Se ha convertido en paisaje un LinkedIn donde “Cerrando capítulo”, “open to work”, “agradecido por la oportunidad y los aprendizajes” dominan el feed. Personalmente este ha sido el año donde más he visto salir excelentes profesionales de empresas de todo tipo. En Ciudad de México, Londres, Atlanta, Sao Paulo, o Nueva York.
Después aparecen por todo internet los anuncios: cursos para generar su marca personal, para articular mejor en otro idioma, prompting, certificaciones en cinco modelos distintos que el mes pasado no existían, plataformas para talento remoto en mercados que ya estaban saturados. Y por supuesto, las noticias alrededor de despidos masivos.
Por otro lado, también llenando los feeds de internet, el fenómeno que está marcando las ceremonias de graduación de los estudiantes universitarios alrededor del mundo: abuchear a todo aquel que mencione a “la Inteligencia Artificial como el principal motor, cambio, y evolución desde la revolución industrial”. Seguro ya ha visto un par.
Bienvenidos a 2026. El año en que el FOMO mutó a FOBO.
El famoso Fear Of Missing Out (FOMO) ocupó toda la década pasada: el miedo a no estar, a no enterarse, a no aparecer en la foto. Ese efecto psicológico que hizo que las empresas de social media hicieran tanto dinero.
Hoy, en el mundo de la Inteligencia Artificial hablamos del Fear Of Becoming Obsolete. Ya no es miedo a no estar; es miedo a no servir. La nueva condición psicológica del trabajador calificado. El reporte ETS Human Progress 2026 le puso número global: 58% de los trabajadores en el mundo experimenta FOBO, 60% se siente presionado a adoptar herramientas de IA y 65% admite que las usa, principalmente, “para mantenerse en la carrera”. Mercer, en su Global Talent Trends 2026, reporta que 40% de los empleados teme que la IA los vuelva obsoletos: doce puntos arriba del 28% de 2024.
La paranoia tiene fundamento estadístico. Según Challenger, Gray & Christmas, en enero de 2026 los empleadores estadounidenses anunciaron 108,435 despidos: el peor enero desde 2009. Febrero sumó 48,307. Marzo, 60,620 (+25%). Abril, 83,387, con la inteligencia artificial encabezando por segundo mes consecutivo las razones citadas. Solo entre enero y abril se registraron más de 300,000 despidos en Estados Unidos.
Saque la calculadora: 300,000 despidos en 120 días equivalen a más de 2,500 cada día, alrededor de 104 por hora, prácticamente dos por minuto. En tecnología, donde la presión por adoptar IA es más alta, el ritmo es más íntimo. Layoffs.fyi y TrueUp reportan 128,270 trabajadores impactados en 286 eventos en lo que va del año: un despido cada 86 segundos. Algunos los leyó usted en su feed. Otros, los está leyendo ahora.
De esos 300,000, al menos 49,135 fueron atribuidos directamente a IA por las empresas que los anunciaron, según Challenger. En abril solos, fueron 21,490 (26% del total de cortes del mes). Y los nombres son de portada: Oracle eliminó 30,000 puestos (el evento individual más grande del año). Amazon recortó cerca de 16,000 corporativos solo en el primer trimestre, mientras AWS crecía 24%, su mejor ritmo en 13 trimestres. Microsoft ofreció retiro voluntario a 8,750 empleados Meta confirmó 8,000 cortes (10% de su fuerza laboral), golpeando especialmente a reclutamiento y RR.HH. (35-40%). Accenture eliminó 11,000 roles. Ocho compañías han anunciado layoffs ligados a IA de más de 10,000 personas cada una.
Aquí está el dato que cambia la conversación: las mismas empresas que están recortando van a invertir, este año, entre $660,000 y $690,000 millones de dólares en infraestructura de IA, según estimaciones de Evercore y Bank of America. Significativo aumento en comparación con los $410,000 millones invertidos en2025.
Mientras tanto, OpenAI cerró marzo valuada en $852,000 millones tras una ronda récord, y Anthropic está cerrando $30,000 millones a $900,000 millones de valuación, con un ARR proyectado de $45,000 millones para fin de año (cinco veces los $9,000 millones con que cerró 2025). El “flat is the new up” no es metáfora cultural: es la línea financiera del trimestre.
Y los trabajadores lo sienten. KPMG encontró que cuatro de cada diez empleados nombran la pérdida de empleo por IA como uno de sus miedos principales (cifra que casi se duplicó en un año) y que 63% percibe que la IA está haciendo el trabajo “menos humano”. EY reportó que 75% se preocupa por la obsolescencia de “ciertos trabajos” y 65% por el suyo propio.
Gallup Poll 2026 va más allá: 18% de los empleados estadounidenses cree que la IA eliminará su puesto en cinco años (sube a 23% donde la IA ya está desplegada). El Future of Jobs Report 2026 del World Economic Forum proyecta 92 millones de empleos perdidos y 170 millones creados al 2030. Saldo neto positivo de 78 millones. La pregunta operativa es cómo cruzar de un lado al otro.
Mientras tanto, las habilidades exigidas en roles expuestos a IA están cambiando 66% más rápido que hace un año, según WEF. La Reskilling Revolution del Foro Económico Mundial va por 850 millones de personas alcanzadas, en camino a su meta de mil millones. Y 275,000 vacantes de IA están abiertas en Estados Unidos esperando candidatos que la fuerza laboral despedida, por ahora, no logra llenar. El divorcio entre lo que se pide y lo que se sabe nunca había sido tan rápido.
¿Qué hacer en este momento? Tres lecturas, ninguna definitiva. La primera: FOBO no se cura aprendiendo más herramientas; se administra eligiendo cuáles dominar a profundidad. Cuando ChatGPT mantiene 55% del market share entre suscriptores pagos, Gemini 16% y Copilot 11%, no necesita aprender cinco modelos. Necesita pensar mejor con uno. La segunda: los datos siguen mostrando que la atención humana es el activo más escaso. En LinkedIn, las recomendaciones uno a uno multiplican la probabilidad de empleo más que cualquier curso. La tercera: “becoming obsolete” no es solo un tema tecnológico, es un tema de criterio. La IA está volviendo abundante todo lo que se podía codificar. Lo que escasea (y por eso se vuelve valioso) es lo que no se puede promptear: el juicio, el contexto, la responsabilidad sobre la decisión.
El miedo a quedar obsoleto es, paradójicamente, una de las pruebas más humanas de estar despierto. Si lo siente, está prestando atención. Lo que conviene preguntarse no es cuántos cursos más debe tomar, sino qué problema real está resolviendo con todo lo que ya sabe.
Porque al final, en un feed saturado de despedidas y de promesas algorítmicas, el que sigue valiendo es el que sabe para qué está haciendo lo que hace, en vez de seguir la carrera incesante en contra del olvido en un mercado donde progreso ya no significa crecer.
Sobre el autor:
* Luis Chacón es consultor global de negocios; enfocado en consumo masivo, estrategia competitiva, innovación, y prospectiva.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.




