Enlaces rápidos

    El sistema global de monitoreo del clima que incluye una red compleja de diversas organizaciones regionales y sistemas de satélites, centros de radar, universidades, equipos multidisciplinarios de investigadores y centros de acopio de datos distribuidos por todo el planeta coinciden: existe casi un 70% de probabilidades de que -a partir de agosto del 2026- se presente una anomalía conocida como “El Niño Godzilla”.

    La denominación parece irrisoria, pero en realidad se trata de describir un fenómeno monstruoso, por sus dimensiones e impacto, terrible, irracional, fuera de la lógica, que mueve a la incredulidad pero que representa una figura terrorífica cuando se pone en cifras y datos.

    ¿Qué significa esto? las temperaturas del océano pacifico subirán unos 2.5 a 3° C por encima de sus niveles promedio. 

    Como consecuencia de ese incremento de temperatura, se presentarán alteraciones críticas y extremas en las precipitaciones, huracanes, tormentas, lluvias, precipitaciones, vientos, tornados, inundaciones, deslaves, oleaje y cambios en las corrientes marinas, por un lado. 

    Por el otro, sequias, crisis hídrica, incendios forestales, desertificación, niveles récord de temperatura (calor) en contraste.

    Así de grave se prevé un año atípico, pero desafortunadamente ejemplar de lo que es ya la nueva realidad de la ebullición climática. 

    Mares mas calientes implican la extinción de corales, pastos, algas, el propio fitoplancton y el zooplancton vitales para la sustentabilidad de la vida misma. Miles de especies de peces y mamíferos marinos expuestos al desastre, hambrunas y la extinción de su hábitat obligados a migrar y con muy pocas probabilidades de reponerse ante las pérdidas sustanciales.

    En tierra lo mismo, bosques y selvas arrasados por incendios sin control, tornados y tormentas que acelerarán los tiempos de extinciones de especies y que no podrán tampoco reponerse en el corto plazo. 

    Te recomendamos: World Press Photo premia obras sobre violencia estatal y crisis climática en Latinoamérica y resto del mundo

    Para el ser humano esto tendrá efectos multidimensionales, económicos, financieros, migratorios, políticos y sociales. Turismo, transporte, carga, viajes, alimentación, industria, recreación, seguros, a todo le llegará. El impacto podría ser de unos cientos de billones de USD, pero la secuela obligará a un replanteamiento integral de las zonas económicas si a ello se le suma la inestabilidad de los conflictos y guerras en curso, el panorama luce muy desalentador. 

    Alimentos mas caros, escasez de agua, calor insoportable, temperaturas extremas, inauditas, impactos en la salud, plagas, efectos colaterales que se suman a la deprimida economía familiar para las cuales no hay una respuesta efectiva.

    Las zonas costeras en alerta por las previsiones de huracanes más fuertes, precipitaciones rápidas, contundentes, también únicas y extremas. 

    En suma, a partir de agosto del 2026 solo se puede definir como el tiempo de la incertidumbre en cuanto a lo que podría ocurrir no se ha visto, una escalada en contra para el sistema económico y todo un reto en materia de protección civil, seguridad, previsión social y preparación ante los desastres.

    Los científicos y analistas también anticipan que algunas alteraciones podrían estimular la agudización de emisiones de gases de efecto invernadero debido a los incendios forestales, el calor lacerante que los difunde y los intercambios de temperaturas en la atmosfera.

    La propia supervivencia de la humanidad está en la mesa, la viabilidad de las futuras generaciones y hasta graves conflictos bélicos conforman los escenarios que se conjugan con una larga serie de secuelas, padecimientos, enfermedades, pobreza, migración, así como la falta de recursos e incapacidad financiera de los gobiernos para hacerle frente a esta problemática. 

    A la emisión de gases de efecto invernadero y la contaminación se une el tema de la administración estratégica del agua como las mayores prioridades que también ha entrado a una fase crítica.  

    La pérdida sistemática de humedad y los incendios forestales también se sumarán a los números negativos para contribuir a deteriorar -aún más- el frágil equilibrio de viabilidad climática. Un ecocidio colateral masivo y acelerado es de esperarse. 

    A nadie le gusta verlo de manera pesimista, pero la cruda realidad de las cifras y estadísticas se impone y las primeras señales ya se detectaron, todos los modelos van alineándose y llegan a las mismas conclusiones.

    Para muchos el planeta ya no resiste, se convulsiona por el pésimo estado del suelo, rebosante de basura, lleno de desperdicios, desertificado, seco, estéril, enfermo, por momentos se pierde esa perspectiva objetiva e de la mentalidad científica, pero es tan brutal los reportes y análisis duelen, conmueven, la indiferencia y desanimo los redondean. 

    Si se revisa el estado de los cuerpos de agua, el aire que respiramos y la calidad de los alimentos que ingerimos no queda espacio para algo de esperanza, las cifras en materia de salud también se muestran desfavorables, miles enfermos, padecimientos crónicos, mas reflejos de ese apocalipsis climático. 

    No es tiempo de reproches sino de reflexión sobre lo que se dejo de hacer, sobre la indolencia mostrada y sobre todas las consecuencias que la corrupción trae cuando se habla de cambio climático. 

    La depredación de los recursos naturales, la insaciable sed, el crecimiento poblacional desordenado, consumismo, la industria sin control, descargas ilegales y todo el daño hecho al medio ambiente pasan la factura y nos mostraran su faceta más desastrosa. A prepararse y prevenir lo que viene.

    Sobre el autor:

    Correo: [email protected]

    Twitter: @CapitolCComm

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

    Poco texto y gran información en nuestro X, ¡síguenos!