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    El sello de mr. Trump es una marca personal que llega a todo tipo de mercancías, agua embotellada, casinos, hoteles, transportes, espectáculos, propiedades, instrumentos financieros, bienes, propiedades y hasta billetes; reconocida a nivel mundial, un caso de éxito y referencia en las escuelas de negocios, política, psicología, sociología, economía, historia.

    ¿Cómo no celebrarlo? Si la trayectoria personal del POTUS está llena de ejemplos de estrategia, táctica, descarnada ambición, sospecha, intriga, incertidumbre, no por nada es motivo de documentales, películas, series, relatos, historias, anécdotas, trascendidos, en todo tipo de medios, contenidos y plataformas. 

    No hay un espacio que haya dejado de sacarle provecho, arenas de lucha, escenarios mediáticos, programas, entrevistas, escándalos, aun sus desplantes, sus errores, sus omisiones, hasta sus bailes, todo le es rentable, memorable. Al final beneficioso y expansivo en términos de posicionamiento, imagen, difusión, (confusión), atractivo, interés, diferenciación, unicidad. 

    Maquiavelo, Tsun Zu, Diderot, le podrían dedicar libros enteros y cada día habría un capítulo nuevo, inédito, un nuevo horizonte del uso provocativo, incendiario, simulado, disfrazado, cambiante, cruento y crudo de la estrategia de percepción, comunicación, supresión, dominio, control y estruendo.

    Sin duda, POTUS cumple todos los atributos integrales de lo que debe ser la administración estrategia de la percepción política: única (nadie como tú), distintiva (características personales exclusivas), significativa (me importa, me afecta, me influye), contundente (reconocible, claridad, precisión), extensiva (digna de comentar, replica, relevante) vigente (ayer, hoy, mañana), competitiva (superior, redituable, comparable), vigente (importa ahora), soberana (integral, me pertenece, no ha sido hecha por fuera), autentica (original, sello personal). 

    Se puede estar en desacuerdo, denostar, aberrar y hasta detestar sus hechos, pero siempre mantendrá precisamente ese foco de atención global a toda hora, no importa el ámbito no importa la latitud, género, raza, nacionalidad, religión, ingreso, ocupación, su influencia llega todos los rincones, entiempo real, bajo la premisa de su relevancia, significado y trascendencia.  

    Cada declaración, texto, contenido es un tornado, sismo, cisma en potencia. Hasta las fronteras, las leyes, el Derecho internacional, se cimbran. Las bolsas, los mercados, las cortes internacionales, los organismos globales, los poderes locales y muchos políticos corruptos tiemblan, se despiertan pensando que sigue, quien sigue, cuando les toca, cuando les llega, cuanto les cuesta. 

    A nivel de cancha, le pega a tu bolsillo, a tus ideas, a tus convicciones, a tus libertades y derechos, pero es quien marca el ritmo, tiene los recursos, los utiliza, los gestiona, los aplica, agita y sacude el tablero.

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    Es casi imposible saber cuál será su siguiente jugada, colgado de un hilo, metido en la arena siempre combativo, siempre al acecho. Dejando claro que su espacio le pertenece, que ejerce todo su poder mediático sin la menor duda ni vacilación, sin pausa, con precisión, con efectividad.  

    Es capaz de expresar un halago, una salutación, aplaudir un juego, asistir a una conmemoración de fechas históricas como la sanción más dura y el reporte de bombardeos, ejecuciones y operaciones especiales con el mismo aplomo, la cara inamovible, sin el peso del remordimiento, la textura, el tono, todo en flat, en calma, control, serenidad, impasible, firme, siempre en su cuadro personalizado.

    Sin medida ni clemencia, sin tonalidad ni intermediación, hacer America Grande otra vez es una consigna que ejecuta en el rol de superhéroe, no es un presidente común sino el que asume ese arquetipo de salvador populista, apegado no a la soberanía sino a la superioridad cambiando consenso y acuerdo por la tecnología de punta en materia de guerra.  

    No hay duda, para sus seguidores su firmeza y empecinamiento son marca registrada, sus valores, esencia, no dará un paso atrás, no se rendirá, saldrá vencedor a como dé lugar, no importa los daños colaterales y eso -precisamente- es grandeza.

    En su liderazgo, el rumbo lo mantiene firme, no se ve que nada lo altere, ante la tormenta, el asedio y la crítica, no hay merma, POTUS va en ruta –a veces de colisión- pero nada lo desvía, nada le quita el sueño, ni le preocupa, entre sus seguidores esa resistencia los impulsa a cerrar filas, los motiva, los enciende.

    Ni las versiones de telenovela, sospechas, demandas, juicios, amistades, negocios, historias, pueden desviarle. Calificado y criticado como explosivo, irracional, acelerado, ambicioso, todo eso mas que afectarle parece alimentarlo, su ego se fortalece, le concede la razón, lo hace parecer invulnerable, ese es el prototipo de realizador, con poderes superlativos, con o sin el Congreso, con o sin su partido, con o sin lideres, con o sin aprobación ahí se mantendrá. 

    Se acercan las elecciones intermedias una prueba que pone en la mesa la efectividad de este sello peculiar de marca. La solidez de lo construido, la firmeza de los cimientos, el deseo de continuidad o cambio están en la mesa, cada lado hace sus apuestas.

    La cita llevará a las urnas, las evaluaciones y juicios entre segmentos clave. La reacción de la población (callada, subrepticia o abierta), temas de alto impacto en la vida cotidiana, los efectos populares de la acción de gobierno; el costo económico, político, social de decisiones, actos, eventos, prioridades, consecuencias, responsabilidades.

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