Desde que se inició el despliegue militar norteamericano sin precedentes en el Caribe y las acusaciones directas al régimen venezolana de su relación con el crimen organizado; el mundo se preguntaba si esto era más un alarde y desplante al estilo del presidente Trump o en realidad implicaba algo mucho más serio e inminente.
La respuesta fue contundente, en una operación estratégica (que seguramente pronto será inmortalizada por el cine militar) fuerzas americanas llevaron a cabo la aprehensión de quien se considera uno de los líderes mas representativos del mesianismo populista y que fue vinculado a organizaciones criminales regionales.
Sorprendente fue que, en cuestión de minutos, al amparo de la noche en una fecha seleccionada tácticamente con un despliegue tecnológico sin precedentes el acusado fuera sometido, capturado, evacuado y enviado territorio de los EU prácticamente sin la resistencia popular de la que se hizo alarde muchas veces localmente.
Miles de movilizados, milicias civiles y una guardia personal de altísimo nivel no fueron suficiente para frenar a las fuerzas especiales, drones, destructores, embarcaciones, portaviones y todas las fuerzas conjuntas que intervinieron, valido para el alarde de que “ningún otro país hubiera podido hacerlo”.
En efecto el operativo sienta un nuevo precedente de capacidades, equipamiento, aplicaciones y recursos militares. Sin embargo, es un hecho que afecta directamente el equilibrio de fuerzas, mediación multilateral, política internacional, el derecho, las garantías individuales y la propia democracia.
Entre lo mas destacado habría que considerar:
- Las organizaciones internacionales ya no funcionan. Ucrania, Gaza, Siria y otros acontecimientos (bombardeos, invasiones, asesinatos, intervenciones) que pueden agruparse como terrorismo internacional políticamente validado, están dejando claro que las negociaciones de paz, recomendaciones, llamados, conciliaciones, sanciones y todo tipo de explicaciones son ya prácticamente inoperantes.
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Las reacciones de protesta de otros gobiernos fueron catalogadas como típicas y sin resonancia, la demostración fue simple y directa un gobierno puede ir y venir sin que exista el temor a la sanción moral, el juicio internacional o una reacción cívica contraria.
Cabe señalar que se hizo evidente que tampoco el régimen sudamericano contaba con un consenso internacional, alianzas o apoyos lo suficientemente sólidos como para hacer contrapeso a un hecho de esta naturaleza.
- Intereses pragmáticos. Que caiga un régimen populista sospechoso de corrupción, complicidad con el crimen, fraude electoral ¿es bueno para la democracia? De ninguna manera, si se admite abiertamente que en el fondo es la industria petrolera el mayor objetivo y es que 300 billones de barriles en reservas probadas (las mayores en el mundo, según cifras de las agencias analistas del sector) son un bocado lo suficientemente atractivo como para que esta operación sea rentable.
El discurso e informes de la operación fueron lo bastante claros y crudos para decirlo concretamente, si bien había acusaciones, argumentos y razones judiciales, al final rehabilitar las inversiones, apoderarse de los activos y sobre todo -controlar- tales recursos petroleros esta en la agenda de las grandes empresas y el gobierno americanos. Sin rodeos, sin arreglos así quedo declarado.
- Una advertencia seria. El hecho demuestra que el presidente sigue en su proyecto, no tiene restricciones, tapujos, limitaciones, autocrítica, resistencia mediática, muy poca oposición local y mucho menos le teme al juicio internacional.
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Si bien algunas voces invocan los principios de Derecho internacional, no intervención y autodeterminación también hay para quienes se confirma, reafirma, revitaliza y energiza el papel de árbitro, juez y guardián internacional de los Estados Unidos, encarnado en la figura de Trump.
Para gobiernos en condiciones similares las alertas resuenan, los obligan a reflexionar y a evaluar. Habrá que hacer un corte de caja y entrar en mesura para lidiar con mucho tacto en este “new deal” con todas sus extensiones (económicas, democráticas, sociales, comerciales y jurídicas).
- Nuevo orden internacional. Todas las grandes potencias están ahora participando en conflictos armados (directa o indirectamente) en el mundo existen focos de lucha abierta a gran escala, cada día padecen, lo pierden todo y mueren miles de víctimas.
Zonas de alto riesgo están bajo fuego intenso en el Medio Oriente, África, Asia y ahora Latinoamérica y la gran pregunta es ¿qué sigue? Que algo así ocurra es inaudito, pero más curioso es el hecho de que pase como algo cotidiano, evidente, consecuente, ejemplar, simple. Simplemente no cuadra.
Guerra, destrucción, sed, hambre, enfermedades solo cuentan por su viralización, se habla más de los pants y las chanclas que usaba maduro cuando lo detuvieron, sus expresiones, poses, discursos al pueblo en su defensa y los memes derivados que de las opiniones de juristas y expertos legales.
Los conflictos a gran escala son un buen negocio para alguna de las partes, eso se sabe, pero no se admite (ni se admitirá), cinismo, reproches, acusaciones, sarcasmo, hipocresía, discursos vacíos, demagogia como fundamento de excusas y justificaciones.
A Donald Trump le queda muy sienta muy bien el Destino Manifiesto y el rol que se autoasigna, eso queda claro.
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