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    En un momento complejo para el comercio internacional: desaceleración económica, fragmentación geopolítica, competencia tecnológica acelerada y la presión por construir modelos de crecimiento más resilientes.

    La reunión llega inmediatamente después de ABAC II en la Ciudad de México, donde el mensaje clave del sector privado fue: reducir la incertidumbre y evitar que el mundo continúe avanzando hacia una dinámica de mayores barreras económicas.

    Uno de los pronunciamientos más relevantes de la reunión en México fue el envío de una carta a los ministros de Comercio de APEC, en la que ABAC llamó a evitar restricciones comerciales innecesarias que incrementen la incertidumbre económica y afecten la resiliencia de las cadenas de suministro.

    Más allá de defender el libre comercio, el planteamiento empresarial apunta a que, si el entorno internacional tendrá incertidumbre, al menos las reglas económicas deben mantenerse previsibles.

    La pregunta de fondo que acompaña esta transición entre Ciudad de México y Bangkok:

    ¿Asia-Pacífico puede seguir siendo el principal laboratorio económico del mundo?

    La respuesta de ABAC para 2026 parece resumirse en tres conceptos: Transparencia, Conectividad y Sinergia.

    Transparencia: Acelerar el progreso hacia el Área de Libre Comercio de Asia-Pacífico (FTAAP), una aspiración histórica de APEC que avanza lentamente.

    La diferencia es el enfoque.

    En lugar de depender de acuerdos multilaterales, ABAC impulsa entregables concretos que permitan converger estándares comerciales, simplificar operaciones y reducir fricciones regulatorias.

    En términos empresariales, significa facilitar que una empresa opere entre múltiples economías con menores costos, mayor interoperabilidad digital y procesos ágiles.

    La transparencia deja de ser un concepto institucional y se convierte en una herramienta de competitividad.

    Conectividad: Construir una región que funcione como un sistema integrado.

    Este eje, es de los más transformadores. ABAC propone fortalecer el Plan de Conectividad mediante tres dimensiones complementarias:

    • Redes físicas resilientes.
    • Estándares interoperables.
    • Vínculos entre personas.

    La visión detrás de este enfoque reconoce que la infraestructura del siglo XXI no se limita a puertos, carreteras o aeropuertos. También incluye infraestructura digital, interoperabilidad regulatoria, movilidad del talento y plataformas tecnológicas compartidas.

    Una región verdaderamente conectada es aquella donde fluyen datos, inversión, conocimiento y capacidades. En ese terreno, Asia-Pacífico busca mantener su liderazgo como motor de crecimiento e innovación global.

    Sinergia: El nuevo frente económico será tecnológico.

    El componente más novedoso de la agenda es el énfasis en la cooperación para el desarrollo cuántico responsable, gobernanza tecnológica y alfabetización digital.

    Las discusiones empresariales regionales colocan en el centro tecnologías que hasta hace poco pertenecían principalmente al ámbito científico.

    Incorporar inteligencia artificial, capacidades cuánticas y nuevas arquitecturas digitales modifica productividad, comercio, logística, servicios financieros y manufactura.

    La conversación ya no gira alrededor de adoptar nuevas tecnologías. La discusión es cómo hacerlo con reglas compartidas.

    Una de las prioridades del sector privado será aumentar la eficiencia del comercio y la inversión mediante tecnología digital, reducción de costos y barreras, expansión de infraestructura digital, adopción empresarial de inteligencia artificial y construcción de sistemas económicos capaces de resistir futuras disrupciones globales.

    Bangkok: más que sede, una declaración económica.

    Para Tailandia, esta cumbre es una oportunidad para consolidarse como centro de conectividad dentro de ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), al tiempo que proyecta su estrategia nacional del futuro.

    Recientemente, el gobierno tailandés insistió en conceptos como competitividad, confianza regulatoria, resiliencia e integración económica internacional como pilares para atraer inversión de largo plazo.

    Justamente cuando el mundo debate entre regionalización y fragmentación.

    El valor menos visible: conectar sociedades, no sólo economías.

    Uno de los aprendizajes más interesantes que deja el ecosistema APEC ha sido la interacción espontánea entre visitantes, empresarios y ciudadanos de distintas economías de APEC con las culturas anfitrionas, que vemos durante la Copa del Mundo.

    El comercio funciona mejor cuando existe confianza entre personas.

    Porque detrás de cada acuerdo hay empresarios, trabajadores, consumidores, estudiantes y comunidades.

    La conectividad humana es la infraestructura más difícil de construir y la más valiosa para sostener el crecimiento.

    De Ciudad de México a Bangkok: una señal para el mundo.

    La transición entre ABAC II y ABAC III refleja una idea central: Hoy día, resurgen barreras, aumenta la competencia estratégica y se acelera la innovación tecnológica. El sector empresarial de Asia-Pacífico parece apostar por un camino distinto:

    menos fragmentación, más integración.

    Bangkok puede convertirse en un punto de referencia para definir si la siguiente etapa del crecimiento regional se construirá desde la apertura, la conectividad y la cooperación tecnológica.

    Y, en un mundo que acumula incertidumbre, quizá esa sea una de las decisiones más relevantes de esta década.

    Sobre el autor:

    *Francisco Suárez Hernández es Director de Asuntos Públicos y Relaciones Estratégicas en FEMSA y Ex Presidente del Consejo del World Environment Center.

    Correo electrónico: [email protected]

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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