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    El sector bancario en América Latina está estrechamente ligado al desempeño económico regional, al canalizar el ahorro hacia el crédito productivo y transmitir la política monetaria. En 2026, este rol será aún más relevante ante un entorno global incierto y desafíos domésticos persistentes. 

    En este contexto, evaluar riesgos y perspectivas será clave para fortalecer la resiliencia financiera y aprovechar oportunidades de la región, que enfrenta el reto estructural de acelerar su crecimiento y acercarse al promedio de expansión de otros países emergentes, que ha superado el 4% anual. América Latina, en cambio, se ha mantenido cerca del 2%, reflejando rezagos en productividad y una limitada capacidad de convergencia, lo que subraya la necesidad de reformas que impulsen la inversión, la innovación y la inclusión financiera.

    Durante la primera mitad de 2025, las exportaciones de países en mercados emergentes hacia Estados Unidos aumentaron significativamente, impulsadas por compras anticipadas ante el riesgo de mayores tarifas. En América Latina, Chile y Perú se beneficiaron con un repunte significativo en sus envíos, mientras que Brasil y México mostraron impactos neutros, y Colombia registró una caída. 

    Es de esperar que, tras el incremento efectivo de tarifas en agosto, veremos un entorno comercial más adverso. Una vez agotados los inventarios acumulados, los importadores en Estados Unidos enfrentarán mayores costos, y será clave observar si los consumidores absorberán precios más altos.

    Hay que decir que, aunque en muchos países emergentes el impacto directo de las tarifas podría ser limitado, en América Latina sería más significativo. Particularmente, para México, Centroamérica y algunos países en el Caribe, considerando sus niveles de exportaciones a Estados Unidos en relación a su producto interno bruto (PIB). A nivel global, otras economías vulnerables incluyen Vietnam, Tailandia y Malasia.

    Por otro lado, la demanda interna en la región ha mostrado resiliencia y las condiciones de financiamiento han sido favorables. La debilidad del dólar y la política monetaria expansiva de la Reserva Federal (Fed) -con recortes en las tasas de interés-, han facilitado la entrada de capitales y la reducción de tasas de interés en varios países de la región. Este contexto, ha sostenido el consumo y la inversión, aunque persisten dudas sobre cuánto margen queda para seguir bajando tasas sin generar desequilibrios. Si el diferencial entre tasas locales y las de la Fed se reduce demasiado, podría aumentar la volatilidad cambiaria y provocar salidas de capital.

    Además, el debilitamiento del mercado laboral en Estados Unidos y las presiones inflacionarias derivadas de las tarifas plantean riesgos adicionales. En este escenario, será fundamental que los países latinoamericanos refuercen su capacidad de respuesta macroeconómica y fortalezcan sus sistemas financieros para mitigar los efectos de una posible desaceleración global y preservar la estabilidad interna.

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    Principales riesgos que enfrentará la banca latinoamericana

    Para el próximo año, los bancos en América Latina enfrentarán un entorno complejo, con riesgos económicos tanto externos como locales. A nivel internacional, la incertidumbre comercial con Estados Unidos–acentuada por el alza de tarifas y altos inventarios acumulados–podría frenar los flujos comerciales. Además, el debilitamiento del mercado laboral estadounidense y los cambios en política migratoria amenazan el envío de remesas a la región. Esto sería particularmente serio para México, Centroamérica y el Caribe, donde pueden representar entre 10% y 25% del PIB de esos países, pues apoyan el consumo interno. Si esta tendencia persiste, la demanda por exportaciones regionales podría deteriorarse aún más, agravada por presiones inflacionarias en Estados Unidos.

    El menor crecimiento económico global y la caída en precios de commodities presionan a las economías exportadoras. Aunque el territorio ha estado relativamente aislado de tensiones geopolíticas, la desaceleración de la demanda externa y un entorno comercial adverso configuran un panorama desafiante. En el plano doméstico, los procesos electorales previstos en 2026, en países como Colombia, Perú, Argentina, Brasil y Costa Rica, podrían generar inestabilidad y dificultar la implementación de reformas. En México y Brasil, además, preocupa la moderación de la demanda interna.

    A pesar de los riesgos globales y locales, en general, los bancos regionales se perfilan para operar en 2026 con fundamentos crediticios sólidos: buena rentabilidad, niveles adecuados de capitalización, calidad de activos estable y crecimiento financiado por depósitos diversificados y de relativamente bajo costo. El entorno de menores tasas de interés ha mejorado las condiciones de financiamiento, lo que podría sostener la demanda interna e impulsar el crédito, especialmente en Colombia, Perú y Chile, donde el consumo muestra señales positivas. 

    De esta forma, la combinación de economías en expansión y menor presión sobre la capacidad de pago genera un terreno fértil para que la banca continúe creciendo con negocios sanos y rentables. En comparación con otros sectores bancarios en mercados emergentes, la América Latina mantiene ventajas relativas que podrían consolidarse si se preserva la estabilidad macroeconómica.

    Países con mayor expansión del crédito

    Para 2026, los países con mayor expansión de crédito (7%-8%) serían Brasil, México, El Salvador y República Dominicana. En México, el crecimiento dependerá en parte de la revisión del Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), aunque se espera que la relación con Estados Unidos se mantenga sólida. Sin embargo, presiones sobre el poder adquisitivo de los hogares, márgenes de las empresas más ajustados y mayores exigencias regulatorias podrían afectar la demanda de crédito y la estabilidad de bancos más pequeños. 

    Por su parte, en El Salvador, el crédito crecerá en 2026 de forma estable y en línea con la dinámica de la economía, aunque nuevos requerimientos de liquidez podrían limitar una expansión más acelerada. En el caso de República Dominicana, la expansión del crédito estará soportada por una mejor dinámica en turismo, comercio en zonas francas, e inversión extranjera directa.

    A su turno, Colombia, Perú y Costa Rica registrarían una expansión de crédito cercana al 6% el próximo año. En el primero, se prevé menor inversión fija ante inflación persistente, debilidad fiscal e incertidumbre política. La banca enfrenta baja rentabilidad, limitada por la tasa de usura. En Perú, el crecimiento económico será de 2.7% en 2026, apoyado por menor inflación y tasas, aunque persiste el riesgo político. La banca está bien capitalizada y preparada para enfrentar presiones en calidad de activos. En Costa Rica, el buen desempeño en zonas comerciales en los últimos años, ya se refleja en la economía. Para el próximo año, el crédito retomará fuerza, apoyado por la recuperación del empleo y mayor confianza del sector privado. 

    En 2026, Chile y Panamá mostrarían el menor crecimiento del crédito (4.5%-5.5%). En tanto para Chile, se prevé menor dinamismo económico. La banca, tras implementar Basilea III, deberá sostener su rentabilidad bajo mayores exigencias de capital, mientras que, en Panamá, la recuperación gradual de la economía favorecerá una expansión más acelerada del crédito y una calidad de activos saludable.

    (*) El autor es especialista en calificaciones crediticias y sector financiero en América Latina. Ex Managing Director y líder del sector de instituciones financieras en la región en S&P Global Ratings por 18 años. Asimismo, es conferencista internacional en foros especializados exponiendo tendencias económicas y crediticias. En su día a día, busca aportar visión estratégica a diferentes Consejos de Administración. Contacto: [email protected] | Síguelo en X

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