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    El incremento en la producción de combustóleo en la refinería de Pemex en Cadereyta reactivó los cuestionamientos de organizaciones ambientales y especialistas sobre la ausencia de restricciones para usar ese combustible en el área metropolitana de Monterrey, pese a que han solicitado medidas para disminuir las emisiones asociadas.

    Entre enero y mayo la refinería destinó 22 por ciento de su producción total de petrolíferos a la producción de combustóleo, la proporción más alta registrada desde 2004, según un análisis del Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire, elaborado con información oficial de Pemex.

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    Con una producción promedio de 158 mil barriles diarios, alrededor de 35 mil barriles por día correspondieron a combustóleo, de acuerdo con la organización civil.

    El combustóleo es un residuo del proceso de refinación con alto contenido de azufre. Su combustión genera emisiones de dióxido de azufre (SO₂) y favorece la formación de partículas finas PM2.5, consideradas las más dañinas para la salud por su capacidad para permanecer suspendidas en el aire durante largos periodos e ingresar al sistema respiratorio y al torrente sanguíneo.  Estudios científicos las asocian con enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

    Selene Martínez, directora del observatorio, señaló que el incremento en la producción representa un foco de atención.

    El análisis histórico muestra una relación entre la actividad de la refinería y las concentraciones de partículas finas registradas en la zona metropolitana, comentó.

    “Cuando hacemos una correlación entre las concentraciones de PM2.5 y la producción total de la Refinería de Cadereyta a través de los años, sí vemos una correlación. Lo que preocupa sería dónde se está utilizando ese combustóleo”, indicó.

    El consultor en ingeniería ambiental, Leopoldo Ita Garay, explicó que una mayor proporción de combustóleo puede responder al procesamiento de crudos más pesados, los cuales contienen mayores concentraciones de azufre y producen un volumen superior de residuos durante la refinación.

    Las advertencias sobre el uso de combustóleo en Nuevo León no son recientes. En febrero de 2024, la Secretaría de Medio Ambiente de Nuevo León denunció que la refinería de Cadereyta utiliza combustóleo para generar parte de la energía que consume el complejo.

    La dependencia calificó el uso del combustóleo como una “doble fuente de contaminación” por las emisiones derivadas tanto del proceso de refinación como de la combustión del combustible. 

    A diferencia de la Zona Metropolitana del Valle de México, donde existen restricciones regulatorias que limitan el uso de combustibles de alto contenido de azufre, en Nuevo León no opera una restricción equivalente para el uso de combustóleo.

    La demanda de una regulación más estricta también ha sido impulsada por organizaciones civiles. En noviembre de 2025, el Consejo Cívico de Nuevo León y otras agrupaciones solicitaron la actualización de la NOM-016-CRE, con el propósito de que el estado reciba combustibles de menor contenido de azufre y deje de quedar excluido de estándares ambientales que ya aplican en otras regiones del país. 

    Los organismos también plantearon fortalecer las capacidades técnicas de la Comisión Ambiental Metropolitana para reforzar la vigilancia sobre las emisiones industriales.

    El contexto nacional también refleja un aumento en la disponibilidad de este combustible. De acuerdo con datos de la Secretaría de Energía, la producción nacional de combustóleo de Pemex pasó de alrededor de 150 mil barriles diarios en 2019 a más de 300 mil barriles diarios durante 2024, incremento que coincidió con advertencias de especialistas sobre el impacto ambiental de este residuo de refinación.

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    Aunque la Secretaría de Medio Ambiente de Nuevo León ha informado que indicadores de calidad del aire mostraron mejoras durante 2026, especialistas sostienen que una parte de ese comportamiento responde a las lluvias registradas durante los últimos meses, las cuales favorecen la dispersión y el arrastre de contaminantes. 

    Los reportes mensuales de la propia dependencia muestran que entre enero y abril persistieron episodios de mala calidad del aire, principalmente por concentraciones elevadas de partículas PM10.

    Ante este panorama, las organizaciones ambientales insistieron en que la reducción de emisiones requiere medidas regulatorias permanentes sobre el uso de combustibles de alta emisión, además de una vigilancia más estricta de las fuentes industriales, en lugar de depender de condiciones meteorológicas favorables para mejorar la calidad del aire.