Entre proceso, narrativa y sensibilidad, Le Chique encuentra su lugar dentro del universo de Xcaret Arte.
Fui invitada a vivir una de las primeras experiencias de Le Chique en su nueva etapa dentro de Hotel Xcaret Arte. Llegué sin haber estado antes y creo que eso hizo que todo se sintiera más abierto, más disponible, más revelador.
Desde el inicio entendí que no se trataba de una cena convencional.

La experiencia que vivimos esa noche fue pensada especialmente para quienes fuimos invitados, como una forma de introducirnos al espacio desde distintas perspectivas. No se trató de un recorrido habitual para el comensal, sino de una invitación a descubrir el restaurante desde distintos ángulos. Al llegar, varios de los presentes nos encontrábamos en la terraza, donde la experiencia comienza desde el primer momento. Ahí mismo se acercan con una bebida de bienvenida que preparan al instante, acompañada de un primer aperitivo. Después, la experiencia continuó con una degustación acompañada de champagne, y más tarde nos dirigimos al salón principal.
La arquitectura, los colores, la iluminación y la calidez acompañan ese recorrido de forma natural. Todo está cuidado, pero sin imponerse. Todo fluye.
Ya en la mesa, la experiencia tomó otra dimensión.
Cada platillo fue completamente nuevo para mí. No tenía referencias previas, y eso hizo que cada presentación se sintiera como una sorpresa real. No solo por lo visual, sino por lo que pasaba después: combinaciones inesperadas, contrastes, texturas, una intensidad de sabores que iba cambiando constantemente. También me llamó la atención la forma en que cada elemento era presentado. Hay una claridad, una intención y una manera muy cuidada de comunicar, sin exceso. El maridaje alineado con cada momento termina de sostener la experiencia como un todo.

Desde mi propia experiencia y desde lo que conozco del universo Xcaret, una propuesta que busca integrar cultura, emoción y conexión con el entorno, lo que estaba viviendo no se sentía aislado, sino coherente. No era solo un restaurante dentro de un hotel. Había una intención más amplia detrás de todo.
Esa percepción terminó de confirmarse más tarde, cuando tuve la oportunidad de sentarme a conversar con el chef Jonatán Gómez Luna, cuya propuesta ha sido reconocida con una estrella Michelin.
Más allá del reconocimiento, que sin duda marca un estándar, lo que me interesaba entender era la mirada detrás de todo lo que había vivido hasta ese momento.
Jonatán tiene una trayectoria amplia, construida a lo largo de los años entre México y Europa, donde fue desarrollando una visión que hoy se percibe con claridad en su cocina. Pero más allá del recorrido, lo que se siente es otra cosa: una conexión real con lo que hace.
En octubre, Le Chique cumple 18 años. Y en esta nueva etapa dentro de Hotel Xcaret Arte, esa historia se traduce en una propuesta que va más allá del menú. Por un lado, presenta 18 platos nuevos, uno por cada año de vida del restaurante. Por otro, integra nueve creaciones que han marcado su historia. La suma de ambos no es casual: da como resultado la edad que tenía cuando abrió Le Chique por primera vez.
El menú lleva por nombre Nuevo Sol y esa idea, más allá de lo gastronómico, habla de ciclos, de procesos y de una manera de entender lo que se construye con el tiempo.

Desde mi forma de ver el mundo, esta propuesta me resonó especialmente. Hay algo en esa conexión con los números, con los tiempos y con los momentos de vida que no se siente forzado, sino vivido.
En la conversación, Jonatán se mostró cercano, apasionado y muy claro con lo que está construyendo. También compartió que está trabajando en un libro y en un documental que viene desarrollando desde hace algunos años, proyectos que continúan contando su historia desde otros formatos.
En medio de esa conversación, hubo algo que me pareció especialmente significativo: la manera en la que habló de su familia. No como un dato más, sino como parte esencial de su camino, como un sostén silencioso que acompaña todo lo que ha construido.
El concepto de Nuevo Sol también se entiende desde ahí. No solo habla de una nueva etapa para el restaurante, sino de un momento personal. De volver a empezar desde otro lugar, integrando lo vivido, lo bueno y lo difícil y transformándolo en algo nuevo.



