Enlaces rápidos

    El reciente caso de Jesús Israel, estudiante del CCH Sur atacado y asesinado por, presuntamente, otro estudiante del plantel –Lex Ashton– y al que se le vincula con una comunidad de célibes involuntarios, hizo que se volviera a hablar sobre el tema de la manosfera y una de sus comunidades oscuras; los incels.

    Series como “Adolescencia” o “The Secret World of Incels: Untold“, despertaron el interés y la preocupación sobre un sector de la juventud que está afrontando los retos actuales de la transformación de las relaciones afectivas con suma agresividad, pesimismo e individualismo.

    En entrevista con Forbes México, la antropóloga y doctora en Ciencia Social por el Colegio de México, Erika Pérez Domínguez, asegura que una de las maneras de aproximarse a este fenómeno tiene que ver con la reacción antifeminista, y es concordante, puesto que esta comunidad digital representa un gran foro virtual para la hostilidad misógina.

    La también académica de la UNAM asegura que los incels son parte de un contramovimiento antifeminista contemporáneo y que el antifeminismo no es nuevo, sino una reacción histórica que surge cada vez que el feminismo avanza y conquista nuevos derechos.

    Ejemplifica esto con las resistencias al sufragismo y con los movimientos antifeministas de las décadas de 1960 y 1970, cuando surgieron los Men’s Rights Advocates – llamados en el entorno incel como “grupos externos”– que afirmaban que el feminismo les quitaba derechos a los hombres.

    Actualmente, el entorno digital ha potenciado al feminismo contemporáneo, dándole visibilidad y fuerza, especialmente entre mujeres jóvenes. En respuesta, han aparecido estas comunidades masculinistas en línea, que se sienten amenazados por los avances feministas. Dentro de la manosfera se agrupan distintos colectivos —como los pickup artists (PUA) o los incels— que comparten la idea de que el feminismo ha perjudicado a los hombres, aunque cada grupo desarrolla discursos y prácticas particulares, puntualizó Pérez Domínguez.

    Los PUA, por ejemplo, buscan convertirse en “hombres de alto valor” para atraer a “mujeres de alto valor”, promoviendo ideas misóginas sobre la dominación masculina. Los incels, en cambio, asumen una visión más pesimista y radical: creen que el feminismo ha transformado las relaciones entre géneros de manera irreversible y que ya no vale la pena intentar cambiarlas. Su ideología gira en torno a la “píldora negra”, una metáfora que simboliza la aceptación de una realidad inmodificable donde las mujeres solo eligen a hombres atractivos o ricos.

    Este pensamiento los lleva al aislamiento, al resentimiento contra las mujeres – a quienes llaman femoids u otros términos similares – y, en algunos casos, a la violencia extrema.

    La antropóloga advierte que, aunque la violencia incel se había observado sobre todo en EU —donde factores como la cultura violenta y el acceso a las armas lo alientan—, su aparición en México resulta preocupante, pues tradicionalmente la sociedad mexicana posee estructuras comunitarias que contienen ese tipo de conductas.

    “De algún modo, uno podría esperar algo así en Estados Unidos: su cultura es profundamente violenta, tanto en sus consumos culturales como en su forma de entender el mundo, además del acceso libre a las armas (…) Pero que ocurra en México sí es alarmante, porque aquí solemos tener una contención comunitaria mayor.

    No somos una sociedad tan individualista como la estadounidense. Todavía existen muchos mecanismos de control familiar, comunitario y escolar que tienden a evitar este tipo de experiencias o conductas que se desvían de la norma”, aseguró.

    Detalló que, a partir de su investigación en Facebook, pudo identificar que los incels en América Latina reproducen los códigos culturales de la manosfera global, usando símbolos de la cultura mediática (como Matrix o videojuegos). En estos foros, los jóvenes incels comparten sus frustraciones amorosas y su baja autoestima, evaluándose entre ellos según estándares de belleza física.

    Suelen culpar al feminismo y a las mujeres por su falta de éxito afectivo o sexual, sin reconocer las causas estructurales —como los estereotipos, la desigualdad o la precariedad emocional— que atraviesan sus experiencias.

    La pandemia incrementó el número de estos grupos que previamente venían creciendo de manera paulatina, pero el confinamiento hizo que se aumentaran, en un momento en el que la vida social de los jóvenes se vio interrumpida y se trasladó a los medios digitales.

    Captura de pantalla de un grupo incel en redes/ Foto: Facebook

    El perfil de los incels

    A pesar de que las investigaciones y estudios sobre los incels aún son relativamente incipientes, existen rasgos y creencias que comparten la mayor parte de los hombres jóvenes de estas sociedades oscuras. Un estudio publicado por el Centro Nacional de Información Biotecnológica (NCBI) detalla un perfil consistente de la mayoría de los jóvenes partícipes de estas comunidades; los incels presentan diversidad étnica y política, pero también problemas significativos de salud mental, altos niveles de ideación suicida y rasgos asociados al espectro autista.

