Jesús Campos López, presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM), afirmó que el Valle de México enfrenta uno de los procesos de hundimiento diferencial más severos del mundo, ya que algunas zonas han descendido 35 centímetros por año.
“El Valle de México enfrenta uno de los procesos de hundimiento diferencial más severos del mundo”, declaró el empresario en el panel Geotecnia y arqueología en la conservación de edificios patrimoniales, organizado por el CICM.
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Hace unos días el satélite NISAR de la NASA confirmó hundimientos superiores a 2 centímetros por mes en diversas zonas de la capital del país, lo que reafirmó lo que ya había señalado el CICM.
“No es un fenómeno nuevo, se tiene documentado desde 1925 y se ha intensificado con el crecimiento urbano y la extracción excesiva del agua subterránea, pues en algunas zonas de la Ciudad el terreno ha descendido hasta 35 centímetros por año”, expresó.
“Conservar nuestros edificios patrimoniales y la infraestructura en general implica entender el suelo que lo sostiene, lo que demanda de grandes esfuerzos de nuestros profesionistas”, dijo el ingeniero.
“México cuenta con el conocimiento técnico y la capacidad institucional para diseñar una política hídrica que detenga la sobreexplotación de los acuíferos y proteja nuestra infraestructura y nuestro patrimonio”, comentó Campos López.
Agregó que los avances tecnológicos, como el satélite, deben traducirse en decisiones de política pública para resolver este problema.
El subsuelo de la Ciudad de México une a la geotecnia y a la arqueología, disciplinas que no solo se complementan, enfatizó.
Gabriel Yves Armand Auvinet Guichard y Efraín Ovando Shelley, investigadores del Instituto de Ingeniería de la UNAM, afirmaron que la ingeniería civil desempeña un papel fundamental en el descubrimiento y conservación de la herencia arqueológica de México.
“Y es ahí donde coincidimos los geotecnistas con los arqueólogos, en el interés por el suelo”, por sus mecánicas en el caso de los primeros, mientras los segundos por los vestigios valiosos que pueden encontrarse dentro de este suelo, comentó Gabriel Yves Armand Auvinet Guichard.
“El pasado se reconstruyó a través de obras de ingeniería civil”, agregó.
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El experto dio ejemplos desde el siglo XVIII a la fecha en donde edificios y piezas arqueológicas han sido localizados en excavaciones realizadas en la ciudad.
En la repavimentación de la plaza mayor en 1790, cuando se localizó la Coatlicue, la cual se volvió a enterrar; en trabajos de cimentación del Palacio Nacional en 1926; las obras de la Comisión Federal de Electricidad de 1978 en las que se encontró la Coyolxauhqui, o los hallazgos en la construcción del Metro.
Auvinet refirió estudios como los asentamientos del Templo Mayor de 1989 calculados mediante la mecánica de suelos que se han continuado y han permitido identificar la alta compresibilidad de los suelos arcillosos del Valle de México, el efecto de la sumersión en la evolución y magnitud de los hundimientos, el efecto de la excentricidad de carga, apareciendo asentamientos diferenciales importantes, así como la aparente emersión de los vestigios del Templo Mayor.
Al exponer un estudio estratográfico en el que se aprecian los suelos arcillosos, Efraín Ovando Shelley presentó muestras de estos suelos que se reducían hasta tres veces su tamaño al secarlos y extraerles el agua, lo que explica por qué se presentan hundimientos de magnitudes tan grandes, de hasta más de 15 metros, en los últimos 100 años.
Cimentaciones de la época del Virreinato mediante estacas de madera y otras soluciones de cimentación, así como los miles de pilotes de madera del monumento del Ángel de la Independencia.
Detalló trabajos realizados en la Catedral metropolitana para su corrección geométrica (1993-1998), identificándose que la parte que más se hunde es donde no hay restos arqueológicos debajo, aplicándose técnicas de subexcavación y fracturación hidráulica, entre otras, que permitieron una corrección de 83 centímetros, reduciéndose los hundimientos significativamente.
Miguel Ángel Mánica, presidente de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Geotécnica, destacó que el conocimiento geotécnico del Valle de México ha sido clave tanto para comprender su historia como para entender sus desafíos actuales: un suelo altamente compresible, el hundimiento regional causado por la sobreexplotación de acuíferos y la compleja respuesta sísmica.













