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    LA FICCIÓN SUPERA LA REALIDAD

    Hoy es totalmente pertinente, y nada absurdo, reflexionar sobre la poderosa y contundente injerencia que la ficción tiene sobre la realidad. Claro está que, con base en una sana inteligencia humana, se podría afirmar que la ficción no puede representar la realidad; siempre que hablemos de la realidad objetiva, la cual es medible, única, verificable y compartida por todos, y mientras se tenga acceso a los hechos vivenciales. Esta realidad objetiva no depende de opiniones ni emociones, menos aún de consideraciones subjetivas. Sin embargo, de cómo percibamos, sintamos e interpretemos tales hechos reales dependerá la manera en que entendamos “lo real”.

    Un simple ejemplo del siglo XIX ilustra la perspectiva y la relatividad del tiempo en torno a un magnífico personaje, quizá el detective privado más famoso y acucioso del mundo, cuya efectividad profesional lo llevó a resolver casi todos los crímenes de su época que fueron puestos a su conocimiento y encargo. Evidentemente nos referimos a Sherlock Holmes. Cuyas principales características como persona (o mejor dicho personaje) fueron su intelecto excepcional y razonamiento lógico, su observación aguda, personalidad excéntrica, conocimientos especializados, aislamiento emocional, valentía y habilidades físicas, carisma y teatralidad, y su sentido de profesionalismo y de justicia.

    En resumen, Sherlock Holmes fue un genio excéntrico, un detective obsesionado con la verdad, impulsado por la lógica e intuición exquisita que lo convierte en un personaje fascinante y atemporal.

    El debate histórico afirma que “la verdad” es solo para unos cuantos, pues no es para todos. Y que solo esos cuantos pueden discernir, intuir, deducir o identificar la verdad verdadera. ¿Será? ¿Aplicará en todo tiempo, modo, lugar y circunstancia? La historia de la humanidad es nuestra principal fuente de respuesta a estas interrogantes.

    ENSEÑANZAS DEL DETECTIVE

    Según Watson, su ayudante leal, un día Sherlock Holmes le dijo al estar frente a la chimenea de la casa número 221 B de la Baker Street: “La vida es infinitamente más extraña de lo que la mente puede inventar…”.

    A pesar de que el sentido común determina que la realidad siempre supera a la ficción. Ahora, en nuestro tiempo, la realidad se impone determinando que la ficción indudablemente rebasa a cualquier realidad. La realidad acabó adentrándose, imbuyéndose y confundiéndose con la ficción. Hoy los hechos no son lo que parecen ni lo que representan, más allá de la fascinante e incomprensiblemente poderosa inteligencia artificial (IA).

    La materia, el tiempo y el espacio son y no son al mismo tiempo. No solo por la física cuántica sino por la ficción desbordada y despojada de toda ética y verdad.

    Todavía existen muchísimas personas en el mundo que aseguran que Mr. Sherlock Holmes, el gran detective, existió en Inglaterra y Europa, habiendo sido un célebre personaje histórico.

    Sin embargo, como muchos lo saben y saben bien, Mr. Holmes simplemente fue un personaje de ficción literaria, creación de Arthur Conan Doyle.

    LA FICCIÓN ES COMO EL AIRE: ESTÁ EN TODOS LADOS.

    Y como señaló Gerardo Piña (Sherlock Holmes: Un ícono literario de las Ciencias Penales) son muchos los elementos que la realidad y la ficción comparten: la necesidad de contar sucesos, la idealización, las mentiras (duras o suaves), las exageraciones (racionales e irracionales), los sentimientos de angustia y muchos otros, la fascinación o el miedo ante lo incomprensible; y podemos agregar, así como la incertidumbre o confusión entre lo real y lo irreal o entre la verdad y la falsedad. Y respecto de todo lo anterior, independientemente del amor o el drama, lo cierto es que el motor más poderoso y frecuente de las grandes historias o narrativas es el crimen o la tensión que producen los sucesos criminales.

    Ahí están los crímenes en La Ilíada, Edipo Rey, Las mil y una Noches, Hamlet, Los viajes de Gulliver, Frankenstein, Robinson Crusoe, Moby Dick; incluso en la Biblia, con Adán y Eva, o Caín al matar a Abel, las leyendas históricas del Rey Arturo (de quien muchos aseguran su existencia y autenticidad).

