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    La caída del fiscal Alejandro Gertz recuerda a los personajes defenestrados en los regímenes autocráticos. Tuvo todo y se quedó sin nada, o casi nada, en un escenario de pena y sin gloria. 

    Su salida entierra, de una buena vez, el cuento de la independencia de la FGR, y no porque quien sale lo fuera, sino porque ahora se desplegará un proceso de simulación para designar a Ernestina Godoy, más allá de los procedimientos que marca la Constitución. 

    Tan segura está la ahora encargada del despacho de su futuro, que ya procedió a realizar nombramientos y pedir renuncias. 

    Hasta ahora, como no sea por especulaciones, no se conocen las razones de la salida de Gertz, porque aquello de que no presentó el Plan Estratégico de Procuración de Justicia suena inverosímil ya que el rigor en el cumplimiento de las obligaciones legales no suele ser una de las preocupaciones centrales de los senadores que en teoría tendrían que evaluarlo. 

    Además, si aquella omisión fuera motivo para cesarlo, no se entiende que se le premie con un cargo diplomático. 

    Los motivos, por su puesto, están en otro lado, en los reacomodos del propio poder ante las evidencias, cada día más palpables, de una clase política, sumergida en escándalos relacionados con la venta ilegal de combustibles, la riqueza inexplicable y los daños que generó una actitud permisiva ante el crimen organizado. 

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    Pero la historia profunda de la defenestración del ahora exfiscal Gertz no debe hacernos perder de vista que utilizó a la FGR para satisfacer fines personales, acusando sin pruebas y logrando encarcelar a Alejandra Cuevas, su excuñada, con la complicidad de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, donde se llegó al colmo de inventar un delito.

    Otro tanto había que decir del juego de máscaras protagonizado por Emilio Lozoya Austin, quien engatusó al fiscal ofreciendo una historia de corrupción en los más altos niveles del sexenio de Enrique Peña Nieto, aunque lo único que quedó claro es que quien recibió sobornos de Odebrecht fue el propio exdirector de Pemex. 

    A días de caer en desgracia, Gertz autorizó la consignación del expediente para encarcelar al supuesto segundo tirador del caso Colosio, cuando las pruebas indican que solo una persona accionó el arma, Mario Aburto, quien se encuentra en prisión desde hace décadas.

    El desaseo con el que se conducen las cosas debería activar a quienes integraron los grupos que solicitaron “una fiscalía que sirva” y que en estos momentos deben observar, consternados, el adefesio institucional que generaron, cuando fueron los primeros en no respetar, justamente, los periodos en las fiscalías, para tratar de influir en los nombramientos. 

    En el fondo, nos encontramos en una restauración, la de los procuradores designados por la Presidencia de la República, pero no como en el pasado, porque ahí no se regresa, sino en el espanto de un horizonte que pinta más que oscuro. 

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    Twitter: @jandradej

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