Imagina ir al hospital por una infección bacteriana en el oído y escuchar a tu médico decir: “Nos hemos quedado sin opciones”. Puede sonar dramático, pero la resistencia a los antibióticos está acercando ese escenario a la realidad para un número creciente de personas. En 2016, una mujer de Nevada murió por una infección bacteriana que era resistente a los 26 antibióticos disponibles en Estados Unidos en ese momento.
Solo en EE. UU., se registran más de 2.8 millones de enfermedades resistentes a los antibióticos cada año. A nivel mundial, la resistencia a los antimicrobianos está relacionada con casi 5 millones de muertes anuales.
Las bacterias evolucionan de forma natural, lo que puede hacer que los medicamentos destinados a matarlas sean menos efectivos. Sin embargo, cuando los antibióticos se usan en exceso o de manera inadecuada en medicina o agricultura, estas presiones aceleran el proceso de resistencia.
A medida que las bacterias resistentes se propagan, los tratamientos que salvan vidas enfrentan nuevas complicaciones: infecciones comunes se vuelven más difíciles de tratar y cirugías rutinarias se vuelven más riesgosas. Frenar estas amenazas a la medicina moderna requiere no solo un uso responsable de antibióticos y buena higiene, sino también conciencia sobre cómo las acciones cotidianas influyen en la resistencia.
Desde la creación de los antibióticos en 1910 con la introducción del Salvarsán, un medicamento sintético usado para tratar la sífilis, los científicos han estado alertando sobre la resistencia. Como microbiólogo y bioquímico que estudia la resistencia a los antimicrobianos, identifico cuatro tendencias principales que marcarán cómo la sociedad enfrentará la resistencia a los antibióticos en la próxima década.
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1. Diagnósticos más rápidos: la nueva primera línea
Durante décadas, tratar infecciones bacterianas implicaba mucha intuición. Cuando un paciente muy enfermo llega al hospital y los médicos aún no saben qué bacteria causa la enfermedad, a menudo comienzan con un antibiótico de amplio espectro. Estos medicamentos matan muchos tipos de bacterias a la vez, lo cual puede salvar vidas, pero también expone a muchas otras bacterias del cuerpo a los antibióticos. Mientras algunas bacterias mueren, las que permanecen continúan multiplicándose y transmitiendo genes de resistencia entre distintas especies bacterianas. Esa exposición innecesaria permite que bacterias inocuas o no relacionadas se adapten y desarrollen resistencia.
En contraste, los antibióticos de espectro estrecho solo atacan un pequeño grupo de bacterias. Los médicos prefieren este tipo de antibióticos porque tratan la infección sin afectar a otras bacterias. Sin embargo, puede tomar varios días identificar la bacteria exacta causante de la infección. Durante ese tiempo de espera, los médicos a menudo sienten que no tienen otra opción que iniciar tratamiento de amplio espectro, especialmente si el paciente está grave.
Pero la nueva tecnología podría acelerar la identificación de patógenos bacterianos, permitiendo realizar pruebas médicas directamente en el paciente en lugar de enviar muestras y esperar días por resultados. Además, avances en secuenciación genómica, microfluídica y herramientas de inteligencia artificial están haciendo posible identificar especies bacterianas y antibióticos efectivos en horas en lugar de días. Herramientas predictivas incluso pueden anticipar la evolución de la resistencia.
Para los médicos, mejores pruebas podrían ayudar a diagnosticar más rápido y a planear tratamientos más efectivos que no empeoren la resistencia. Para los investigadores, estas herramientas muestran la necesidad urgente de integrar diagnósticos con redes de vigilancia en tiempo real que rastreen patrones de resistencia a medida que emergen.
Los diagnósticos por sí solos no resolverán la resistencia, pero proporcionan la precisión, velocidad y alerta temprana necesarias para mantenerse un paso adelante.
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2. Más allá de los antibióticos tradicionales
Los antibióticos transformaron la medicina en el siglo XX, pero depender solo de ellos no será suficiente en el siglo XXI. La cantidad de nuevos antibióticos sigue siendo preocupantemente baja y la mayoría de los medicamentos en desarrollo son estructuralmente similares a los existentes, lo que limita su efectividad potencial.
Para mantenerse a la vanguardia, los investigadores invierten en terapias no tradicionales, muchas de las cuales funcionan de manera fundamentalmente diferente a los antibióticos estándar.