    Estos son solo algunas de las ejemplificaciones de las consecuencias que pueden tener o producen las ficciones literarias, sin mencionar a las ficciones periodísticas o noticias falsas (fake News) que se diseñan y se emiten con la intención deliberada y dolosa de engañar, inducir a error, manipular decisiones personales, desprestigiar o enaltecer a una institución, entidad o persona u obtener ganancias económicas o rédito político. Se presentan así hechos falsos como si fueran reales, ante un público receptor superficial, influenciable y manipulable.

    En este contexto, continúan un sinfín de terribles distorsiones, malentendidos, errores, engaños, fraudes, mentiras y un muy largo etcétera. El imaginario social está desbordado y no hay verdad que lo detenga.

    Incluso comenta Piña: ¿Es importante que la gente haya acabado por asociar el drama de Edipo Rey con un complejo que todos, según Freud, experimentamos pero que no todos resuelven? El psicoanálisis omite un detalle en sus explicaciones sobre este síndrome: que Edipo no sabía que había desposado a su madre.

     REFLEXIONES PARA SEGUIR REFLEXIONANDO

    ¿Es grave que la gente vaya por ahí diciendo o repitiendo: elemental, mi querido Watson”; supuesta frase que no aparece ni una sola vez en las novelas y cuentos originales de Sherlock Holmes? Ciertamente que no. Sin embargo, estos ejemplos denotan la poderosa fuerza que alcancen los mitos, las leyendas, los rumores, las falsedades y la ficción.

    La verdad es que Arthur Conan Doyle creó el personaje de ficción Sherlock Holmes a partir del Dr. Joseph Bell, un médico y maestro suyo en la Escuela de Medicina de Edimburgo. Según contó Doyle en una entrevista, el Dr. Bell les enseñaba a sus estudiantes la importancia de la observación del paciente desde el momento en que éste llega al hospital o al consultorio, para identificar síntomas a partir de una acuciosa observación de la ropa de los pacientes, su postura al caminar, su manera de hablar, posibles rasgos o tonalidades de su piel y lengua, etcétera.

    El reto, quizá imposible de sortear, es identificar, destacar y valorar a la verdad, ese valor tan escaso y escurridizo, en un mundo donde prevalece, se premia y se exhorta a la mentira como máximo principio de convivencia (la contra verdad). La ficción, más allá de la infinitamente poderosa IA, terminó por superar, y por mucho, a la realidad. ¿Será que desde el siglo XIX, y hasta nuestros días en el siglo XXI, Sherlock Holmes nos pueda apoyar o auxiliar a resolver este y otros interesantes enigmas, con o sin tan mentada criminalidad de por medio? Muchos dirán que por ahí se le escucha decir al propio audaz detective: “nada elemental, mi querido Watson”…

    SIN AVENTURARNOS A LO IMPOSIBLE, NO LLEGAMOS A LO CIERTO

    El debate continúa. La intuición, la observación, la imaginación y la creatividad vs. la fantasía, la ficción y la mentira. Si todavía muchos creen que Sherlock Holmes existió en la realidad, ¿qué esperanza tiene la humanidad con la normalización de la mentira, presentándola como la supuesta verdad? La intrusión violenta de la ficción y la mentira en la realidad ocurre en un contexto actual donde la mayoría de las masas nada cuestiona, pues gustan solo de lo superficial, banal y del sin propósito.

    La humanidad quizá rebasó el nivel del “no retorno”, donde ya no se pueda deducir correctamente la verdad en las circunstancias políticas, jurídicas, afectivas, etcétera. ¿Pesimismo? ¿Optimismo? ¿Realismo?, pero sin poder discernir lo cierto de lo falso y viceversa.

    Arthur Conan Doyle conversando con Sherlock Holmes en Inglaterra

    EL CREADOR DEL FICTICIO SHERLOCK HOLMES

    Arthur Ignatius Conan Doyle (1859-1930) fue escritor y médico británico, nacido en Edimburgo, Escocia, reconocido mundialmente por la creación de Sherlock Holmes. Entre otras cuestiones, escribió novelas históricas, de ciencia ficción y de misterio, además, fue defensor del espiritismo.

    Sobre el autor:

    Twitter: @requena_cr
    Facebook: Carlos Requena
    Página: Carlos Requena

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