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    La Ciudad de México convive con los datos y la emoción, la numeralia y la multitud. Su capacidad para convocar a miles a disfrutar sin tensión y reconocer en el espacio público un motivo de orgullo compartido contrasta con los datos de percepción.

    Mientras la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI señala un repunte en la percepción de inseguridad, la ciudad muestra una fuerza social, turística y económica que no encaja con la idea de una urbe insegura.

    El fenómeno no es nuevo. La capital nacional atraviesa una etapa de concertación cívica, institucional y empresarial traducida en eventos de escala global, entre ellos el Gran Premio de Fórmula 1, que volvió a llenar hoteles, restaurantes y calles con energía económica.

    ¿Cómo se explica esta dualidad? La respuesta está en la diferencia entre percepción estadística y confianza práctica. El filósofo Jürgen Habermas sostuvo que la esfera pública no se reduce a la opinión, sino que se construye en la acción comunicativa, en los acuerdos de la ciudadanía con las instituciones para convivir en un mismo espacio. Los grandes eventos no son simples espectáculos, sino ejercicios de confianza social. Miles de personas en un evento multitudinario en paz implican un pacto tácito entre gobierno, ciudadanía y sector privado.

    La gestión de Clara Brugada al frente del gobierno capitalino ha heredado una ciudad con infraestructura de seguridad más consolidada. La Fórmula 1, cada año, pone a la capital a prueba y, cada año también, supera el reto. No hay indicador de satisfacción más certero que el regreso de las y los visitantes.

    Además de la derrama económica estimada en cerca de 21 mil millones de pesos hay una derrama de confianza. El Gran Premio no solo genera ingresos, produce relato: el de una urbe capaz de organizar, proteger y exhibir su diversidad.

    Las imágenes del desfile de pilotos, los accesos ordenados al Autódromo Hermanos Rodríguez, las miles de personas transitando en calma, los servicios de emergencia listos sin sobresaltos, la videovigilancia desde una de las dos unidades móviles del C5 constituyen una narrativa visual de estabilidad. Esa narrativa se contrapone a la cifra seca de la ENSU, que no capta la experiencia colectiva. Hay una diferencia sustancial entre lo que la gente teme y lo que realmente experimenta.

    El futuro de la CDMX como capital global no depende de negar los datos de la ENSU, sino de interpretarlos en su contexto. La encuesta mide temores individuales, los eventos miden confianza que se puede traducir en inversión: cuando las personas salen, participan y disfrutan, activan la economía local y legitiman la acción pública. El Gran Premio es una de las expresiones más sofisticadas de la economía del bienestar urbano.

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