Lo modernidad y la vida acelerada nos plantean un gran reto: mantenernos enfocados. Vivimos de formas tan vertiginosas que pasamos de un tema al otro, de un pendiente al que sigue, de una tarea a otra que nos distraemos.
Es muy frecuente darnos cuenta de que no logramos alcanza nuestros objetivos no por falta de recursos, de inteligencia o de energía, sino porque nos hemos extraviado y hemos perdido el enfoque. Gian Francesco Poggio de Brancollini, un reputado humanista que vivió en la Italia de la Edad Media sostenía que los verdaderos sabios debían de tener un mecenas que les patrocinara un tiempo para pensar y llevar a cabo sus planes. Estamos de acuerdo en que nos gustaría tener un patrocinador, algo raro en esta época, y al estar escasos, lo que si debemos encontrar es tiempo para concentrarnos en lo que es relevante y nos ayuda a conseguir nuestros objetivos.
No es tan difícil, con sencillas estrategias podemos ayudarnos a aumentar resiliencia, encontrar el equilibrio y dar prioridad a las cosas que más apreciamos, es decir, pies simples para no perder la atención. Las abuelas tenían razón, mucho descansa sobre los hombros de las buenas costumbres. Hay algunos hábitos de eficacia probada que ayudarán a sentirnos despiertos, vivo y bien enfocados y son fáciles de poner en práctica. Estas estrategias son algunas de mis favoritas, aunque no pretenden ser formulaciones mágicas ni pueden asegúranos que estaremos siempre animados y rindiendo al máximo las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, en primera instancia porque eso, francamente, no es realista. Sin embargo, pueden ayudar a aumentar nuestra capacidad de mantenernos atentos, encontrar el equilibrio y dar prioridad a las cosas que realmente son importantes y queremos lograr.
- Da importancia a tu salud. Aristóteles tenía razón: mente sana en cuerpo sano. Hay que movernos. He comprobado que los consejos médicos sobre hacer ejercicio son ciertos. Solemos sentirnos mejor, no sólo física sino también emocionalmente. Es curioso pero los que hacemos ejercicio vemos una mejora de rendimiento en pruebas de memoria de trabajo y otras funciones cognitivas. Pero los verdaderos beneficios provienen del ejercicio constante a lo largo del tiempo: quien lo hace tiene menos riesgo de desarrollar depresión y demencia. Así que: la salud física es prioritaria.
- Enfrentar la ansiedad. El síndrome del impostor es nuestro peor enemigo. Tenemos que darle batalla y controlar esas tendencias a preocuparnos por todo en vez de ocuparnos de lo que debemos hacer. Enfrentarnos directamente a las cosas que nos producen ansiedad puede ayudar a romper un patrón de miedo y sustracción. Sirve mucho pensar en los rasgos personales que admiramos de nosotros mismos y hacer algo significativo para encarnarlos. Hay que dejar el catastrofismo a un lado y olvidarnos de estar rumiando los problemas. Es muy útil anotar lo que nos preocupa y poner una solución posible al lado.
- Desafiar el estado de cosas. Es verdad que debemos fluir con las situaciones, no obstante, cuando hemos hecho un verdadero análisis y lo que es no funciona, no es eficiente, no está generando resultados, es momento de cambiar. El cambio genera miedo, crea incertidumbre. No obstante, fallar al momento en el que algo se debe modificar trae mayores riesgos, se pierden oportunidades y se reducen las posibilidades de éxito.
- Llevar a cabo una auditoría de fricciones. Identificar las cosas que crean obstáculos y añaden complicaciones o estrés al día a día para encontrar la forma de eliminarlas. Para empezar, podemos preguntarnos si estamos repitiendo ciertos patrones que no ayudan a lograr nuestros objetivos o sie hay cosas que estamos haciendo habitualmente que no nos gustan o nos alejan de nuestros objetivos y metas.
- Mantener la vista en la meta. Es muy fácil distraernos con la cotidianidad. Es más fácil enumerar las razones por las que no conseguimos los resultados anhelados. Mi padre suele decir que, si pusiéramos el mismo esfuerzo en llegar a la meta que en dar excusas, lograríamos mucho más.
- Poner límites. Determinar las fronteras entre lo que queremos y lo que podemos hacer es una forma muy eficiente de estar enfocados. Podemos empezar por acciones pequeñas como los horarios y mantenernos fieles a ellos. Si estamos trabajando, no debemos distraernos pensando en compromisos sociales, si estamos haciendo ejercicio, hay que concentrarnos en dar el mejor rendimiento. Si estamos en un tiempo familiar, hay que apartarnos de los temas laborales.
- Hay que hacer equipo. Estar solo y aislado puede perjudicar nuestro desempeño laboral y también nuestra salud mental. De hecho, cada vez hay más investigaciones que muestran una relación entre la soledad y las enfermedades mentales graves como el Alzheimer, pero también desencadena estrés y ansiedad.
- Revisa con cuidado tus metas y propósitos. Es preciso darnos cuenta de si son o no factibles y más allá de eso, si van en correspondencia con nuestros valores, principios y si al alcanzarlos estaremos en un estado de plenitud o no. Mi definición de éxito no es —ni tiene porque ser— igual a las de las demás personas. En ocasiones, adoptamos metas y objetivos ajenos que si nos fijamos bien, no nos hacen sentir felices ni plenos.
- Clarifica y comunica. Cuando nuestros objetivos y metas son claros y somos eficientes para compartirlos con los demás, nuestro equipo de trabajo nos ayudará a conseguirlos. Al clarificarlos y comunicarlos debemos ser congruentes, que nuestras acciones y nuestras palabras nos acompañen en el camino para conseguir lo que anhelamos.
- Aprender de la retroalimentación. El mercado y nuestro entorno nos habla, pero hay que saber escuchar. Si ponemos atención a nuestros jefes, subordinados, clientes y cualquier parte relacionada, conseguiremos mantenernos enfocados.
Mantenernos enfocados nos ayuda a ser reconocidos por nuestros méritos, por lo que entregamos, damos, producimos y servimos. Al estar enfocados acallamos el ruido que nos impide poner atención en lo que para nosotros es relevante y valorado.
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