Cuando SpaceX salga a bolsa este viernes con lo que se espera sea una OPI récord, culminará dos décadas de la ambición de su fundador y CEO, Elon Musk, por transformar la cohetería, las comunicaciones por satélite y la expansión de la humanidad en el espacio.
En cada etapa, hubo una figura clave, en gran medida invisible: la presidenta de la compañía, Gwynne Shotwell, quien dedicó 24 años a construir y vender SpaceX gracias a su experiencia en ingeniería y su instinto para los negocios.
De acuerdo con sus colegas, Shotwell, de 62 años, desarrolló una habilidad más difícil de definir: gestionar al propio Musk.
Ella define su trabajo en términos sencillos, declarando a la revista Time a principios de este año que quiere ser “útil para Elon” y “aportar valor”. Sin embargo, los veteranos de SpaceX y los observadores del sector la consideran una figura clave en la empresa líder de la industria espacial, cuyo ascenso la ha convertido en una de las ejecutivas más poderosas del mundo.
“Ella era el nexo entre lo que Elon quería y lo que se podía hacer”, dijo Jim Cantrell, uno de los primeros ejecutivos de SpaceX que ayudó a reclutar a Shotwell.
En ese sentido, encaja en un perfil corporativo conocido: la lugarteniente firme que traduce la visión de un fundador ambicioso en acciones concretas, siguiendo la tradición de figuras como Tim Cook para Steve Jobs de Apple o Sheryl Sandberg para Mark Zuckerberg de Meta.
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Los ambiciosos objetivos de SpaceX
“Cuando Elon dice algo, hay que hacer una pausa y no soltar un ‘Bueno, eso es imposible'”, dijo Shotwell en una conferencia TED de 2018. “Hay que guardar silencio, reflexionar y encontrar la manera de lograrlo. Siempre he sentido que mi trabajo consistía en tomar estas ideas y convertirlas en objetivos de la empresa, en hacerlas alcanzables”.
Sus colegas comentaron que Shotwell se forjó una reputación de exigencia y de tomar decisiones difíciles en materia de personal, sin dejar de lado la lealtad y la cohesión de los equipos. Una exempleada comentó que podía dar retroalimentación dura “y que le saldría bien”.
Ese equilibrio se pondrá a prueba aún más tras la salida a bolsa, ya que SpaceX se embarca en objetivos más ambiciosos, que han llevado a los inversores a valorar la compañía en la elevada cifra de 1.75 billones de dólares.
En el período previo a la cotización, Musk publicó sin cesar en su plataforma de redes sociales X sobre una nueva y ambiciosa visión que va más allá de los cohetes y abarca la inteligencia artificial y los centros de datos espaciales.
El enfoque de Shotwell fue más convencional: presentar Starlink en una reunión de telecomunicaciones en Barcelona, buscar el apoyo de los legisladores en India mientras el servicio busca la aprobación regulatoria y conversar con funcionarios en Washington sobre las implicaciones de la creciente demanda energética de la IA.
SpaceX no respondió a las solicitudes de comentarios ni de entrevista con Shotwell.
Con información de Reuters