Una dirección prometedora es la terapia con bacteriófagos, que utiliza virus que infectan y matan bacterias dañinas de manera específica. Otros exploran terapias basadas en el microbioma para restaurar comunidades bacterianas saludables que desplazan a los patógenos.
También se desarrollan antimicrobianos basados en CRISPR, usando herramientas de edición genética para desactivar con precisión genes de resistencia. Nuevos compuestos como los péptidos antimicrobianos, que perforan las membranas bacterianas para matarlas, muestran potencial como medicamentos de próxima generación. Paralelamente, se diseñan sistemas de nanopartículas para transportar antimicrobianos directamente a los sitios de infección con menos efectos secundarios.
Más allá de la medicina, los científicos estudian intervenciones ecológicas para reducir el movimiento de genes de resistencia a través del suelo, aguas residuales, plásticos, ríos y otros reservorios ambientales clave.
Muchas de estas opciones aún están en etapas iniciales y las bacterias podrían eventualmente adaptarse a ellas. Pero estas innovaciones reflejan un cambio importante: en lugar de apostar por un solo antibiótico, los investigadores construyen un conjunto de herramientas más diverso y resiliente para combatir bacterias patógenas resistentes.
3. Resistencia antimicrobiana fuera de los hospitales
La resistencia a los antibióticos no se limita a los hospitales. Se mueve a través de personas, fauna, cultivos, aguas residuales, suelo y redes comerciales globales. Esta perspectiva amplia, que incorpora los principios de “One Health” (Una Salud), es esencial para entender cómo los genes de resistencia viajan por los ecosistemas.
Los investigadores reconocen cada vez más los factores ambientales y agrícolas como impulsores importantes de la resistencia, al mismo nivel que el mal uso de antibióticos en clínicas. Esto incluye cómo los antibióticos usados en la ganadería generan bacterias resistentes que se transmiten a las personas; cómo los genes de resistencia en aguas residuales sobreviven a los sistemas de tratamiento y llegan a ríos y suelos; y cómo granjas, plantas de tratamiento y otros puntos ambientales se convierten en centros de rápida propagación de resistencia. Incluso los viajes internacionales aceleran el movimiento de bacterias resistentes entre continentes en horas.
Estas fuerzas muestran que la resistencia a los antibióticos no es solo un problema hospitalario, sino ecológico y social. Para los investigadores, esto implica diseñar soluciones interdisciplinarias, integrando microbiología, ecología, ingeniería, agricultura y salud pública.
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4. Políticas sobre los tratamientos del futuro
Las compañías farmacéuticas pierden dinero desarrollando nuevos antibióticos. Como se usan de manera limitada para preservar su efectividad, a menudo venden pocas dosis y no recuperan los costos de desarrollo incluso después de la aprobación por la FDA. Varias compañías de antibióticos han quebrado por esta razón.
Para fomentar la innovación, EE. UU. considera cambios importantes de política como la Ley PASTEUR. Este proyecto bipartidista propone crear un modelo de pago por suscripción que permitiría al gobierno federal destinar hasta 3,000 millones de dólares durante cinco a diez años para pagar a fabricantes por el acceso a antibióticos críticos en lugar de pagar por cada pastilla.
Organizaciones de salud global, incluyendo Médicos Sin Fronteras, advierten que la ley debe incluir compromisos más fuertes con la administración responsable y el acceso equitativo.
Aun así, el proyecto representa una de las propuestas de política más significativas relacionadas con la resistencia antimicrobiana en la historia de EE. UU. y podría determinar qué antibióticos existirán en el futuro.
El futuro de la resistencia a los antibióticos
La resistencia a los antibióticos a veces se presenta como una catástrofe inevitable. Pero la realidad es más esperanzadora: la sociedad entra en una era de diagnósticos más inteligentes, terapias innovadoras, estrategias a nivel ecológico y reformas de políticas destinadas a reconstruir la línea de antibióticos además de promover su uso responsable.
Para el público, esto significa mejores herramientas y sistemas de protección más fuertes. Para investigadores y responsables de políticas, implica colaborar de nuevas maneras.
La cuestión ahora no es si existen soluciones a la resistencia a los antibióticos, sino si la sociedad actuará lo suficientemente rápido para implementarlas.
*André O. Hudson es Decano de la Facultad de Ciencias y profesor de Bioquímica en el Instituto Tecnológico de Rochester.
Este artículo fue publicado originalmente por The Conversation
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