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    Antiguamente la nación más poblada del mundo, China se encuentra ahora entre los muchos países asiáticos que luchan con tasas de fertilidad anémicas. En un intento por duplicar la tasa del país, actualmente de 1.0 hijos por mujer, Pekín recurre a una nueva herramienta: impuestos a los condones, las píldoras anticonceptivas y otros métodos anticonceptivos.

    Desde el 1 de enero, estos artículos están sujetos a un impuesto al valor agregado del 13 %. Mientras tanto, servicios como el cuidado infantil y las agencias de emparejamiento siguen exentos de impuestos.

    La medida llega después de que China destinara el año pasado 90,000 millones de yuanes (12,700 millones de dólares estadounidenses) a un programa nacional de cuidado infantil que otorga a las familias un pago único de alrededor de 3,600 yuanes (más de 500 dólares) por cada niño de tres años o menos.

    He estudiado la demografía de China durante casi 40 años y sé que los intentos anteriores del gobierno comunista del país por revertir la caída de las tasas de fertilidad mediante políticas que animaban a las parejas a tener más hijos no han funcionado. No espero que estas nuevas medidas tengan mucho efecto, si es que tienen alguno, en revertir el descenso de la tasa de fertilidad, que se sitúa entre las más bajas del mundo y muy por debajo de la “tasa de reemplazo” de 2.1 necesaria para mantener una población estable.

    En muchos sentidos, el impuesto del 13 % a los anticonceptivos es simbólico. Un paquete de condones cuesta alrededor de 50 yuanes (unos 7 dólares), y un suministro mensual de píldoras anticonceptivas promedia unos 130 yuanes (19 dólares). El nuevo impuesto no supone en absoluto un gasto importante, ya que añade solo unos pocos dólares al mes.

    Compárese esto con el costo promedio de criar a un hijo en China, estimado en unos 538,000 yuanes (más de 77,000 dólares) hasta los 18 años, siendo el costo mucho mayor en las zonas urbanas. Un padre de 36 años dijo a la BBC que no le preocupa el aumento de precios. “Una caja de condones puede costar cinco yuanes más, quizá 10, como mucho 20. En un año, eso son solo unos pocos cientos de yuanes, totalmente asequibles”, afirmó.

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    Fracasos de las políticas pronatalistas

    China es uno de los muchos países que han adoptado políticas pronatalistas para hacer frente a la baja fertilidad. Pero rara vez son eficaces.

    El gobierno de Singapur lleva un par de décadas preocupado por la bajísima tasa de fertilidad del país. Ha intentado aumentarla mediante programas como licencias de maternidad pagadas, subsidios para el cuidado infantil, desgravaciones fiscales y pagos únicos en efectivo. Sin embargo, la tasa de fertilidad de Singapur —actualmente en 1.2— sigue siendo una de las más bajas del mundo.

    El gobierno incluso empezó a limitar la construcción de apartamentos pequeños de un dormitorio para fomentar viviendas más “familiares” de dos o más dormitorios —cualquiera con hijos apreciará la necesidad de más espacio, ¿no?—. Aun así, ni siquiera eso logró mover la baja tasa de fertilidad.

    El gobierno singapurense recibió ayuda en 2012 de la empresa de caramelos Mentos. En una campaña publicitaria viral, la marca llamó a los ciudadanos a celebrar la “Noche Nacional” con algo de intimidad conyugal y a “dejar que su patriotismo explote”, con la esperanza de que hubiera un correspondiente aumento de nacimientos nueve meses después. Incluso con la ayuda del sector privado, parece que revertir el descenso de la fertilidad es una tarea complicada.

    Corea del Sur, el país con la tasa de fertilidad más baja del mundo —0.7—, lleva al menos 20 años ofreciendo incentivos financieros a las parejas para animarlas a tener más hijos.

    Aumentó la asignación mensual ya existente para los matrimonios que se convierten en padres. De hecho, desde 2006 el gobierno surcoreano ha gastado más de 200,000 millones de dólares en programas para aumentar la tasa de natalidad.

    Pero la fertilidad en Corea del Sur ha seguido cayendo: de 1.1 en 2006 a 1.0 en 2017, a 0.9 en 2019 y a 0.7 en 2024.

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    Vientos en contra desfavorables

    La situación de China es en parte consecuencia de sus propias políticas. Durante un par de décadas, la política del hijo único empujó a reducir las tasas de fertilidad. Funcionó, pasando de más de 7,0 a principios de la década de 1960 a 1,5 en 2015.

    Fue entonces cuando el gobierno volvió a intervenir, abandonando la política del hijo único y permitiendo que todas las parejas tuvieran dos hijos. En mayo de 2021, la política de dos hijos fue sustituida por una de tres hijos.

    La esperanza era que estos cambios condujeran a un auge de nacimientos y a aumentos significativos de la tasa nacional de fertilidad. Sin embargo, la tasa continuó descendiendo: a 1.2 en 2021 y a 1.0 en 2024.

    Si bien los programas históricos de China para reducir la fertilidad tuvieron éxito, se vieron favorecidos por cambios sociales más amplios: estas políticas estuvieron vigentes mientras China se modernizaba y avanzaba hacia una sociedad industrial y urbanizada.

    Las políticas destinadas ahora a aumentar la natalidad se enfrentan a vientos sociales en contra. La modernización ha dado lugar a mejores oportunidades educativas y laborales para las mujeres, un factor que empuja a muchas a retrasar la maternidad.

    De hecho, la mayor parte de la reducción de la fertilidad en China, especialmente desde la década de 1990, ha sido voluntaria: más resultado de la modernización que de las políticas de control de la natalidad. Las parejas chinas tienen menos hijos debido al mayor costo de vida y a los gastos educativos que implica tener más de un hijo.

    Además, China es uno de los países más caros del mundo para criar a un niño en relación con el ingreso promedio. Las tasas escolares en todos los niveles son más altas que en muchos otros países.

    La ‘trampa de la baja fertilidad’

    Otro factor a tener en cuenta es lo que los demógrafos denominan la “trampa de la baja fertilidad”. Esta hipótesis, planteada en la década de 2000, sostiene que una vez que la tasa de fertilidad de un país cae por debajo de 1.5 o 1.4 —muy por encima del nivel actual de China— resulta muy difícil aumentarla en 0.3 o más.

    El argumento es que los descensos de la fertilidad hasta niveles tan bajos son en gran medida el resultado de cambios en los niveles de vida y del aumento de las oportunidades para las mujeres.

    En consecuencia, es muy poco probable que la política de tres hijos de China tenga algún efecto en el aumento de la tasa de fertilidad. Y todos mis años estudiando las tendencias demográficas del país me llevan a creer que encarecer ligeramente los anticonceptivos tampoco tendrá un impacto significativo.

    *Dudley L. Poston Jr. es profesor de Sociología de la Universidad Texas A&M.

    Este artículo fue publicado originalmente por The Conversation

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