Por Luis Javier Álvarez Alfeirán*
Todo cierre de año nos invita a una reflexión profunda sobre nuestro actuar. En la empresa se cierran las contabilidades, el año fiscal, los números se cuadran y se evalúan los resultados; hacerlo nos permite enfrentar un nuevo ciclo con metas objetivas, claras y sobre todo, analizando nuestros costos de oportunidad; es decir, mantener las estrategias o cambiar buscando mejores resultados.
Para las personas el proceso no es distinto, en medio de los festejos navideños comienza la mente a trabajar sobre los propósitos hechos a principio de año y qué tan cerca o lejos hemos estado de conseguirlos. Establecemos nuevos y celebramos el año nuevo con la meta de ser mejores, de cambiar aquello que nos detiene y de buscar lo que nos hace crecer.
Y, en medio de este ir y venir de planeaciones y reflexiones, nos vemos inmersos en comidas de trabajo, con familiares, posadas y celebraciones que nos recuerdan que, antes que nada, somos personas; seres humanos que viven en comunidad y que esa comunidad es vital para sostener nuestros objetivos. No es sólo a modo personal, las empresas también tienen eventos y comidas donde juntan a sus equipos de trabajo, organizan rifas, dan reconocimientos, etcétera. En resumen, es una época de recordarnos lo importante que es salir de la hoja de Excel, de los softwares de nómina para descubrirnos como personas con nombre y apellido, con historias personales y familiares que nos recuerdan quienes somos. De reconocer nuestro valor no sólo técnico en cualquier labor que desempeñemos en la empresa, sino con nuestro aporte personal al negocio o a la comunidad a la que pertenecemos.
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En la Navidad surgen las recetas más personales y familiares, los aromas de nuestra infancia invaden la cocina y los hogares. Alrededor de la mesa se cuentan nuevamente las historias que han sido escuchadas miles de veces pero que provocan la misma reacción de nostalgia, risas, alegría y recuerdos.
Las burbujas y el champagne, cuyo consumo en diciembre representa más del 20% de las ventas anuales, engalanan no sólo con la elegancia de otras ocasiones simbólicas; en noche vieja se le suman la alegría, el sentido de vitalidad y renovación que conlleva este encuentro con nosotros mismos. Son los buenos augurios embotellados que se descorchan con ímpetu en la última noche del año.
Tan importante es el sector de la hospitalidad en el mes de diciembre que el consumo se dispara entre un 15 y un 25% en comparación con meses anteriores, hay entidades federativas que incluso rebasan ampliamente ese porcentaje. Los motivos, aunados al aumento de los ingresos por bonos y aguinaldos, es sin duda la importancia del encuentro con los demás en esta temporada, el cariño reflejado en regalos, viajes y comidas.
Yo también aprovecho para dar profundamente las gracias a todos los lectores que en este año me han acompañado nuevamente creyendo que es importante detenernos a reflexionar de vez en cuando sobre el valor de la persona en nuestra vida y en nuestra comunidad, hacerlo nos ayuda sin duda a tener en mente una mejor relación con nosotros mismos y con los demás, construyendo, a través de nuestra actividad personal y profesional una mejor sociedad. Gracias por entender que a través de la gastronomía y el turismo logramos ese “encuentro” con los demás que nos revitaliza como personas. ¡Feliz Navidad y un gran año 2026 para todos!
Sobre el autor:
*Sobre el autor:
*Luis Javier Álvarez Alfeirán, MA, es director de Le Cordon Bleu-Anáhuac.
Correo: [email protected]
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