El destino de la Copa Mundial de Futbol está atado a México. Y el Estadio Monterrey, con capacidad para 53,529 asistentes, puede confirmar que el balón mundialista tiene un romance con el país.
Una marea azul comienza a avanzar por el inmueble ubicado en Guadalupe, Nuevo León, son aficionados japoneses, pero, en su mayoría, mexicanos que han decidido ser infieles al equipo nacional para apoyar la pasión nipona. Los pecados del futbol encuentran su perdón en las catedrales del balompié mundialista.
Pocos de los asistentes recuerdan que el primer partido de la historia de los mundiales se celebró entre México y Francia, en donde los europeos vencieron al seleccionado nacional con un marcador de 4-1, en territorio uruguayo. Era el 13 de julio de 1930.
La historia también dice que, de forma simultánea, Estados Unidos y Bélgica disputaron el primer partido en la aventura mundialista. Sin embargo, el encuentro entre México y el país galo se ha coronado en la glorias del balón.
Casi 96 años después, el capricho de los calendarios vuelve a coquetear con la nación tricolor, pues el partido 1000 se juega en México. Los seleccionados de Japón y Túnez han sido llevados por el azar a jugar en México el histórico encuentro.
Desde horas aprevias al encuentro, los aficionados japoneses han comenzado a recorrer los pasillos de los aeropuertos, las calles de Nuevo León también viven un amor por la nación del Sol naciente y un aficionado mexicano se atreve decir: “Bienvenidos a Tokio, Nuevo León”.

Los vendedores ondean las banderas mexicanas para promover la venta de la enseña tricolor por las calles de Monterrey, mientras la marea verde avanza en las avenidas y el sonido del claxon de los automóviles musicaliza el camino.
Dentro de la Copa Mundial FIFA 2026, que se celebra en México, Estados Unidos y Canadá, este último partido representa el sexto disputado en territorio nacional, mientras que restan 7 partidos por celebrarse, para alcanzar un total de 13 encuentros en el país.
Entre el público, uno de los asistentes porta la camiseta azul de Japón y, en su espalda, sobresale el nombre de Oliver Atom, personaje protagonista de la caricatura de los Supercampeones, quien sueña con ver a Japón como la selección campeona del mundo.
Un grupo de japoneses intenta tomarse una foto, pero el público hace acto de aparición en la toma y, frente a una copa del mundo que adorna el stand de la cerveza Michelob, el grupo de extranjeros se vuelven locales a la sentencia de los hinchas: “¡Japonés, hermano, ya eres mexicano!”.
A las 21:40 horas, la selección japonesa es presentada ante el público y la euforia del estadio es ensordecedora, mientras el grito de Túnez se ahoga en algunos rincones del estadio.
A las 21:52 horas, los equipos saltan a la cancha con el fondo musical de Shakira. Las banderas extendidas son el escenario visual mientras suenan los himnos nacionales.
Gianni Infantino, presidente de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), saluda a los presentes en el palco, entre los que se encuentra Hisako de Takamado, princesa de Japón.
A las 22 horas inicia el partido y “Olé, Olé, Japón” es el grito que se apodera del estadio.
Al 22:03 hrs., Japón, de la mano de Daichi Kamada, anota y el estadio enloquece entre aplausos y gritos. Hoy, el equipo Nipón juega local en México. Los chiflidos y los olés retumban en el estadio de Rayados.
Al minuto 31 del juego, Ueda anota un segundo gol para Japón y el público desea más anotaciones en el marcador. El aplauso se generaliza en todo el inmueble.
Una ola monumental mueve el mar de recuerdos en el estadio y la gente interpreta “la canción mexicana Cielito lindo”.
-“Mira la porra de japoneses que buena fiesta tienen”, dice un hombre a su acompañante.
-“Deben de ser mexicanos”, le contesta ella y sonríe de inmediato.
A las 23:28, Ueda hace que el tercer gol tenga presencia en la cancha y, en el minuto 69 del encuentro, J. ITO anota el cuarto gol.
Los mexicanos y los japoneses han sido hermanados a través del futbol. A las 23:56 todo termina en el estadio, pero la fiesta apenas comienza para aquellos que vivieron el partido número 1000 de los mundiales en Tokio, Nuevo León.










