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    Por Víctor Hugo Arteaga*

    En México, el poder rara vez deja cabos sueltos cuando se trata de vigilar el dinero público. Por eso el nombramiento del nuevo titular de la Auditoría Superior de la Federación no fue una sorpresa: fue una operación política cuidadosamente ejecutada.

    El elegido fue Aureliano Hernández Palacios Cardel, quien encabezará durante ocho años la institución encargada de revisar el uso de prácticamente todo el presupuesto federal.

    Un cargo con capacidad para incomodar gobiernos, exhibir desvíos millonarios o abrir la puerta a investigaciones penales.

    Justamente por eso el puesto nunca se deja al azar.

    La votación en la Cámara de Diputados fue casi unánime. Oficialmente se habló de consenso. En los hechos fue la confirmación de un acuerdo político previo. Un nuevo montaje de la 4T y sus aliados, que juegan a la democracia, pero que en la realidad esconden el régimen dictatorial de facto.

    La función legislativa fue apenas el último acto de un teatro perfectamente diseñado los últimos años.

    El operador del proceso

    En el centro de la operación estuvo Javier Herrera Borunda, el diputado verde presidente de la Comisión de Vigilancia de la ASF en la Cámara de Diputados.

    Desde esa posición condujo el proceso de selección, organizó las comparecencias y filtró a los aspirantes hasta construir la terna final que llegó al pleno.

    En teoría, su papel era garantizar un proceso técnico y transparente.

    En la práctica, la Comisión de Vigilancia funciona como el primer filtro político del auditor. Quien controla ese filtro controla el resultado.

    Y el resultado fue un auditor que no representa una ruptura con el sistema actual de fiscalización, sino su continuidad. Ahora más alineada que nunca.

    Desde la nueva titularidad de la ASF jamás podremos ver denuncias contra Rubén Rocha Moya, contra Américo Villarreal, contra Alfonso Durazo y nos harán viajar en el tiempo a la década de los setenta y ochenta, cuando el corporativismo político se vivía en todos los niveles.

    Mientras tanto el diputado Herrera Borunda construye con estas alianzas su camino a la gubernatura de su natal Veracruz. No hay ninguna duda de que será gobernador como lo fue su padre Fidel Herrera Beltrán.

    Lo que deja David Colmenares

    El auditor saliente, David Colmenares Páramo, cierra su gestión con una herencia complicada.

    Cuando llegó al cargo, la ASF era temida por gobernadores, alcaldes y secretarios de Estado. Sus informes podían desencadenar escándalos políticos o investigaciones penales.

    Durante su administración esa fuerza se diluyó.

    Las denuncias penales disminuyeron drásticamente. Los procesos de fiscalización se volvieron más largos y muchos hallazgos terminaron convertidos en simples observaciones administrativas.

    El resultado fue una institución menos confrontativa. Menos incómoda para el poder.

    Entre los pendientes que deja su gestión destacan las auditorías atrasadas en grandes proyectos federales, observaciones millonarias sin seguimiento judicial, debilitamiento de la credibilidad pública de la institución y tensiones internas dentro de la propia ASF.

    Pero el mayor daño fue otro: la percepción de que la Auditoría dejó de ser un verdadero contrapeso.

    Los expedientes incómodos

    La institución que ahora encabezará Aureliano Hernández Palacios Cardel tiene bajo su radar algunos de los expedientes financieros más sensibles del país.

    Entre ellos el costo real de megaproyectos federales, el uso de recursos en programas sociales, transferencias millonarias a estados y municipios, además de contratos de infraestructura estratégica

    La ASF revisa cada año billones de pesos del presupuesto público. Un auditor independiente puede abrir investigaciones incómodas.

    Un auditor alineado puede administrar silencios.

    ¿Quién gana con el nombramiento?

    La respuesta es evidente.

    El principal beneficiario es el grupo político que hoy controla el Ejecutivo federal y la mayoría legislativa bajo el proyecto de la Cuarta Transformación.

    Tener un auditor políticamente cercano reduce riesgos.

    Reduce el riesgo de auditorías agresivas.
    Reduce el riesgo de denuncias penales.
    Reduce el riesgo de escándalos financieros.

    En otras palabras: reduce la incertidumbre política.

    El contrapeso que se desvanece

    Las democracias modernas funcionan con instituciones que vigilan al poder.

    Cuando esas instituciones se alinean políticamente, el sistema de contrapesos se debilita.

    No es un fenómeno exclusivo de un partido o un gobierno. Es una tentación permanente del poder.

    Por eso el nombramiento del nuevo auditor no es un asunto técnico. Es profundamente político.

    El tiempo dirá si Aureliano Hernández Palacios Cardel decide ejercer la independencia que exige el cargo o si confirma la sospecha que hoy recorre los pasillos del Congreso: que el país no nombró a un auditor incómodo, sino al auditor del régimen.

    Contacto:

    *Víctor Hugo Arteaga es ganador del Premio Nacional de Periodismo 2016 por el reportaje de investigación Las Empresas Fantasma de Javier Duarte, el exgobernador que se encuentra preso gracias a ese trabajo.

    X: @arteaganoticias

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