Cuando los homicidios se cuentan por decenas cada mes, es complejo el detenerse a las particularidades e inclusive detectar patrones de comportamiento de los asesinos.
Ante la urgencia, solemos contentarnos con los partes policiacos sobre víctimas o abatidos.
Pero detrás de esta oleada de muerte, se asoman historias que dan pistas sobre uno de los fenómenos más lacerantes: el feminicidio.
A las mujeres se les mata con violencia inaudita y en la actualidad se trata de buscar enfoques que no revictimicen, que se pongan en los zapatos de las víctimas y sus familias cuando de lo que se trata es de escribir una historia, que explique, por supuesto, pero que también tenga el sustento suficiente para buscar la reducción de la impunidad.
A ello se aboca Lydiette Carrión en “Feminicidio Mítico” (Debate 2025), un ejercicio de reflexión sobre esquemas culturales, vasos comunicantes entre el negocio del glamur y la muerte, pero sobre todo en la búsqueda de ángulos que permitan centrarse en quienes fueron atacadas y no solo en los atacantes.
¿Cómo es posible que actos de violencia extrema conduzcan a piezas publicitarias de vestidos, perfumes o zapatos? ¿Por qué a las mujeres les interesa, aún más que a los hombres, las historias de crímenes?
Acaso porque las mujeres han padecido la violencia a lo largo del tiempo y se encuentran expuestas a diversos riesgos que no han tenido una explicación que no provenga de los perfiles de los propios victimarios.
Una terea compleja a la que Carrión se enfrenta con las herramientas del periodismo, indagando en legajos judiciales, como los que se refieren a los crímenes de Gregorio “Goyo” Cárdenas en los años cuarenta del siglo pasado, en la vorágine de las muertas de Juárez o los recovecos de los homicidios de Elizabeth Short, “la Dalia Negra” en Los Ángeles, California.
Sobre el “Goyo” Cárdenas propone el mirar desde la óptica de las mujeres que fueron sus víctimas. No es una tarea menor, porque hay que tener presente que ese asesino serial nunca recibió condena y que al paso de los años fue mostrado como ejemplo de la rehabilitación social.
Los hallazgos de Carrión se describen en las pautas de la impunidad que ya imperaban desde aquellos años, pero también en el imperativo de las influencias. Si Gabriela, una de las víctimas no hubiera sido la hija de un notable abogado penalista Manuel Arias, y amigo del director del Servicio Secreto, Leopoldo Treviño Garza, quizá los otros tres asesinatos o los que se hubieran producido a lo largo del tiempo, habrían quedado sepultados en el olvido.
Con los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, en la década de los noventa, lo que hubo que enfrentar no solo fue la impunidad, sino las versiones, muchas de ellas fantasiosas que impedían que se aquilatara, en toda su extensión, el problema que se estaba desarrollado. Carrión, para clarificar el asunto, recurre a periodistas que cubrieron aquello años en el desierto y que alcanzaron a develar, mejor que las autoridades, que lo que se estaba padeciendo era una oleada de feminicidios, muchos de ellos ocurridos en el ámbito familiar de las víctimas.
“Femicidio mítico”, una obra que ayudará a iluminar zonas oscuras y donde hay más de una sorpresa.
Sobre el autor:
Twitter: @jandradej
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