    Se trata de una investigación empírica sobre las creencias y actitudes de los incels, que incluyó a 561 hombres solteros de EU y el Reino Unido con una edad promedio de 26 años. En donde el 85.6% se declaró “célibe involuntario” y el 12.7% dijo estar soltero “por elección”.

    A partir del marco teórico de las “3N” (necesidades, redes (networking) y narrativas), los investigadores desarrollaron un modelo que explica cómo se originan las actitudes y creencias dañinas en estos jóvenes (como el sexismo hostil, la agresión desplazada o la justificación de la violencia).

    El estudio denominado La hipótesis de las vías duales del daño incel: un modelo de actitudes y creencias dañinas entre célibes involuntarios mostró que la mala salud mental y la adhesión ideológica fueron dos veces más influyentes en la formación de estas creencias que las redes sociales o la participación en comunidades en línea. Además, se observó una relación bidireccional entre salud mental deteriorada e ideología Incel: una refuerza a la otra en un ciclo negativo.

    La Investigación identifica dos rutas principales hacia las actitudes perjudiciales dentro del colectivo incel, que denomina “hipótesis de las vías duales del daño incel“:

    Vía experiencial: vinculada a vulnerabilidades personales como rasgos autistas, bajo valor percibido como pareja, antecedentes de bullying o abuso. Vía disposicional: relacionada con rasgos de personalidad oscuros (como narcisismo, maquiavelismo y psicopatía) y una orientación política de derecha (o de extrema derecha, asociada más a los “grupos externos”).

    Y son precisamente algunos de estos “externos” los más radicales, que alientan y perpetran la violencia física.

    Lo resultados del estudio mostraron que:

    En cuanto a salud mental, más de un tercio de la muestra cumplió los criterios de depresión (38.9%) o ansiedad (43%) moderadas. Además, el 30.7% tuvo una puntuación que cumplía con el umbral de derivación clínica para un diagnóstico de autismo

    Una minoría significativa del grupo que se consideraba célibe involuntario afirmó haber experimentado niveles relativamente altos de acoso (13.3%) y abuso (5.9%) por parte de adultos durante su infancia. Cabe resaltar que, un porcentaje considerable del grupo incel consideró justificable la violencia en determinadas circunstancias: un 24.6% la vio aceptable “a veces” y un 5.5% “a menudo“, especialmente contra quienes perciben como agresores o amenazas.

    Finalmente, respecto a las creencias ideológicas del grupo incel, hubo una alta coherencia respecto a este punto. Más de dos tercios de los encuestados reconocieron la existencia de una ideología incel (68.3%) y compartieron una cosmovisión común (60.8%).

    El 64.2% dijo creer en el principio “80/20”, que sostiene que el 80% de las mujeres se interesa solo por el 20% más atractivo de los hombres, y el 80.9% consideró que la mayoría de los incels coinciden con esta idea.

    Algo que resalta del estudio es que, el grupo incel, identificó como sus principales enemigos a las feministas, seguido de la “izquierda política“, la sociedad en general y las mujeres. Pese a que un porcentaje de los participantes dijo posicionarse en el espectro político de “Izquierda” o “centro izquierda”, ante lo cual el estudio advierte no dejar de lado la relación que hay entre la extrema derecha y los incels.

    Pero la situación va un poco más allá, inclusive los hombres también forman parte de sus principales antagonistas; los llamados Chads y también miembros de su propia comunidad.

    ¿Está fallando la familia, la sociedad o las instituciones?

    Respecto a este punto, Pérez Domínguez señala que los problemas actuales de los jóvenes —en la familia, la salud mental y las escuelas— son parte de un fenómeno más amplio de transformaciones culturales y sociales.

    Y que estos cambios están siendo impulsados por el movimiento feminista y las reacciones violentas en su contra, y la intolerancia a la frustración; así como por la cultura digital que promueve el consumo, la gratificación inmediata y la dificultad para relacionarse. Además, asegura que el mandato tradicional de masculinidad no ha evolucionado al ritmo de los nuevos modelos de vida y de ser mujer.

    La vulnerabilidad propia de la adolescencia, los efectos de la pandemia y la influencia del individualismo neoliberal —proveniente principalmente de EU y reforzado por las redes sociales— están siendo adoptados por los jóvenes, lo que grava aún más estos desafíos, aseguro la especialista.

    Continúa leyendo: Caso Lex Ashton ‘abre puertas’ a cultura incel en México y es síntoma de los antiderechos, señalan expertos

    Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado