El Mundial de Futbol 2026 colocará nuevamente a México en el centro de la conversación global y, para ciudades sede como Monterrey, representa mucho más que un evento deportivo. Se trata de una plataforma de desarrollo económico, innovación y fortalecimiento comunitario.
Ese fue el eje de la conversación en el panel “La gran oportunidad mundialista”, realizado durante el Foro Forbes Economía y Negocios Monterrey 2026, donde representantes de la industria, la organización del torneo y el sector empresarial discutieron cómo traducir la atención global del torneo en beneficios duraderos.
En el panel participaron Alejandro Hütt Valenzuela, Host City Manager para Monterrey FWC26; Raquel Jiménez, Customer Success Leader México en NielsenIQ; Vicente Chávez, director de Comunicación Corporativa de Arca Continental; Bernardo Bichara, presidente ejecutivo del Comité Coordinador Nuevo León FIFA 2026; Alberto Molina, director de Operaciones de los Rayados de Monterrey y responsable de la gestión integral del Estadio BBVA; y el consultor de negocios Moris Dieck.
Desde la perspectiva empresarial, Vicente Chávez destacó el impacto que un evento de esta escala puede generar en las economías locales cuando se articulan esfuerzos entre empresas, comercios y comunidad.
“La idea es tener una fiesta memorable cuyo impacto permanezca en la economía local”, señaló el directivo de Arca Continental, al referirse a las iniciativas que buscan preparar a los pequeños negocios para recibir a visitantes internacionales.
Como una de las principales embotelladoras del sistema Coca-Cola en el mundo, la compañía mantiene una presencia económica significativa en la región, con alrededor de 120,000 empleos indirectos asociados a su operación. En el contexto del Mundial, explicó Chávez, el reto es aprovechar esa capacidad de articulación para fortalecer a los comercios que forman parte del ecosistema económico local.
Una de las iniciativas mencionadas fue “Somos Locales”, un programa de capacitación dirigido a pequeñas y medianas empresas que busca prepararlas para atender a un consumidor internacional con hábitos distintos: visitantes que hablan otros idiomas, utilizan pagos digitales o buscan productos específicos durante su estancia.
“Este programa de capacitación, que impactará a miles de pequeñas y medianas empresas, busca por un lado prepararlos para este momento específico, pero también dejarles un conocimiento que podrán capitalizar de manera permanente en sus comunidades”, explica Chávez.
El Mundial también tendrá momentos simbólicos que contribuirán a generar conexión con las comunidades. Entre ellos, el tour del trofeo de la Copa del Mundo presentado por Coca-Cola, que recorrerá diez ciudades del país y hará escala en Monterrey.
Para Raquel Jiménez, de NielsenIQ, el impacto económico también se reflejará en el gasto turístico. De acuerdo con estimaciones compartidas durante el panel, los visitantes internacionales podrían gastar alrededor de 2 mil dólares durante su estancia, lo que abre oportunidades para distintos sectores de consumo.
Sin embargo, el comportamiento de la demanda será altamente concentrado en momentos específicos, particularmente durante los días de partido, cuando factores como el resultado del encuentro o el flujo de visitantes pueden modificar los patrones de compra. Productos mexicanos —desde alimentos hasta bebidas— podrían beneficiarse de ese interés por la oferta local.
Desde la organización del evento, Alejandro Hütt Valenzuela señaló que el Mundial también funciona como un catalizador para la colaboración entre distintos actores. En el caso de Monterrey, el legado se ha estructurado en tres pilares: infraestructura, medio ambiente y educación, que incluyen iniciativas como programas permanentes de becas, que buscan también impactar positivamente en el futuro.
Para Bernardo Bichara, presidente del Comité Coordinador Nuevo León FIFA 2026, la Copa del Mundo es una oportunidad que pone a prueba la capacidad de coordinación de la sociedad. A diferencia de otros momentos críticos que ha vivido la ciudad regiomontana —como la crisis de seguridad, el huracán Alex o la pandemia—, el Mundial representa un reto positivo, que tiene que ver con convertir un evento global en una oportunidad de desarrollo compartido.
En ese contexto, la visión del sector privado apunta a que el torneo no solo sea recordado por los partidos, sino por su impacto permanente en la actividad económica y en las capacidades de las comunidades que lo reciben.










