La utilización y consumo del cannabis tiene -al menos- presencia documentada en la historia de la humanidad de unos 10 mil años, ya sea en rituales de iniciación, ceremonias de corte religioso, recreación, experiencias trascendentes, tratamientos medicinales alternativos, aparece en relatos de todo tipo, recetas, canciones, odas, sagas.
Tan solo en los Estados Unidos la industria de esta planta y sus derivados representa un mercado valuado en 32 mil millones de dólares. No solo eso es un ramo productivo que acarrea una enorme derrama de ingresos en más de 40 sectores económicos.
Actualmente, además del consumo lúdico de ya miles de variedades del cannabis, se comercializan alimentos, cosméticos, bebidas, infusiones, derivados, concentrados, golosinas, comida, esencias, aditivos, en formatos como gomitas, gotas, pastelería, panes, antojitos y toda una gran variedad de presentaciones cuyo único límite es la imaginación.
Todos los días surgen marcas, empresas, novedades, productores, investigadores, analistas, influencers, emprendedores, inventores y/o líderes de opinión que se suman a movimientos que impulsan la industria.
La medida decretada por la Administración Trump significa primero una atracción de primer nivel a los inversionistas y muchos segmentos que se mantenían en reserva para participar en ese mercado, abre las puertas a jugadores mas grandes y -sobre todo- ya tuvo un impacto positivo en el incremento del valor de las acciones y activos de los actuales protagonistas.
Prácticamente todo el sector global (unos 225 mil millones en el mundo) también ha reaccionado de manera similar.
La reclasificación genera certidumbre para el capital, facilita y hace mas transparente el destino y uso de los recursos y se transformará paulatinamente también en claridad fiscal abriendo mayores posibilidades para garantizar la calidad de los productos ofertados.
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Desde hace ya varios años, se vienen discutiendo los formatos y mecanismos legales para que los médicos puedan discutir y someter a consideración de sus pacientes los riesgos y beneficios de los cannabinoides, eliminar las barreras para la investigación y los métodos para el uso supervisado y controlado del cannabis.
En este sentido, se favorece también la investigación médica y será ahora posible incrementar las aplicaciones en tratamientos del dolor crónico, enfermedades terminales, ansiedad, stress, trastornos alimenticios y muchos más.
Particularmente hay una oleada de interés sobre lo que se puede hacer y ahora será sujeto de experimentación más solida y abierta en sustancias como el CBD, encuestas, reportes, datos y estadísticas podrán ahora dar a los consumidores la oportunidad de disponer de información confiable, confirmada y actualizada sobre sus beneficios y efectos secundarios.
Sin duda en todo el sector abra una mejora puesto que ahora se facilita hasta la cadena logística de aprovisionamiento, certificación de calidad, control de insumos, uso de maquinaria y equipo de laboratorio e instalaciones agrícolas.
Muy importante ahora es que se reduzca el impacto ambiental, se incremente el uso de tecnologías de conservación, tratamiento y uso reducido de agua, junto con las de biorremediación y uso de fertilizantes y plaguicidas completamente orgánicos, eliminando el uso de químicos peligrosos.
Cuidar la salud del consumidor resulta fundamental por lo que -por ejemplo- el uso del sargazo como biofertilizante de alto rendimiento representa una oportunidad de negocios muy relevante.
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Como siempre, en un debate político existen contrapartes que se oponen históricamente a la reclasificación, motivo de preocupación siempre serán los menores de edad y los jóvenes, así como los accidentes y violencia ligados al consumo recreativo.
En línea con ello, se encienden las alertas sobre un posible aumento de casos de negligencia y abuso familiar, ausentismo laboral y escolar, baja productividad, desórdenes psicológicos, afectaciones a adultos mayores y los efectos nocivos de publicidad y abierta tolerancia en lugares públicos.
Siempre resulta complicado que en aras de la bonanza económica se pueda llegar a la permisividad, excesos y efectos colaterales indeseados.
Los no consumidores consideran de alto riesgo que personas bajo los efectos del cannabis puedan operar equipo, maquinaría, practicar tareas sensibles, manejar o que la convivencia familiar y la seguridad personal se pueda ver afectada por su presencia constante e inestable.
Para quienes están a favor, este es un paso trascendente y en línea hacia la legalización a nivel federal; una victoria para las organizaciones que promueven derechos, libertades, tradiciones históricas y un avance precisamente para mostrarle a la sociedad como convivir y armonizar las normas locales, estatales y federales respecto del cannabis.
La reclasificación del cannabis estimula el potencial de crecimiento para extender sus aplicaciones en todas las áreas de desarrollo económico.
Más allá del consumo lúdicos, la industria también produce materiales, telas, plásticos, papel, hilos, filtros, muebles, combustibles, fertilizantes, enseres y artículos reciclables pueden obtenerse de fibras y biomasa principalmente del cáñamo.
Como siempre el debate es intenso, pero la medida apunta a una realidad visible, obvia, una actividad e industria que crece todos los días, reporta ganancias, se expande, consolida e impulsa las economías locales.
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