Cuando Jasmine Elkin, de 13 años, probó el software de verificación de edad, usado por el gobierno australiano para limitar el uso de redes sociales en niños y adolescentes, se sorprendió de que algunos productos pudieran identificar la edad de una persona, pero duda que funcione
“La gente siempre encuentra la manera de evitarlo”, dijo la estudiante de Perth que probó cinco productos de estimación de edad basados en fotos con unos 30 estudiantes.
“Pueden pedirle a su hermano o hermana que les tome una foto. No hay nada que puedan hacer al respecto”. aseguró.
La opinión de Elkin se hace eco de una de las principales preocupaciones de los defensores de la protección infantil, las empresas tecnológicas e incluso los organizadores del ensayo sobre la tecnología que Australia espera que permita la primera prohibición nacional de las redes sociales para menores de 16 años: el software funciona, dicen, pero los jóvenes encontrarán una forma de evitarlo.
A partir de diciembre, empresas de redes sociales como Meta, Snapchat y TikTok enfrentará una multa de hasta 49.5 millones de dólares australianos (32.17 millones de dólares) si no acatan lo que la ley de aquel país llama “medidas razonables” para bloquear a usuarios más jóvenes, en un esfuerzo por proteger su salud mental y física, según el gobierno.
Las plataformas dicen que los usuarios deben tener al menos 13 años para registrar una cuenta.
El éxito de la prohibición podría repercutir en algunas de las empresas más grandes del mundo y en los gobiernos que intentan contenerlas.
Gran Bretaña, Francia y Singapur ya están haciendo esfuerzos para mantener a los niños y adolescentes fuera de las redes sociales, mientras que algunos estados de EU, incluida Florida, están desafiando las leyes de libertad de expresión al presionar para lograr una prohibición.
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Al respecto, el propietario de X, Elon Musk, quien ha estado asesorando al presidente estadounidense Donald Trump y es un opositor vocal de la moderación y regulación de la plataforma, ha criticado la medida y ha llamado al regulador que la supervisa un “comisario de la censura”.
“Todos tienen la mirada puesta en Australia”, declaró Colm Gannon, director ejecutivo del Centro Internacional para Niños Desaparecidos y Explotados de Australia, miembro del grupo asesor de partes interesadas del ensayo.
“Australia debería centrarse en una tecnología robusta, pruebas rigurosas y en asegurarse de que el alcance del proyecto se ajuste a las necesidades que intentan abordar”.
Los organizadores del ensayo, que finalizó este mes, dicen que fue diseñado para determinar si el software funcionaba como se prometía y que se presentaron casi 60 productos. Pero también subrayó las habilidades tecnológicas de los adolescentes: los evaluadores completaron sus tareas tan rápido que los organizadores duplicaron el número de productos que probaron y redujeron a la mitad los tiempos de sesión a medida que avanzaba el proyecto.
“No ha sido nuestra intención desarmar el software, extraerle las entrañas y buscar todas las formas posibles de evitarlo”, dijo Andrew Hammond, gerente general de la empresa contratista de tecnología KJR, que dirigió la prueba.
Presentarán un resumen de los hallazgos el día de mañana y entregarán un informe detallado al gobierno a finales del próximo mes.
Esto servirá de base para el asesoramiento del Comisionado de Seguridad Electrónica al gobierno, que citó los riesgos del acoso cibernético, las representaciones dañinas de la imagen corporal y el contenido misógino al impulsar la legislación.
“Sabemos que las restricciones de edad en las redes sociales no serán la solución definitiva para los daños que sufren los jóvenes en línea, pero es un paso en la dirección correcta para mantener a nuestros niños más seguros”, dijo una portavoz de la ministra de Comunicaciones, Anika Wells.
¿Y qué pasa con los adolescentes?
Para algunos de los jóvenes australianos que participaron, el ensayo fue una visión de un mundo en donde, según la ley, ya no se les permitirá utilizar una plataforma de la que dependen para su comunicación diaria.
“Lo uso mucho, pero todavía puedo vivir sin él”, dijo Charlie Price, un estudiante de 14 años de una escuela de Canberra que probó cuatro opciones de software en una sala con unos 60 compañeros y cuya edad fue estimada con precisión (alguien en su grupo de prueba fue evaluado erróneamente con más de 20 años).
“Conozco gente que se sorprenderá mucho y se molestará”, añadió Price, quien usa Snapchat, Instagram y la plataforma de mensajería Discord, y planea recopilar los números de teléfono de sus contactos en línea antes de diciembre. Al igual que Elkin, dijo que pensaba que algunos adolescentes podrían intentar evadir la ley.
Emanuel Casa, de 15 años, que estaba en el mismo grupo, dijo que los sujetos de prueba intentaron comprobar la facilidad y precisión de los productos, pero “nadie intentó necesariamente cuestionarlos, como nadie intentó engañarlos”.
Hammond dijo que un software, que se basa en que el usuario envié una selfie para la determinación de la edad, demostró ser la forma más rápida y precisa de identificar a los adolescentes.
Los productos que incluían datos de tarjetas de crédito resultaron poco prácticos, ya que pocos adolescentes tenían sus propias tarjetas, mientras que aquellos que requerían que una persona levantara su mano en varias posiciones daban una estimación de edad demasiado amplia para personas cercanas al límite de 16 años, agregó.
No se han programado más ensayos, pero Hammond afirmó que, el gobierno deberá decidir el nivel de fiabilidad del software que está dispuesto a aceptar. La mayoría de los jóvenes evaluadores acertaron la edad la mayor parte del tiempo, pero un producto calculó la edad de un compañero de Elkin, de 13 años, en 42 años, según ella.
“Actualmente no hay una medida que determine qué es ‘bueno’. ¿Necesitan una efectividad del 70%, del 80% o del 100%?”, preguntó Hammond.
“Hasta ahora, el gobierno no ha indicado si va a imponer una solución específica”.
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Nathanael Edwards, director de Radiant Life College, una escuela secundaria de Queensland donde participaron 35 estudiantes junto con algunos padres y maestros, dijo que su grupo probó un producto básico de control de edad donde la persona escribía su fecha de nacimiento.
Algunos hicieron lo que se les pidió, mientras que otros fingieron un cumpleaños para parecer mayores, aunque no siempre con éxito.
“Creo que las matemáticas sorprendieron a un par de chicos”, dijo.
Con información de Reuters
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