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    El plástico es el elemento fundamental del comercio internacional, el componente de todo tipo de utensilios, juguetes, accesorios, partes, refacciones, herramientas, farmacia, agricultura, electricidad, equipos de iluminación, sonido, construcción, empaque, envasado, no hay prácticamente nada que se escape. 

    Mil millones de toneladas anuales circulan e inundan el mundo cada año y terminarán acumulándose a las que ya invaden una gran parte de los tiraderos e invaden todo, suelo, agua y aire.

    Los plásticos, especialmente aquellos denominados micro-plásticos están presentes en todo lugar; flotando a grandes altitudes, en los polos, los océanos, en el fondo de lagos, ríos, mares, enterrados a gran profundidad o bien revolviéndose con el polvo contaminante en todas las ciudades.

    Estas partículas minúsculas (menores a 3mm) y que casi siempre resultan imperceptibles representan un serio problema de manejo de desperdicios, pero sobre todo un asunto muy delicado de contaminación y salud pública.

    Diversas investigaciones medicas reportan que estos componentes se han encontrado ya en el organismo humano y hasta el propio torrente sanguíneo. Muy preocupante ha resultado que diversas afecciones pulmonares, cardiacas y digestivas -además de algunos tipos de cáncer- podrían estar relacionados con la presencia de micro-plásticos en los pacientes afectados.

    La dispersión de tales materiales es invasiva, global y es prácticamente imposible librarse de ella, tomar una botella de agua, usar un tenedor, una bolsa, hasta la ropa nos expone a respirar, ingerir y quedar expuestos a micro-plásticos.

    Las propiedades elásticas, expansivas, ligeras y moldeables de los plásticos también representan otro inconveniente, una vez desechados, ocupan demasiado espacio, por lo que se acumulan en depósitos condenando a los ecosistemas enteros y grandes extensiones de suelo, mares, ríos y lagos a una extinción permanente, dispersándose además en formas microscópicas hacia el aire.  

    Billones de residuos invisibles flotan, se mezclan, se mueven, distribuyen por todas partes; no hay ambiente libre, nuestra insaciable ansiedad por la comida rápida, la practicidad, los envoltorios, regalos, materiales ligeros, colores atractivos y componentes cada vez mas pequeños los hacen más resistentes, durables, químicamente más peligrosos.

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    Las afectaciones de los plásticos a la vida marina son las más publicitadas y virales; pero ya existe evidencia científica de los mismos efectos en las especies terrestres y, más recientemente, en los seres humanos. 

    Las estadísticas también son alarmantes: anualmente en el mundo se producen 960 millones de toneladas de plásticos, (casi la mitad es considerada innecesaria y de un solo uso) las que representan cerca del 9% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y que de las cuales el 91% terminará como basura altamente contaminante (solamente el 11% llega a reciclarse) que permanecerá además intacta por cientos (quizá miles) de años. 

    El impacto negativo del uso indiscriminado de plásticos comienza desde su fabricación, materiales, transporte y logística ya que se producen a partir de derivados del petróleo; lo que acarrea una descomunal contaminación por millones de toneladas de sustancias químicas peligrosas como benceno, tolueno, etilbenceno, sulfatos de hidrogeno y monóxido de carbono, entre otros.  

    Igualmente es frecuente que la basura plástica se incinere para ahorrar espacio o tratar de reciclarla, lo que empeora la propagación de contaminantes hacia el medio ambiente y la destrucción sistemática de los hábitats naturales. 

    Así es -aunque no lo percibas- es muy probable que en tu cuerpo se encuentre una buena cantidad de microplásticos. Siendo tan volátiles y minúsculos es necesario un análisis detallado y microscópico para detectarlos, pero es casi seguro que hayan ingresado a nuestro organismo ya que estamos expuestos permanentemente a ellos. 

    Datos concluyentes señalan que la ingesta de micro-plásticos en el ser humano podría generar múltiples afecciones digestivas, neuronales, respiratorias, cardiovasculares y reproductivas. Peor aún, los modelos experimentales ya confirmaron que estas partículas diminutas podrían llegar a introducirse en nuestros tejidos, órganos y sistemas (hasta nuestro ADN está expuesto) produciendo efectos tóxicos graves en el mediano plazo.

    Aunque las propuestas de siempre como el reciclaje y los plásticos biodegradables representan avances, no son una solución de fondo. Todavía resulta muy caro, complicado e ineficiente lograr un balance de aprovechamiento optimo en esta materia.

    Sin embargo, la modernización de la industria, una mejora integral de los procesos químicos, la creación de nuevos materiales, innovación tecnológica para el manejo de residuos y el desarrollo de la economía circular constituyen las bases para generar algunas aportaciones urgentes al problema.

    Actualmente se producen alianzas entre los diversos actores de las cadenas productivas para eliminar, sustituir o al menos disminuir el uso de materiales y sustancias contaminantes; al mismo tiempo que se trabaja reducir el uso de empaques, envases y disponibles de un solo uso con los clientes y prestadores de servicios. 

    Entre algunos ambiciosos objetivos destaca el de generar materiales diseñados para su reciclaje; ampliar, modernizar y mejorar la infraestructura de reaprovechamiento y obligar a la reconversión de la industria bajo un estricto control de emisiones, incineraciones, manejo de desechos y su participación activa en las tareas de prevención, educación, difusión, salud y biorremediación. 

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