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    Por Francisco Álvarez, Director General de Falcon Design Build*

    Durante los últimos años, México consolidó su posición como uno de los principales destinos para la manufactura en América del Norte. El nearshoring, la fortaleza del TMEC y la relocalización de cadenas de suministro han impulsado la llegada de nuevas inversiones y colocado al país en el centro de la conversación industrial.

    Sin embargo, mientras el debate suele enfocarse en cómo atraer más empresas, existe un reto que comienza a ser igual de importante: desarrollar la infraestructura que esas inversiones realmente necesitan.

    El mercado inmobiliario industrial mexicano evolucionó de forma importante. La expansión de parques industriales, fibras y desarrolladores especializados permitió ofrecer una amplia disponibilidad de naves en renta, particularmente para operaciones logísticas y procesos de manufactura ligera. Ese crecimiento fortaleció la competitividad del país y facilitó la instalación de numerosas empresas. Pero la manufactura especializada plantea un desafío distinto.

    En el Valle de México, apenas alrededor del 5% del inventario de naves industriales en arrendamiento está destinado a actividades manufactureras, mientras que cerca de la mitad de la inversión extranjera directa que recibe el país se concentra precisamente en ese sector. La diferencia evidencia que la oferta inmobiliaria responde con éxito a un tipo de demanda, pero no necesariamente a la que requieren las nuevas plantas de manufactura.

    Una nave especulativa puede ser suficiente para un centro de distribución o para determinados procesos industriales. Sin embargo, una planta automotriz, farmacéutica, alimentaria, química o de alta automatización necesita mucho más que metros cuadrados disponibles. Requiere instalaciones diseñadas alrededor de su proceso productivo, donde la ingeniería, la infraestructura, la automatización y la sostenibilidad forman parte de una misma solución.

    Ahí se encuentra una de las principales oportunidades para la industria de la construcción en México. El siguiente paso ya no consiste únicamente en desarrollar más parques industriales, sino en fortalecer la capacidad de empresas capaces de diseñar y construir proyectos manufactureros hechos a la medida de cada inversión.

    Esta necesidad también responde a un cambio en el perfil de los inversionistas. Cada vez es menos común que las empresas cuenten con grandes equipos internos dedicados a coordinar todas las especialidades que intervienen en un proyecto industrial. Hoy buscan modelos que integren diseño, ingeniería y construcción para reducir riesgos, optimizar tiempos y mejorar la eficiencia desde la planeación.

    A ello se suman nuevos estándares de automatización, inteligencia artificial, certificaciones ambientales y criterios ESG, que han elevado significativamente la complejidad técnica de las plantas industriales.

    El desafío de la próxima década será construir la infraestructura que permita transformar esa inversión en plantas más eficientes, productivas y competitivas. Porque el futuro de la manufactura no se definirá únicamente por cuántas empresas lleguen al país, sino por nuestra capacidad para construir los espacios donde esa nueva industria hará posible el desarrollo económico.

    *Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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