar dos. ¡Fiuff! Descubrir que tu computadora ya trabajó para que tu mañana no sea tan caótica suena a ciencia ficción, pero hoy es otro martes con inteligencia artificial (IA).
Los CEO ya no son solo líderes visionarios, son líderes aumentados. Hoy, la IA ya no es solo un boom, es la base sobre la que se construye todo lo demás. Hace poco, un estudio de Gartner confirmó lo que ya intuíamos: la IA dejó de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en la nueva infraestructura invisible del liderazgo y la estrategia ejecutiva. Igual que no dices “hoy usaré electricidad”, simplemente enciendes la luz, los ejecutivos ya dejaron de ver la IA como una herramienta opcional, convirtiéndola en la palanca clave para reinventar modelos de negocios, operaciones y potenciar el talento humano.
Más que un gadget: la IA como copiloto estratégico
Hoy, la IA no compite con la intuición de los líderes, la refuerza. Una encuesta reciente sobre el uso de AI PC –computadoras con inteligencia artificial– en el entorno empresarial, reveló que 74% de los líderes ya integra el análisis de IA en su toma de decisiones, y que el 44% admite que, si los datos son más sólidos, están dispuestos a cambiar el rumbo. No es desconfianza hacia sus propias decisiones o las de su equipo, es sumar un partner –ultrainteligente y extrarrápido– que evita jugadas a ciegas. Recurrir a la tecnología para procesar datos complejos, anticipar cambios de mercado o riesgos operativos, y ganar tiempo es liderazgo inteligente y un sprint hacia una nueva forma de operar, adaptarse y crecer.
Si antes parecía un lujo discutir sobre algoritmos, ahora lo que manda es cómo integrarlos en el corazón de la organización. Pero, ojo aquí, porque no basta con tener la tecnología; falta preparar a la gente que la debe operar. Esto no significa buscar nuevo talento afuera. Se trata de capacitar al equipo actual para que la IA deje de ser “tecnología ajena” y se convierta en una aliada cotidiana. Pensemos entonces en programas que integren IA en cada rol —desde finanzas hasta recursos humanos— para que dejen de hablar de IA y empiecen a consultarla, entenderla, usarla y mejorar con ella.
El nuevo liderazgo no se mide por intuición vs. datos, sino por la capacidad de combinar ambos en tiempo real. El salto no está en encender un gadget futurista, sino en reformular cómo pensamos, organizamos y trabajamos todos los días. Está muy claro: no se trata de esperar la ola, sino de tener la tabla lista para surfearla.
La IA ya está en manos de los grandes
Mastercard y Google utilizan inteligencia artificial para detectar fraudes en tiempo real, Microsoft la integra en el día a día de Satya Nadella –su CEO–, Pfizer aceleró el desarrollo de la vacuna contra COVID-19 con IA que analizaba millones moléculas y simulaba escenarios clínicos a gran escala, JP Morgan ya transformó la revisión de contratos legales en un proceso de minutos, Unilever identifica tendencias antes de que aparezcan en los estantes. Intel tiene su propio chatbot para uso interno y usa IA para predecir fallas en chips o equipos antes de que siquiera ocurran. La lista crece cada día.
La IA ya no es un accesorio, es una compañera estratégica presente en el día a día. Ahorra tiempo, mejora decisiones y activa operaciones con visión y empatía. Y lo mejor: es invisible, trabaja en silencio, está en todas partes, está lista para anticiparse y… lo hace sin pedir aplausos (ni aumentos).
Del concepto a la práctica: mini-playbook para el CEO aumentado
Todo esto suena inspirador, pero lo más interesante es ver cómo ya ocurre en la práctica. Los grandes líderes y compañías no están hablando de IA en abstracto: la están usando, todos los días, para resolver problemas reales y acelerar resultados.
La inspiración ya no basta. Lo que separa a un líder visionario de un líder aumentado es su capacidad de aterrizar la visión en acciones medibles hoy. Aquí un marco práctico para empezar hoy mismo:
1) Identifica tus 3 decisiones críticas semanales. Pregúntate: ¿qué decisiones mueven más la aguja en mi negocio? Usa IA para contrastar tu intuición con datos sólidos, y verás cómo el copiloto ilumina ángulos que antes no estaban en el radar.
2) Evalúa el “IA-readiness” de tu equipo. No se trata de contratar nuevo talento, sino de elevar al que ya tienes. Detecta qué áreas necesitan entrenamiento inmediato —finanzas, marketing, supply chain, recursos humanos— y define un plan de capacitación que haga de la IA un recurso cotidiano.
3) Define una métrica clara de impacto. ¿Es ahorro de tiempo, reducción de errores, precisión en pronósticos, eficiencia operativa? Elige una métrica y mide el antes y el después. Así conviertes la IA de concepto abstracto en resultados tangibles para el consejo y los inversionistas.
Y la buena noticia es que ya no hablamos de ciencia ficción: la IA no solo está en la nube, también vive en el edge. ¡Sí! El verdadero poder de la IA ya no vive solo en enormes centros de datos lejanos. Hoy también corre en el edge –en nuestras laptops y dispositivos de trabajo–, funcionando incluso sin WiFi y de manera más sustentable. Eso significa que los líderes pueden acceder a insights y asistencia en tiempo real, justo donde y cuando las decisiones ocurren.
Los CEO no se pueden dar el lujo de esperar. En un mundo donde las crisis viajan a la velocidad de una publicación en X, los mercados cambian en horas y la información se multiplica cada segundo, un líder sin IA es como un piloto de la Fórmula 1 sin tablero digital: sabe manejar, pero no ve la temperatura del motor ni el estado de las llantas.
La gran transformación no es solo tecnológica, es humana. La IA dejó de estar escondida en la nube para sentarse al lado del líder. Y en lugar de competir con su intuición, la potencia: libera tiempo, quita ruido y amplifica lo que hace único a un CEO –algo que la inteligencia artificial nunca podrá replicar completamente–.
La pregunta no es si usaremos IA para liderar mejor, sino qué tan rápido estamos dispuestos a convertirla en nuestro copiloto estratégico para tomar mejores decisiones, más ágiles y menos riesgosas.
Y eso no es solo una frase bonita: es una realidad impulsada por datos duros. Según una encuesta global del IBM Institute for Business Value, 61% de los CEO ya está adoptando agentes de IA activamente, y espera que sus inversiones se dupliquen en los próximos dos años. Otro dato poderoso: 89% de los líderes ejecutivos considera la IA como tecnología más crítica para garantizar la rentabilidad futura y mantenerse competitivo. Un estudio de IDC e Intel prevé que el gasto en IA en América crezca a una tasa anual compuesta del 32.9% a partir de 2023 para alcanzar $477,800 millones de dólares en 2028.
En 2025, un CEO que no lidera con la ayuda de la inteligencia artificial no solo se queda atrás: lidera con el parabrisas empañado. La ventaja no está en quien tenga más algoritmos, sino en quien entienda primero que liderar ya no es un viaje en solitario. El liderazgo aumentado no es un destino: es la manera en que ya se conduce, inspira y decide en el presente.
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