En el “interregno” de la presidencia de Calderón a Peña Nieto se heredó una propuesta que prometía combatir la corrupción, un nuevo modelo anticorrupción. Anclada en el llamado “Pacto por México”, el planteamiento consistía en la creación de una “Comisión Nacional Anticorrupción y Comisiones de las Entidades Federativas”, como un órgano con autonomía, al estilo del INE o del INAI.
Irónicamente, ni la Comisión Nacional Anticorrupción se materializó durante el sexenio de Peña Nieto, ni hoy el INAI existe, al igual que otros órganos autónomos, mientras que otras instituciones se han creado bajo el mandato de la llamada Cuarta Transformación.
A 10 años de la creación del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) es necesario valorar esa estructura, pues finalmente es la apuesta por la que optó el estado mexicano para enfrentar el flagelo de la corrupción.
Recordemos que el Poder Legislativo, con el impulso de organizaciones civiles y académicas, aprobaron en 2015 un mecanismo de coordinación entre distintitas instituciones, con la participación ciudadana, para prevenir, detectar y sancionar el desvío de recursos públicos.
En su momento, la participación de la ciudadanía le dio un sello especial al SNA, así como en cada entidad federativa y, en algunos estados, en los municipios, como es el caso particular del Estado de México con 125 sistemas municipales anticorrupción. Sin embargo, lo cierto es que fue hasta el triunfo del liderazgo de López Obrador que se dotó de contenido el discurso que habla sobre participación ciudadana.
Hace unos días, con motivo de la conmemoración del SNA, la titular de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, Raquel Buenrostro, habló de la necesidad de replantear el enfoque del sistema hacia un objetivo preventivo. Probablemente lo haya dicho pensando en las atribuciones que tiene su Secretaría al investigar faltas administrativas, lo que tendría que robustecerse en los órdenes de gobierno estatales y municipales.
Otro enorme impulso que puede tener el SNA es con la creación de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, ente que ni siquiera está previsto en la estela de instituciones integrantes del sistema, entre otras cosas porque su génesis está en la gestión de la presidenta Claudia Sheinbaum como jefa de gobierno de la CDMX.
Por mucho tiempo se ha hablado, con cierta presunción, de que México cuenta con diversos Sistemas para atender distintos problemas. Sistema Nacional de Transparencia, Sistema Nacional Anticorrupción, Sistema de Mejora Regulatoria, Sistema Nacional de Fiscalización, Sistema Nacional de Archivos y Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica, son algunos ejemplos. Un problema fundamental para analizar, diagnosticar y construir políticas públicas a partir de las informaciones de estos sistemas es la falta de integración de lo que producen para utilizarse en conjunto.
Sin embargo, contar con estándares para información homologados y sistemas tecnológicos compatibles para el manejo de bases de datos va más allá, pues representa un nuevo paradigma del modelo de gestión gubernamental.
La interoperabilidad institucional posibilita el intercambio de información entre las administraciones públicas, y entre éstas y las empresas privadas y los organismos no gubernamentales que deban interactuar con el Estado, con la finalidad de lograr un ecosistema digital único (Nasser, 2021).
Si para el expresidente López Obrador, la medida para erradicar la corrupción fue reivindicar el ejercicio del servicio público a través de la honestidad, para la presidenta Sheinbaum parece que la solución será más ciencia y datos duros. Hasta que los datos “se hablen entre sí” y sean explotados socialmente, podremos ver una luz en el camino y pensar que la lucha contra la corrupción está siendo combatida con inteligencia, honestidad y voluntad política. En ese contexto, el SNA podría tener un horizonte esperanzador.
Sobre el autor:
Palmira Tapia es Maestra en Políticas Públicas por la Universidad de Oxford y Licenciada en Ciencia Políticas y Relaciones Internacionales, por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).
Twitter: @palmiratapia
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