Cuando los despechados cantan la música que les sana el corazón, lo hacen sin saber que hay una pelea por definir quién fue el primero que instauró este concepto de negocio en México, si Sala de Despecho o El Despecho.
La Sala de Despecho nació como una cantina en Guadalajara, mientras que el Despecho fue creado en Ciudad de México bajo el mismo concepto de negocio.
Ambos compiten por atraer al mayor número de despechados para que entonen las canciones de Lupita D’Alessio, Juan Gabriel, Rocío Dúrcal, Ana Gabriel, Yuri, José José, Luis Miguel, Leo Dan, Sandro, Marisela, Camilo Sesto, entre otros, para así, aliviar el alma con los éxitos musicales.
La música del despecho pasó de ser una cura del desamor a un negocio, que en los últimos dos años creció en diferentes ciudades del país.
Lo mismo hay una Sala de Despecho o un Despecho en Polanco que en San Pedro Garza García, el municipio con el mayor producto interno bruto por habitante en América Latina, que en Guadalajara, Querétaro, Cancún, Tijuana, Playa del Carmen, Miami, Las Vegas, Caracas y hasta Madrid.
Esto demuestra el éxito de las canciones de desamor y despecho, en medio de una lucha por la marca registrada en México. La pelea inició en medio del silencio.
Todo comenzó cuando Difusión 11700, —una empresa propiedad de Alejandro Mondlap Krinky, Raúl Sutton Cano y Jacobo Maya Ninio—, reclamó a la Comercializadora VNA, —una firma fundada por los hermanos Octavio Manuel, Ricardo y Sofía Altamirano Ochoa—, ser dueños de la marca registrada Despecho y que cualquier otro sello parecido que ponga en riesgo a su compañía y genera confusión entre sus clientes.
Sin decirlo, no quieren una copia ni un plagio y mucho menos un establecimiento que les piratee su idea de negocio, conocida como el Despecho.
La Comercializadora VNA, compañía creada por los hermanos Altamirano Ochoa en Guadalajara, registró 19 marcas de Sala de Despecho con la idea de abrir cantinas, bares, discotecas, pubs, restaurantes, centros nocturnos y hasta hoteles en México y el resto del mundo.
Muchos de estos negocios operan, facturan e incursionan en Estados Unidos, España, Venezuela, Colombia, Costa Rica, Guatemala y Ecuador.
Un par de marcas de Sala de Despecho fueron autorizadas y 8 están en standby hasta que haya una sentencia del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).
“La concesión del registro para la solicitud de marca Sala de Despecho, a la que formalmente nos oponemos, violenta los derechos de exclusividad adquiridos por Difusión 11700”, advierten los abogados de Alejandro Mondlap Krinky, Raúl Sutton Cano y Jacobo Maya Ninio.
La empresa de Alejandro Mondlap Krinky, Raúl Sutton Cano y Jacobo Maya Ninio es dueña de un conglomerado de restaurantes reconocidos a nivel nacional.
“Como parte de su portafolio de restaurantes se encuentra el Despecho, el cual goza de una excelente popularidad y reputación”, señala el reclamo enviado por Difusión 11700 al IMPI.
Actualmente, la compañía tiene restaurantes Despecho en las Lomas, San Ángel, Satélite, Metepec, Querétaro, Aguascalientes, Mazatlán y Ávandaro, así como con un plan para su expansión a lo largo y ancho de México.
Difusión 11700 sostiene en su queja que hay una alta popularidad y reconocimiento del Despecho por el público consumidor, ya que en una búsqueda en Google arroja la cuenta de Instagram, así como artículos de revistas en México.
También presume que más de 4 millones 200 mil personas han reaccionado con un corazón a los videos publicados por el Despacho en la plataforma de Tik Tok.
“La solicitud de marca para Sala de Despecho debe ser negada por el IMPI”, porque es un signo que engaña al público o induce a error, así como crea una indicación falsa y engañosa del cantabar con la marca Despecho.
La marca registrada Despecho es un concepto de restaurante que implica gente cantando y bailando a la par de consumir sus alimentos y bebidas, sostienen los asesores legales de la empresa, que es dueña de otras 57 marcas registradas y otros negocios con otros giros con sede en la Ciudad de México.
“De concederse a registro la solicitud de marca para Sala de Despecho propician en el público consumidor un riesgo inminente de confusión y de posible asociación entre las marcas, lo que ocasionaría una violación a los derechos del Despecho, así como un perjuicio económico evidente”, advierten los abogados de Difusión 11700.
De momento, la Comercializadora VNA dice que está “en suspenso el trámite de la solicitud de la marca Sala de Despecho hasta en tanto se resuelva el procedimiento administrativo correspondiente interpuesto en contra de la marca”.
Los dueños de la Comercializadora VNA son dueños de taquerías, clubes nocturnos, cabarets, comercializadoras, inmobiliarias en Jalisco y la Ciudad de México.
Los hermanos Octavio Manuel, Ricardo y Sofía Altamirano Ochoa, que son nietos de Rigoberto Ochoa Zaragoza, exgobernador de Nayarit, y tienen otras empresas y más de 300 marcas registradas en México.
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