Las tres instituciones que gozan de mayor prestigio entre los mexicanos son las Fuerzas Armadas, los organismos internacionales y la policía, mientras que en el extremo opuesto, los políticos figuran como el sector que menos confianza transmite a la población, todo ello de acuerdo a la “Encuesta sobre los factores que determinan la confianza en las instituciones públicas” de la OCDE, en la que participaron 36 países.
Un escalón más abajo en los índices de credibilidad en México se ubica el servicio civil a nivel nacional, seguido por el de carácter regional, de acuerdo con una nota citada por agencias.
Continuando con la lista, la aceptación desciende al evaluar al gobierno federal, la prensa, la Suprema Corte y el sistema judicial en su conjunto, seguidos de las administraciones estatales, las autoridades locales, el Congreso y los partidos políticos.
Resulta paradójico que la sociedad mexicana mantenga intacto su respaldo a las fuerzas castrenses a pesar de la militarización. Este proceso, que comenzó con la polémica “guerra contra el crimen” de Felipe Calderón a fines de 2006 y se acentuó durante el mandato de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), ha dejado en evidencia diversas irregularidades y abusos militares.
De manera similar, los cuerpos policiales son percibidos como un elemento más confiable que los propios tribunales, aun cuando su desempeño en años recientes ha enfrentado severos cuestionamientos.
Respecto al Poder Legislativo, el informe de la OCDE detalla una brecha muy marcada: la escasa credibilidad de los congresistas se agudiza entre los sectores con mayor grado de estudios, mientras que la población con menor formación académica tiende a otorgarles mayor confianza.
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La encuesta —que evaluó a 36 naciones— advierte que la fe en el aparato judicial es globalmente baja, aunque muestra variaciones según el país. No obstante, diversos analistas sugieren que en México esta percepción podría agravarse tras las recientes reformas legales que imponen la elección de jueces mediante voto popular, eliminando las designaciones indirectas.
El estudio también indagó en las principales urgencias del país. La delincuencia o violencia, la inflación y la corrupción se coronaron como las máximas inquietudes ciudadanas. En un segundo plano quedaron problemas económicos como el desempleo, y sociales como el acceso a la salud, la desigualdad y la vivienda.
En contraste, el cambio climático, la seguridad nacional y la crisis migratoria apenas figuran entre los temas que alarman a los mexicanos.
Finalmente, la evaluación arrojó un 66% de satisfacción en los servicios educativos y un 54% en los de salud, cifras muy lejanas a las de naciones como Finlandia, que ostenta un 85% y 67%, respectivamente.
Todo esto ocurre en un escenario global donde la OCDE advierte sobre profundos retos demográficos, económicos, geopolíticos y tecnológicos. “Las acciones posibles de los gobiernos están limitadas debido a un espacio fiscal cada vez más reducido, procesos internos lentos y grandes dificultades para alcanzar un consenso público y político”, concluyó el organismo.
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