Una vez a la semana, los ejecutivos de D’Addario & Company, un fabricante de cuerdas y baquetas para los mejores músicos del mundo, se reúnen en la sede de la compañía para diseñar estrategias sobre cómo responder a la guerra comercial del presidente Donald Trump entre EU y el resto del mundo.
“Literalmente lo llamamos nuestro grupo de trabajo sobre la guerra comercial”, dijo el director ejecutivo John D’Addario III. En abril, Trump generó tanta controversia en el ámbito comercial que se reunían a diario.
Pero, a medida que se acostumbraron a responder a las normas en constante cambio, redujeron sus reuniones a una por semana, con el fin de definir planes que protejan su negocio y aprovechen las oportunidades que puedan surgir.
Sesiones de estrategia como esta se están llevando a cabo en muchas empresas estadounidenses, ya que los aranceles de Trump generan dificultades y costos adicionales en las cadenas de suministro globales construidas durante décadas.
Para D’Addario, una empresa familiar con más de medio siglo de existencia, esto ha implicado analizar todos los aspectos de su negocio para evaluar su exposición, lo que ha dado lugar a estrategias como establecer su propia zona de libre comercio y desviar envíos para evitar aranceles.
Las empresas estadounidenses están aprendiendo que no hay soluciones fáciles para sus problemas comerciales. Lo que parece funcionar una semana puede quedar obsoleto a la siguiente, a medida que cambian los gravámenes o surgen nuevas amenazas.
En los últimos meses, EU ha aplicado un arancel mínimo del 10% a la mayoría de los bienes importados, con tasas más altas para el acero, el aluminio, los automóviles y las autopartes. La guerra comercial ha elevado hasta la fecha el arancel efectivo estadounidense a alrededor del 20%, según el Laboratorio de Presupuesto de Yale, un nivel no visto desde la década de 1930.
D’Addario es uno de los principales fabricantes de accesorios musicales del mundo, con unas ventas anuales de 235 millones de dólares y seis fábricas en EU. Cinco de estas plantas se encuentran en un suburbio de Long Island, incluida una que produce 750 mil cuerdas al día para todo tipo de instrumentos, desde bajos y banjos hasta violas y mandolinas.
La compañía cuenta con una clientela fiel, tanto entre músicos profesionales como aficionados. John Oates, del antiguo dúo de rock Hall & Oates, utiliza sus cuerdas, al igual que el guitarrista de jazz Pat Metheny y el cantante de country Chris Stapleton.
Neil Peart, el difunto baterista de Rush, usaba las baquetas de D’Addario, y la compañía aún vende modelos diseñados específicamente para su estilo, que llevan su firma. Un juego de estas colgaba en la pared de la sala de conferencias donde se reunió el grupo de trabajo una mañana reciente.
Aunque la empresa fabrica casi todos sus productos en EU, su cadena de suministro y distribución es global. Exportan cerca del 45% de su producción a 120 países. Su mayor mercado extranjero es Japón.
El ‘cuarto de guerra comercial’
La presencia global de D’Addario implica que siguen surgiendo nuevas vulnerabilidades. Por ejemplo, uno de los temas de la reunión reciente fue el roble japonés.
D’Addario utiliza esta madera, conocida como roble Shira Kashi, para fabricar una línea de baquetas codiciadas por su durabilidad y tacto. Algunos bateristas no usan otra madera. Pero el costo del material se disparará el 1 de agosto si Trump cumple su promesa de imponer una nueva ronda de aranceles, incluyendo uno del 25% a productos japoneses.
“Realmente no hay ninguna buena alternativa: la gente quiere su roble Shira Kashi”, dijo Hank Sheller, gerente de abastecimiento estratégico, al grupo de ocho ejecutivos reunidos en torno a una mesa de conferencias, tres días después del anuncio presidencial.
El grupo concluyó que, en este caso, un aumento de precio para compensar el arancel sería aceptado por los consumidores, ya que la madera es única.
“Es algo por lo que la gente está dispuesta a pagar”, afirmó D’Addario.
Otros temas de discusión fueron más difíciles de resolver, como el impacto del arancel del 50% al cobre, anunciado al día siguiente de los aranceles a Japón. D’Addario no compra cobre en bruto, sino que adquiere grandes cantidades de varilla de cobre, que luego transforma en hilo ultrafino para enrollar cuerdas musicales.
“El problema es que desconocemos el origen del cobre que recibimos, si es nacional o importado”, dijo D’Addario. “Pero es probable que aumente nuestro costo, incluso si proviene de un proveedor estadounidense”. Y, a diferencia del roble japonés, las cuerdas de cobre son un producto básico, por lo que es poco probable trasladar ese costo al consumidor.
El grupo de trabajo ha encontrado formas de sortear algunos aranceles. Por ejemplo, tras el aumento de aranceles a China, modificaron el sistema de envíos de productos fabricados en ese país a clientes internacionales.
Antes, importaban la mayoría de esos productos —que representan alrededor del 5% de sus ventas— a su almacén en Long Island, donde se almacenaban y luego se enviaban a los clientes finales. El grupo descubrió que podían evitar los aranceles enviando directamente desde las fábricas chinas a los clientes extranjeros.
Fue clave que las fábricas chinas accedieran. Antes, se resistían a enviar pedidos pequeños directamente.
“Como resultado de los aranceles, nuestros proveedores chinos se volvieron mucho más complacientes”, dijo D’Addario.
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Redefiniendo su estrategia
El grupo también ha solicitado permiso para establecer una zona de libre comercio en parte de su almacén en Farmingdale, lo que les permitiría almacenar productos importados y pagar aranceles sólo cuando se destinen al mercado nacional.
La empresa también planea realizar trabajos de ensamblaje allí. “Podremos traer piezas de China y ensamblarlas con componentes nacionales, y luego reexportarlas sin pagar aranceles”, explicó D’Addario.
No será una tarea sencilla. D’Addario estima que tomará más de un año obtener las aprobaciones necesarias y construir la instalación, que deberá contar con cercas y sistemas de monitoreo especiales.
Otro esfuerzo se centra en modificar la forma de vender cuerdas en China. Hasta ahora, se producían en Nueva York y se empacaban para su venta minorista. Ahora están probando enviar cuerdas a granel y contratar a una empresa local para el empaquetado final.
Dado que el valor de las cuerdas a granel es menor al de las empacadas, esto reduciría los costos arancelarios. Ahorros como este serán clave si China responde con represalias tras el 1 de agosto, dijo D’Addario.
“Al menos tendremos la capacidad demostrada”, añadió, “para responder a lo que suceda”.
A pesar de todos los esfuerzos, se espera que la factura arancelaria de la empresa alcance los 2.2 millones de dólares este año, comparado con solo 700 mil dólares el año anterior.
Parte del aumento se debe a nuevos costos de importación de caña desde sus plantaciones en Francia y Argentina, materia prima para fabricar cañas para instrumentos de viento. El arancel sobre la caña ha subido al 10% y se espera que aumente aún más.
“Trump dijo que impondrá un arancel del 30% a México y Europa, así que prevemos que cualquier producto de nuestra plantación en Francia costará aún más”, advirtió D’Addario. “Suponiendo que se apruebe. Veremos qué pasa el primero de agosto”.
Con información de Reuters.
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